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Por qué el papel higiénico desaparece en los supermercados cuando llega un temporal, según la psicología

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En cuanto la AEMET avisa de una borrasca o un episodio de nieve, sucede el pequeño milagro moderno: estanterías llenas por la mañana y, por la tarde, el lineal del papel higiénico parece el decorado de una película posapocalíptica. Pasó con la pandemia. Volvió a asomar con Filomena. Y reaparece, con distinta intensidad, cada vez que la sensación colectiva es la misma: "por si acaso".

La pregunta es inevitable: ¿por qué precisamente papel higiénico? La psicología tiene varias respuestas. Y casi todas apuntan a lo mismo: el temporal no vacía los supermercados; los vaciamos nosotros.

Cuando manda la incertidumbre, buscamos control

Un temporal pone en jaque rutinas básicas: moverse, trabajar, llevar a los niños al colegio, hacer la compra. Esa incertidumbre activa un modo mental rápido y defensivo: anticipamos el peor escenario y reducimos el abanico de decisiones a asegurar lo imprescindible.

La psicología lo describe con claridad: comprar y almacenar puede funcionar como una forma de recuperar sensación de control cuando el entorno parece imprevisible. Y el papel higiénico encaja en ese 'kit' mental porque es un básico doméstico ligado a higiene y dignidad, no requiere cocinarse, no caduca pronto y, sobre todo, su ausencia se imagina de forma muy incómoda.

El contagio social

Hay un mecanismo especialmente potente en supermercados: la prueba social. Si ves a varias personas cargando más de lo habitual, tu cerebro interpreta que "ellos saben algo" y ajusta tu conducta para no quedarte atrás. Ese contagio se nota más con productos voluminosos: tres paquetes grandes de papel destacan mucho más que 10 latas.

La escasez percibida crea más deseo

El siguiente paso es casi automático: ves huecos en la estantería y se activa la idea de escasez. Da igual si el almacén está lleno o si el camión llega esa noche. El cerebro responde a lo que tiene delante: "si falta, será importante; si es importante, lo compro ya". Es la lógica de la escasez percibida, un sesgo muy conocido en economía conductual y psicología del consumidor.

Aquí entra además el efecto amplificador de las imágenes: un vídeo de estanterías vacías viaja por redes más rápido que un comunicado de un distribuidor.

La profecía autocumplida

Muchas veces no hay un problema real de suministro comparable al miedo que lo provoca. Pero si, en pocas horas, miles de hogares compran lo que consumirían en semanas, el sistema sufre un pico.

En Filomena, por ejemplo, hubo días con problemas de reparto y logística en zonas concretas (calles impracticables, plataformas tensionadas), lo suficiente como para disparar el temor y con él, la demanda. El resultado: se vacía el lineal, el lineal vacío confirma el miedo y el ciclo se retroalimenta.

¿Por qué ese objeto y no otro?

Más allá de la psicología, el papel higiénico tiene características que lo convierten en el termómetro de la ansiedad colectiva:

  • Es barato por unidad: Duele menos llenar el carro por si acaso que hacerlo con carne o pescado.

  • Tiene un sustituto poco atractivo: En la imaginación, quedarse sin papel se vive casi como una emergencia personal.

  • Arrastra memoria colectiva: Desde 2020 quedó grabado como el símbolo de 'cuando todo se pone raro'. Esa asociación se reactiva ante nuevas alertas.

Además, hay evidencias de investigación durante la pandemia que apuntan a un patrón consistente: cuanta más amenaza percibida y más tendencia a la ansiedad, más probabilidad de almacenar papel higiénico. Ese vínculo entre emoción, amenaza y acopio aparece descrito en estudios basados en datos internacionales.