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Objetos del hogar que también tienen fecha de caducidad y casi nadie lo sabe

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Estamos acostumbrados a comprobar la fecha de caducidad del yogur o del cartón de leche cuando hacemos la compra, igual que revisamos la de muchos otros productos, sobre todo alimentos. No obstante, la mayoría de las personas desconoce que en el hogar existen numerosos objetos que también tienen una vida útil limitada, aunque no lo parezca. Es el caso de las regletas eléctricas, los colchones o las puertas blindadas, entre otros. Conviene tener presente que estos artículos no son “inmortales” y que, con el paso del tiempo, pueden perder eficacia o dejar de ser completamente seguros.

En muchos ámbitos se habla de obsolescencia programada, especialmente cuando se trata de dispositivos electrónicos como ordenadores, smartphones o televisores. Sin embargo, más allá de esa práctica, hay componentes domésticos cuya “caducidad” responde al desgaste natural de los materiales. Llega un momento en que estos pierden propiedades y dejan de ofrecer las mismas garantías. Conocer cuánto duran estos objetos cotidianos es clave para renovarlos a tiempo y evitar riesgos innecesarios.

Objetos cotidianos con fecha de caducidad desconocida

Numerosos artículos presentes en nuestra vida diaria cuentan con una vida útil que suele pasar desapercibida. Un ejemplo claro son las regletas y protectores de sobretensión, donde conectamos multitud de aparatos y que, pese a lo que muchos creen, no duran para siempre.

Los elementos internos encargados de absorber los picos eléctricos se van deteriorando a medida que se producen variaciones de tensión. Tras varios años de uso o después de una incidencia eléctrica importante, su capacidad de protección disminuye considerablemente. Por ello, los especialistas aconsejan sustituirlas cada 3 a 5 años.

En el caso de las puertas blindadas, también es necesario realizar ciertas actualizaciones con el tiempo. Normalmente no es la puerta en sí la que presenta problemas, sino el bombín y el mecanismo de cierre, sobre todo teniendo en cuenta que técnicas de robo como el bumping evolucionan de forma constante. Para reforzar la seguridad, se recomienda renovar el bombín cada 10 años y así adaptarse a los estándares actuales.

Respecto a los colchones, existe la creencia popular de que su duración es de 10 años, aunque muchas personas los utilizan hasta 15. Sin embargo, los expertos aconsejan reemplazarlos entre los 7 y 10 años. Con el paso del tiempo, acumulan células muertas y millones de ácaros, y los materiales pierden su capacidad de recuperación, lo que afecta tanto a la higiene como al correcto soporte de la columna.

Ligadas a ellos están las almohadas, que tienen una vida útil aún más corta. Cada noche absorben sudor, aceites de la piel y saliva, además de ir deformándose progresivamente, lo que impide que sostengan adecuadamente las vértebras cervicales. Lo recomendable es cambiarlas cada 2 años para asegurar que cumplen su función.

En la cocina también encontramos utensilios que deberían renovarse periódicamente, como las sartenes antiadherentes. A menudo se conservan durante mucho tiempo porque aparentemente siguen funcionando bien, pero puede pasarse por alto que podrían estar liberando sustancias perjudiciales para la salud.

Su desgaste se produce cuando el revestimiento antiadherente, como el teflón, se deteriora debido a las altas temperaturas o al uso de utensilios metálicos. Cuando la superficie se raya o empieza a desprenderse, existe el riesgo de que se liberen partículas químicas y metales pesados en los alimentos. En función de la frecuencia de uso, se estima que deberían reemplazarse cada 2-3 años en casos de utilización intensiva.