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Sí a la guerra contra el régimen criminal de Irán

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“Muerte a América no es un eslogan, es un objetivo” “Israel es un tumor canceroso que debe ser erradicado”, “el régimen bárbaro de Israel no tiene otra cura que ser aniquilado”. Estas no son palabras de un radical irrelevante, sino del Líder Supremo del régimen asesino y terrorista de Irán al parlamento iraní.

El régimen iraní ejecuta a mujeres y homosexuales, financia el terrorismo global y ha incumplido su acuerdo de no proliferación nuclear. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA) publicó dos resoluciones de condena afirmando que la cooperación de Irán era inexistente y que les es imposible verificar que el programa nuclear sea para uso pacífico. Efectivamente, Irán ha acumulado más de 400 kilos de uranio altamente enriquecido, cuando no es necesario más del 4% de enriquecimiento para uso civil. La amenaza nuclear no es un invento del presidente Trump. Está verificada por la OIEA.

El régimen de Irán es, desde hace décadas, el principal Estado patrocinador del terrorismo a través de la Guardia Revolucionaria (IRGC) y su Fuerza Qods. Las acciones terroristas promovidas por este en los últimos años se extienden desde Argentina a Baréin, Líbano o Emiratos y Siria. La dictadura iraní está en la lista de “Estados promotores del terrorismo”. FinCEN y OFAC han sancionado cerca de 1.000 individuos y entidades vinculadas a la financiación del terrorismo por parte del gobierno iraní.

En las últimas semanas, la campaña de terror del régimen terrorista ha llevado al asesinato de más de 32.000 iraníes, la represión, encarcelamiento, tortura y ejecución de opositores y sus familias, además de prohibir internet y cualquier información independiente. A pesar de ello, una parte de los medios de comunicación europeos difunde los datos falsos del régimen iraní como si fueran noticias, igual que hicieron con la propaganda de Hamás.

Irán declaró la guerra a Israel directamente con la invasión de Hamás el 7 de octubre, los ataques de Hezbolá y, específicamente, con el ataque directo y masivo contra Israel, la llamada “Operación Promesa Verdadera”. Los ataques directos con cientos de misiles y drones contra intereses de Estados Unidos en Irak y contra Israel, sumado a la campaña continuada de sus grupos terroristas, es una declaración de guerra y una amenaza armada en curso que habilita la legítima defensa.

La propia Liga Árabe confirma con su condena que el régimen de Irán es una amenaza clara y presente para todos sus vecinos del Golfo, además de amenazar a las democracias mundiales a las que ataca constantemente. Todos estos datos son suficientes para actuar contra el régimen asesino de Irán e invalidan la palabrería meliflua e hipócrita de Sánchez.

La izquierda se aferra a la falacia del “derecho internacional” y la carta de la ONU como coartada moral para lavarse las manos y presentarse de manera hipócrita como pacifistas. ¿Han visto cómo la izquierda solo se acuerda del derecho internacional y los derechos humanos para que los dictadores comunistas sigan en el poder?

Sánchez afirma, con tono paternalista, que "se puede estar contra un régimen odioso como el de Irán y un ataque injustificado", pero sus acciones muestran lo contrario. En 2019, Sánchez se comprometió con el régimen iraní a promover y usar el instrumento europeo para eludir las sanciones de Estados Unidos. Entre 2018 y 2024, el Gobierno autorizó exportaciones millonarias a Irán de material de “doble uso” (civil y militar), según datos oficiales de Comercio.

El debate jurídico sobre el uso de la fuerza está enmarcado en una Carta de Naciones Unidas pensada para relaciones entre Estados cooperadores que protegen a sus ciudadanos, no para un régimen terrorista expansionista que hace de la agresión a sus ciudadanos y del terrorismo de Estado su razón de ser.

El mismo texto que algunos invocan para calificar el ataque occidental como “acto de agresión” ignora sistemáticamente el uso continuado de la fuerza que Irán ejerce contra sus vecinos, contra Israel y contra intereses occidentales. Si convertir a un país en plataforma de financiación, entrenamiento y armamento de grupos que masacran civiles no es “uso de la fuerza”, el concepto pierde todo sentido.

