Klaebo, el héroe de los Juegos de Milán-Cortina: entrenado por su abuelo y el más eficiente para gastar poco e ir más rápido
Comenta Johannes Hosflot Klaebo, nacido en Oslo hace 29 años, que en Noruega dicen que hay que ganar una carrera de 50 km de esquí de fondo para hacerse hombre. «Creo que ya lo soy», aseguró después de imponerse en la distancia reina en los Juegos de Milán-Cortina. Como si hubiera hecho el camino inverso: de dios del deporte a hombre, a la tierra.
Porque el esquiador nórdico fue a la cita olímpica a convertirse en eterno, y lo consiguió. Los Juegos son el territorio de las grandes hazañas, como Hércules con sus 12 trabajos según la mitología, como el nadador Michael Phelps, el Zeus de los cinco aros, ya sea invierno o verano, con sus 28 metales, 23 de oro, ocho de ellos ganados en Pekín 2008, en todas las carreras en las que compitió. Klaebo buscaba una proeza así, el seis de seis en Milán-Cortina, todo para él, las migajas para el resto.
Ya lo había conseguido en el Mundial del año pasado, y lo repitió en el lugar más importante, y el más complicado a la vez. Superó los cinco oros que el patinador de velocidad estadounidense Eric Heiden había ganado en Lake Placid, en 1980. Klaebo se impuso en la prueba sprint individual, la de equipos, el skiatlón, los 10 kilómetros, el relevo 4 x 7,5 y por último los 50 km.
"Nos hace parecer a los demás malos, pero yo creo que nunca ha habido tanto nivel en esquí de fondo como ahora"
Carreras de velocidad, de medio fondo y de fondo, un prodigio físico, además con exhibiciones que se han hecho virales en las últimas cuestas, que sube como si fuera un autómata. «Es que nos hace parecer a los demás malos, pero yo creo que nunca ha habido tanto nivel en esquí de fondo como ahora. Es muy loco las diferencias que hace», dice el español Jaume Pueyo, uno de sus rivales. «Es fuerte; tiene motor y una capacidad aeróbica increíble; técnicamente es supereficiente, gasta lo menos posible y va más rápido que nadie; tácticamente sabe correr, sabe cuándo apretar y cuándo no... Es el mejor», añade el catalán. El otro gran récord de Klaebo en Milán-Cortina fue llegar, en total, a los once oros olímpicos (más una plata y un bronce), para situarse sólo por detrás de Phelps.
El esquí es religión en Noruega, una forma de vida, pero Klaebo cuando era niño también quería ser futbolista. Y se le daba bien, hasta que con 16 años tuvo que elegir: o el balón o los esquís. Fue duro tener que renunciar a uno, y la decisión se la ayudó a tomar Kare Hosflot. Porque la historia del legendario esquiador, como él mismo explica, no se entiende sin Hosflot, que es su abuelo y, con 83 años, sigue siendo su entrenador y el que hace todos los planes. «No habría sido mi entrenador de fútbol, pero se esforzó mucho por ayudarme a descubrir qué era lo mejor para mí. No hubo discusiones ni incertidumbre», explica Klaebo. Es más, era su abuelo quien le iba a buscar también a los entrenamientos de fútbol, y fue, claro, el que le regaló sus primeros esquís, heredados de un primo. «Y si necesitaba botas de esquí nuevas, me las compraba para Navidad. Nunca he tenido que llamarlo entrenador ni nada. Siempre ha sido mi abuelo desde el principio», confesó en la NBC.
