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Trump, el nuevo ayatolá

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Paradójicamente, mientras Donald Trump se cuelga medallas y autopatrocina como el hombre más pacífico del mundo, al mismo tiempo alimenta la peor embestida militar desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, están sus objetivos electorales y, por el otro, la lucha por la hegemonía global.

El derecho internacional, como se había construido desde 1945, está resquebrajado porque ninguna superpotencia actual lo respeta. Antes de que Estados Unidos detuviera a Nicolás Maduro, cuatro años atrás, Rusia invadió Ucrania violando acuerdos y soberanía.

Desde entonces, se hilaron sucesos donde lo último que interesó a las superpotencias, China, Rusia y Estados Unidos, fue respetar las reglas del juego y a las instituciones globales que trataron de regir un orden multipolar. Eso trajo consigo que organismos como la ONU fueran rebasados e invalidados para ejercer consensos, pues su máximo órgano, el Consejo de Seguridad, depende directamente de esas superpotencias en actual estado de competencia.

También China, con su gran capacidad productiva y tecnológica, comenzó a inundar de productos baratos el mundo, desequilibrando el comercio internacional. Tras la llegada de Donald Trump al poder, y ante la pasividad de sus antecesores, comenzó a contraatacar la preponderancia creciente del eje ruso-chino; la imposición de aranceles fue otro de sus ases bajo la manga.

Cuando los halcones llegaron a la Casa Blanca en enero de 2025, se dieron cuenta de que los intereses de Rusia y China estaban muy enraizados en zonas estratégicas y de interés en varias partes del mundo. No solo había control geopolítico y geoeconómico, sino que también influencia ideológica. Tomaron la decisión de contraatacar, y lo seguirán haciendo al menos hasta 2029.

Tachar de loco a Trump, como he escuchado en diversos foros, es una reacción muy simplista. Su equipo, entre ellos poderes económicos superlativos, ha sabido perfectamente bien desde al menos hace una década que requerían hacer intervenciones estratégicas, militares, económicas y diplomáticas, en regiones clave para revertir la influencia ruso-china. América Latina y Oriente Medio han sido sus primeras etapas. Quizá después venga África.

Estados Unidos junto con Israel atacaron Irán y eliminaron un régimen autócrata que llevaba en el poder 46 años. Durante ese periodo, dos hombres radicales decidieron el destino iraní: Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica y primer líder supremo, quien fue sustituido por Alí Jameneí tras su muerte en 1989. Jameneí fue asesinado el sábado pasado tras ser alcanzado por misiles estadounidenses junto a familiares y colaboradores más cercanos.

Todo apunta a que el régimen ayatolá (título religioso del islam chií, cuya palabra proviene del árabe y significa “señal de Dios”), clérigos de muy alto rango cuya función principal es interpretar la ley islámica, llegó a su fin, o al menos eso es lo que pretenden Estados Unidos e Israel. Algo incierto todavía, ya que falta ver si la sociedad iraní, bajo el liderazgo teocrático de estos “líderes supremos”, fue lo suficientemente cooptada como para seguirlos defendiendo.

En respuesta a la muerte de Jameneí, el gobierno iraní decidió atacar gobiernos musulmanes en Oriente Medio, como Arabia Saudí, Qatar, Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Irak, pero también el ortodoxo Chipre, lo que despertó una guerra sin precedentes en la región. Trump se mostró sorprendido por esa respuesta iraní.

Irán no solo canjeó enemigos en Occidente, sino que con sus ataques sumó adversidades en reinos del Golfo Pérsico y en países del Mediterráneo. Por si fuera poco, también trastocó fibras europeas al atacar directamente a Chipre, un pequeño territorio enclavado en el Mediterráneo (geográficamente en Asia), que política y culturalmente es europeo. Desde 2004 forma parte de la eurozona.

La respuesta militar de las fuerzas armadas iraníes, sin aparente sentido estratégico, hizo que dos bloques se unieran de inmediato contra su descabezado régimen: ahora, los grandes países petroleros del Golfo Pérsico y Europa seguirán a Estados Unidos e Israel, quienes en conjunto conformarán un amplio bloque antiiraní. Es prácticamente un hecho que la guerra está perdida para el régimen ayatolá.

Por más que envíen misiles contra intereses estadounidenses y occidentales, no hay forma alguna de que puedan defenderse, y mucho menos contraatacar militarmente. El único camino salvador pudiera surgir bajo la ayuda directa de China o Rusia, lo cual es muy poco probable, pues ninguno se atrevería ni le alcanzaría a enfrentarse militarmente a Estados Unidos y a Europa. Mientras Rusia está atascada en su invasión a Ucrania, la prioridad de China es defender sus intereses en Asia, desde Taiwán hasta el mar de China Meridional.

Digamos que Donald Trump, sin justificar que su política bélica está trayendo consigo devastaciones, muertes civiles y el fin de un orden mundial establecido en 1945, le está ganando la partida a sus máximos rivales en la reconquista por la hegemonía global.