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Tiene 12 años y ya obtuvo una diplomatura universitaria: la historia de Lara Ghione

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Ya rendí y me recibí”. Lara Ghione tiene 12 años, vive en Rosario, Argentina, y en diciembre de 2025 completó la Diplomatura en Community Management de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). La formación le permitió adquirir herramientas para la gestión de redes sociales y el desarrollo creativo de estrategias para marcas y organizaciones.

“Fue muy lindo. Conocí personas de Neuquén y San Juan y aprendí de diferentes culturas”, contó en diálogo con LA NACION.

Lara nació con Altas Capacidades Intelectuales y tiene TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). Su coeficiente intelectual es de 132, muy por encima del promedio nacional, estimado en 93. Desde sus primeros meses de vida comenzaron a aparecer señales de su neurodivergencia, un concepto acuñado por la socióloga australiana Judy Singer en 1998 para describir la diversidad de formas en que funciona el sistema nervioso humano.

“Muchas veces tenía que sentarme a explicarles a las maestras que mi cerebro funciona diferente y que cada persona tiene sus propios tiempos”, recordó Lara. A lo largo de su trayectoria escolar recibió la negativa de cinco colegios; actualmente cursa séptimo grado en la escuela Biró, en el barrio Fisherton.

Sus avances tempranos llamaron la atención desde muy pequeña. A los tres meses se sentaba sola; a los seis ya decía “mamá” y “papá”; al año formaba oraciones completas. A los dos años preguntaba qué significa vivir en democracia o por qué Manuel Belgrano eligió el celeste y blanco para la bandera argentina. A los cuatro leía cuentos por su cuenta.

Sin embargo, ese desarrollo acelerado también trajo dificultades. A los seis años fue apartada de primer grado porque sus conocimientos superaban ampliamente a los de sus compañeros. Durante la pandemia comenzó a editar videos y a explorar el mundo digital, una actividad poco habitual para la mayoría de los niños de su edad.

“Siempre me sentí distinta, pero cada persona tiene su peculiaridad. No somos todos iguales”, reflexionó. “Esto recién empieza y, cuando se descubran más casos como el mío, será más fácil para los docentes, que tendrán que capacitarse. Ojalá mi historia abra camino para otros”.

Hoy Lara divide su tiempo entre la escuela, la danza y el canto, mientras alimenta un sueño que todavía mira hacia el futuro: algún día subir a un escenario.

“Cada vez que un compañero o un docente decía en el colegio ‘Lara es diferente’, todos me empezaban a tratar distinto, como si tuviera una mente superior y eso no me gusta. Me trataban como si fuera una prodigio y no me gusta ese trato. Soy una nena de 12 años”, esgrimió, con fiereza, acentuando su tono de voz en el número, tal vez pidiendo clemencia ante los ojos del mundo que no saben cómo tratarla y la ubican en un sector preferencial, aislándola del contacto con el resto de los mortales.

Según el sitio especializado Neurodivergencia & Co., el 15% de la población mundial, un equivalente a 1600 millones de personas, son neurodivergentes. Esta diferencia cognitiva hace que las personas sean retraídas, poco comunicativas y con escasa sociabilización.

El caso de Lara desafía los manuales y abre nuevos paradigmas en la medicina. “Las personas que tenemos TDAH tenemos Altas Capacidades, discalculia, autismo… a veces se dice que no prestamos atención y en realidad nuestro cerebro está en otra dimensión. La mayoría de los neurodivergentes son ‘metiditos para adentro’ y diferentes a mí, aunque todos seamos distintos entre sí. Aunque vos tengas neurodivergencia, no somos todos iguales”, comparó.

El diagnóstico médico de Lara resolvió un viejo drama familiar de Yamila Romero, su mamá. Su historia de vida es un calco del de su hija: a los cinco meses hablaba y tenía capacidades avanzadas que contrarrestaban con el resto de su edad.

