El Duero, un cauce que extiende las inundaciones de Soria a Zamora
0
Desde que nace allá en lo alto de lo Picos de Urbión (Soria) a unos 2.160 metros de altitud -donde no hace tanto la sequía no dejaba ver ni salir una gota- hasta que 900 kilómetros después desemboca en el océano Atlántico por Oporto (Portugal), el discurrir del Duero se está convirtiendo estos días no sólo en un cauce que surca de este a oeste Castilla y León, sino el hilo conductor de una sucesión de alertas que salpican de rojo la Comunidad. El tren de borrascas, el deshielo de unas montañas que este invierno sí han logrado cubrirse con un denso manto blanco, junto a los aportes que van realizando unos afluentes también muy cargados y los desembalses van extendiendo cada vez más las inundaciones , que si comenzaban la semana pasada elevando las alertas en Soria, prosiguieron por la provincia de Burgos y la de Valladolid, ya han alcanzado la de Zamora, la última por la que discurre antes de adentrarse en territorio luso. Y lo han hecho sin haberse despedido de tierras sorianas, donde la salida del embalse de Cuerda del Pozo –a cuyos desembalses responsabilizan aguas abajo de estar anegados– sigue en rojo, aunque ha reducido las aportaciones. En San Esteban de Gormaz , donde se tenía hasta que cortar el tráfico en la carretera N-110 a la altura del puente medieval y varios vecinos siguen desalojados. Ya en Burgos, en Aranda de Duero, aunque un pico pasó, todavía temían otra punta de crecida y este lunes seguían poniendo medidas de «retención» como bloques de hormigón y sacos terreros como medidas de «prevención», además de tener que talar árboles en la ribera dado que entre lo blando del terreno y los vientos suponían un riesgo. En esta localidad de la ribera, un susto grande se llevaban en el monasterio de La Vid , un edificio del siglo XII, donde los bomberos seguían achicando agua después de que ya en la noche del sábado los monjes se fueran con preocupación a la cama al ver que por la cocina se colaba el líquido. Al despertar, «30 centímetros» de agua recorriendo la primera planta , desde la iglesia, a la sacristía, pasando por el museo o el patio, que fray Agustín, el prior, recorría calzado con una botas las estancias para comprobar los daños. En principio, sin grandes consecuencias, pero como poco tardarán dos semanas en recuperar la actividad de este complejo con ocho religiosos que también cuenta con hospedería y centro de hospitalidad. Siempre y cuando, eso sí, logren que seque y el río no pegue otro estirón. Como en Tudela de Duero . Ese meandro en forma de herradura en el que se encuentra encajado este pueblo ya en la provincia de Valladolid, el agua alcanzaba su pico de madrugada, anegando más allá de las riberas que ya se había comido el fin de semana y convirtiendo casi en arroyos las calles más próximas, a más de cincuenta metros de su discurrir habitual. Incluso en la capital vallisoletana, donde seguían desalojadas de sus casas un centenar de personas, con la vista también en el Esgueva y su discurrir por dentro de la ciudad. Y hasta Zamora, donde en Toro ya superaba los seis metros de altura y en la capital, el Duero se comía poco a poco las riberas, haciendo desaparecer bajo sus aguas los bancos y juegos infantiles, con farolas que lograban asomar aún sobre la crecida.
