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El lenguaje del odio, por Ramiro Escobar

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Cuando uno ha tenido la oportunidad de estar en Oriente Medio (o en el mundo árabe), los estallidos de violencia como el que vemos en estos días de horror no son meras noticias o curiosidades. Duelen, remueven, hacen pensar en cuán grande es el abismo que separa a los seres humanos de distinta procedencia, y también en la suerte de algunos amigos.

 Comprueba entonces que esa tendencia desoladora a anular la identidad del otro, a creer que no existe, o que es inferior, sigue vigente. Es lo que el intelectual palestino Edward Said llamó 'Orientalismo', para referirse a cómo esa parte del planeta que llamamos Occidente (con ciertas pinzas culturales, porque todos los mundos se retroalimentan) suele mirar a Oriente.

 Se tiende a ver a la gente que vive en esos países como exóticos, extraños, díscolos. O incluso como violentos per se. En respuesta a esa mirada despectiva, y a las numerosas incursiones armadas en la región (de EEUU e Israel sobre todo), las sociedades árabes o musulmanas han desarrollado un resentimiento, a partir de lo que conciben como una herida histórica.

 Cuando esa sensación se inflama demasiado, puede conducir a actos hostiles o terroristas. Y desde la sociedad occidental o cristiana se tiende a responder de manera también violenta e indiscriminada. Tal como ocurrió, y sigue ocurriendo, en Palestina y ahora en Irán. A los ojos de algunos líderes políticos occidentales no hay más posibilidad que hablar con los misiles

 Como es esperable, además, ha surgido la trampa ética de “ah, si estás contra el ataque a Irán, defiendes a los ayatolás”. Sólo alguien con una visión encogida de la sociedad contemporánea puede plantear esa discusión. La teocracia iraní es una tiranía, represora y despiada, aunque si se quiere entender a ese país hay que ver la película completa:  antes de la Revolución Islámica, cuando gobernaba el Sha, había otra tiranía, solo que más simpática para Occidente.

 Al final, ese humo horrendo que vemos frente a nuestros ojos es la resultante de décadas de intransigencia, de fanatismo religioso, de etnocentrismo desatado. La apuesta por un 'Diálogo de Civilizaciones', que hasta fue apoyada por el presidente iraní Mohammad Jatamí a fines de los 90, ha sido pulverizada. Ahora predomina el lenguaje del odio, de la confrontación final.