Siempre fui la rara del colegio y sentía algo diferente en mi persona. Cuando fuimos a Córdoba a hacernos los estudios con Lara me entrevistaron y dijeron que las Altas Capacidades se heredan por parte de la madre”, expresó Romero, quien, a los 37 años, comprendió que la rareza estaba vinculada a su Coeficiente Intelectual que le permitió recibirse de periodista, Project Manager y extraccionista, tres mundos distintos en una sola persona.

Previo a conocer la condición hereditaria, Yamila contó que la crianza de su hija pasó por varios estadíos. Al tener una lucidez atípica para una nena de dos años que pregunta qué es la democracia en un país, los distintos puntos de vista de los familiares chocaban contra la rebeldía natural de la pequeña que salteaba etapas. “Nosotros –con su esposo- le contestábamos como a una persona adulta y eso generó que algunos familiares estén en contra de esa enseñanza. Para mí fue muy fácil, ella piensa igual a mí, siente las mismas cosas y eso hizo que nos entendamos desde el principio”, aclaró la mamá de Ghione, que también debió lidiar contra las pretensiones desmesuradas de una bebé de dos años que dejó el chupete al mismo tiempo que aprendió los colores de la bandera. “Obviamente que a veces me ponía a llorar porque era una nena que no paraba de hablar y preguntar. Me saturaba a tal punto de pedirle, por favor, que deje de hablar”, rememoró.

Un pedido de “liberación” y la crítica al sistema educativo

“Quiero salir al mundo a contar cómo soy”, ese diálogo, reconstruido por su madre, fue una de las etapas más críticas de la vida de Lara, quien atravesó la pandemia sin poder cursar las materias de primer grado y, empujada por su orgullo, decidió combatir contra ese caparazón que opacaba su espontaneidad. “Fue una etapa dura, me acuerdo la mitad de las cosas. La pasé tan mal que no me acuerdo de lo otro”, sintetizó Ghione.

Mientras su hija atravesaba una adolescencia prematura a los siete años, donde las peleas y discusiones con sus padres eran frecuentes, Romero contó qué artimañas utilizó para recomponer sentimentalmente el vínculo. “Antes de que se conozca su caso, ella ocultaba todo. La educación que recibió fue por afuera del colegio con la ayuda nuestra y maestros particulares. Nosotros le explicamos que en su división hay 35 chicos y no pueden explicarle a ella sola, entonces le sugerimos que vaya para estar con sus amigos y que aprenda a convivir con la realidad”, indicó.

Víctima de bullying y de cierto desprecio de sus pares al ser catalogada como “diferente”, Lara comenzó a “no encontrarle sentido a la vida”, según el testimonio de su madre, y entró en un cuadro depresivo, del cual salió raudamente al incorporar las enseñanzas de su mamá, quien presentó distintos proyectos contra el acoso escolar con recursos tangibles a distintos partidos políticos, que recibieron su petición pero no volvieron a convocarla para profundizar sobre esta problemática.

“El mundo ya está hecho y uno se tiene que adaptar. Si a vos te molestan los ruidos, ponete tapones”, indicó, a modo de ejemplo, sobre la enseñanza que le brindó a su hija para soportar los vaivenes de la inclusión en distintos ámbitos de la vida.

A los 12 años, Lara está próximo a terminar el primario. En su cabeza está el viaje de egresados a Villa Carlos Paz y en dar nuevos pasos en su formación profesional como bailarina. Su cuenta de Instagram tiene varios videos donde ella, en primera persona, relata cómo es ser neurodivergente y de qué forma procesa la información recibida: “Mi cerebro no sigue el mismo camino que la mayoría, pero llega. Y a veces, más rápido”.

El 2025 se convirtió en un año bisagra para Lara, quien ostenta un título universitario a su corta edad. “Se recibió, rindió como todos los demás y de manera oral enfrente de los jurados. Ella se lo gano y fue abriendo caminos”, recalcó su mamá, quien es testigo de los pasos cortos, pero firmes de su hija en pos de cumplir sus sueños.