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La baja productividad europea amenaza su modelo de bienestar social

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Europa tiene muchas virtudes tales como su historia, cultura, patrimonio artístico, gastronomía y un modelo social que muchos consideran envidiable. Sin embargo, la economía europea no funciona como otras, asumiendo que es menos dinámica que la de Estados Unidos o China, pero a cambio, más justa, lo que teóricamente hace que sea igual de próspera que aquellas otras. El problema es que los datos no acompañan al relato como bien muestra el crecimiento de la productividad, algo incómodo para aquellos que se vanaglorian de que vivimos muy bien.

La productividad no es un capricho tecnocrático sino lo que permite pagar los salarios, las pensiones y los servicios públicos y mientras que en otros países ha ido creciendo a lo largo del tiempo, en Europa se encuentra relativamente estancada, aumentando la brecha, lo que afecta a nuestros salarios y calidad de vida. En esta línea, los defensores del Estado del Bienestar argumentan aquello de que trabajamos para vivir y no vivimos para trabajar, de modo que los europeos trabajamos menos horas, conciliamos más y disfrutamos más de la vida lo que, conlleva que producimos menos. La realidad es que nuestros salarios cada vez dan menos para vivir, no digamos ya para comprar una vivienda.

Y es que la productividad no mide cuántas horas trabajamos, sino cuánto valor generamos por cada hora trabajada y, es ahí, donde el relato europeo hace aguas porque en muchos sectores, las empresas europeas innovan y escalan menos y compiten peor que sus equivalentes norteamericanas. Por eso vemos que Silicon Valley sigue produciendo gigantes tecnológicos que son capaces de transformar industrias enteras mientras que en Bruselas se celebra con entusiasmo cada nueva regulación aprobada.

No es casualidad que las grandes plataformas digitales del mundo sean estadounidenses o chinas y prácticamente ninguna europea, de la misma forma que no lo es el hecho de que muchas de las startups europeas con mayor potencial terminen trasladándose a EE UU cuando comienzan a crecer. Mientras tanto, nos consolamos con la idea de que tenemos más vacaciones y mejores condiciones laborales, algo válido si nuestro modelo generara suficiente riqueza para financiarlo, en vez de vivir con impuestos crecientes y niveles de deuda insostenibles.

Juan Carlos Higueras, doctor en Economía y vicedecano de EAE Business School