La legítima defensa no es esperar pasivamente a que el enemigo “aniquile” tu población y “arrase” tu país. La doctrina se ha adaptado precisamente porque dictaduras como Irán usan intermediarios para eludir responsabilidad directa. Presentar a la República Islámica como un actor pasivo que “no ha atacado a nadie” es una burla.

El Gobierno español se parapeta tras la retórica del “derecho internacional” y del rechazo a “toda violencia” para justificar su negativa a permitir el uso de las bases. El ministro de Exteriores dice que España no apoyará ninguna operación “que no tenga encaje en la Carta de Naciones Unidas”, mientras proclama que condena “la brutalidad del régimen iraní hacia su población”, al tiempo que Irán lanza misiles sobre los países del Golfo, Chipre o Turquía y continúa asesinando a sus ciudadanos.

Esta postura es profundamente hipócrita por dos motivos. Primero, porque reduce el derecho internacional a un formalismo procedimental que ignora las acciones del régimen iraní. Un sistema legal digno de tal nombre no puede poner al mismo nivel a democracias que actúan para defenderse de una amenaza real, y a dictaduras teocráticas que proclaman la destrucción de otros Estados como objetivo oficial. Segundo, porque esa supuesta pureza jurídica convive cómodamente con años de negocios españoles con Irán en materia de material militar.

Los datos oficiales de comercio exterior desmontan la imagen de un Gobierno “neutral”. El Ejecutivo de Sánchez autorizó exportaciones millonarias de doble uso, detonadores, explosivos, reactivos de laboratorio y software de control. Es difícil imaginar un ejemplo más claro de doble rasero.

La negativa del Gobierno a colaborar con sus aliados viene cuando España se ha beneficiado del gas natural licuado estadounidense para evitar la crisis energética y de la ruptura con Argelia, nuestro principal suministrador, tras otro giro unilateral de La Moncloa en política exterior. En plena escalada en Irán, Sánchez envía el mensaje de que España es un socio poco fiable, dispuesto a esconderse detrás de tecnicismos jurídicos mientras hace caja con exportaciones sensibles al régimen al que dice condenar.

El derecho internacional no puede convertirse en refugio para dictaduras que hacen del terrorismo y de la agresión su política de Estado, mientras se exige un nivel imposible de pureza a las democracias que intentan contenerlas. Decir "no a la guerra" mientras Estados Unidos, Israel y la OTAN te protegen, suministran y dan apoyo estratégico y financiero es un ejercicio de hipocresía vergonzoso.

Es peor. El gobierno de Sánchez vuelve a hacer lo mismo que hizo en Gaza, Líbano, etc. Usa unos ministros para decir una cosa y la contraria a sus socios y prensa. Cuerpo y Robles transmiten cooperación mientras Sánchez y Albares difunden propaganda. Por eso el gobierno no es un socio fiable.

La posición de Sánchez es ser siempre muy duro con las democracias y socios occidentales y muy blando con las dictaduras terroristas. Solo se acuerda del derecho internacional y los derechos humanos cuando permite perpetuar y blanquear dictaduras terroristas. A Sánchez le han felicitado Hamás, Hezbolá los Hutíes, el régimen de Irán, la dictadura asesina cubana, la chavista y todos los líderes comunistas mundiales. Se ha convertido en el líder favorito de terroristas y totalitarios.

La posición del Gobierno español no es ni neutral ni pacifista; es una mezcla de legalismo selectivo y cálculo ideológico que nos deja peor situados ante nuestros socios, debilita nuestra seguridad y pone en riesgo inversión y crecimiento.

Cuando un Ejecutivo que ha autorizado ventas de material sensible a Irán se arroga el monopolio del “derecho internacional” para desentenderse de la respuesta a ese mismo régimen, no está en el lado correcto de la historia, sino en el lado cobarde del marketing político a costa del interés nacional.

Decir ‘no a la guerra’ es un lujo cuando te protegen la OTAN, Estados Unidos e Israel y tus vecinos son países como Francia o Portugal. Ese lujo no existe cuando los vecinos son teocracias asesinas y terroristas que se vanaglorian de buscar destruirte.