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Google y la historia de las deudas que sobreviven a los imperios

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Google ha colocado 1.000 millones de libras a cien años con un cupón del 6,125%. Vencen en 2126. Cuando ese bono expire, ninguno de los actuales directivos estará vivo y el mercado será otro. Sin embargo, el dinero ya está comprometido.

La operación forma parte de una emisión global superior a 30.000 millones de dólares destinada a financiar infraestructuras de inteligencia artificial (IA). No es la mayor colocación del año. Tampoco la más cara. Lo que la distingue es el plazo. Un siglo.

Deuda que atraviesa generaciones

Emitir a cien años no es habitual. En el mercado existen precedentes, pero escasos. El caso más conocido es el del Reino Unido. El Gobierno británico mantuvo durante décadas los consols, deuda perpetua emitida desde el siglo XVIII para financiar las guerras napoleónicas y que no fue amortizada hasta 2015. Esos títulos sobrevivieron a la caída del Imperio, a dos guerras mundiales y al abandono del patrón oro.

Con el paso del tiempo, otros estados intentaron replicar esa apuesta por el muy largo plazo. México colocó en 2010 un bono a cien años denominado en dólares. Captó 1.000 millones con un rendimiento cercano al 6%. En 2020 repitió en euros con otro tramo centenario. Argentina siguió el mismo camino en 2017 con una emisión de 2.750 millones de dólares a un siglo. Tres años después tuvo que reestructurar su deuda soberana tras volver a entrar en dificultades financieras.

Europa también se sumó a esa ventana de mercado cuando los tipos eran excepcionalmente bajos. Austria emitió en 2017 un bono a cien años con cupón del 2,1% y en 2020 lanzó otro al 0,85%. La operación parecía asegurada a largo plazo. Sin embargo, cuando los tipos repuntaron en 2022, el precio de esos bonos se desplomó más de un 50% en el mercado secundario. El instrumento no cambió. Lo que cambió fue el entorno monetario.

Ese mismo entorno de tipos reducidos abrió la puerta a que las empresas probaran suerte con vencimientos similares. Coca Cola emitió deuda a cien años en 2015. Disney lo hizo en 2020. Ambas aprovecharon el coste financiero históricamente bajo para fijar financiación durante generaciones. Hasta ese momento, ninguna gran tecnológica estadounidense había extendido tanto el calendario de su deuda. Hasta ahora.

El movimiento de Alphabet

El tramo centenario de Alphabet se ha colocado en libras esterlinas, no en dólares. Según MarketScreener, captó 1.000 millones de libras con una demanda casi cuatro veces superior a la oferta. La compañía también emitió otros tramos en distintas divisas dentro de la misma operación.

La decisión llega en plena carrera por ampliar capacidad en centros de datos y chips especializados para IA. La propia compañía ha comunicado que el destino de los fondos es reforzar esa infraestructura.

La pregunta no es por qué financia IA. Eso ya lo ha explicado la propia compañía. La cuestión relevante es por qué decide fijar parte de esa financiación hasta 2126.

Un mercado que compra futuro

El cupón del 6,125% refleja el precio exigido por el mercado para asumir ese plazo. El coste supera el de emisiones corporativas a menor vencimiento, pero asegura estabilidad en el calendario financiero durante décadas.

El hecho relevante es la demanda. Según las informaciones publicadas, el libro de órdenes superó ampliamente la cantidad ofertada. Fondos institucionales, aseguradoras y gestoras de pasivos de muy largo plazo suelen ser los compradores naturales de estos instrumentos. Buscan flujos estables durante décadas.

En el caso de Austria, buena parte de los bonos centenarios fueron adquiridos por fondos de pensiones europeos. En Reino Unido, los consols estuvieron en carteras institucionales durante más de un siglo. La lógica es similar. Quien adquiere este bono no evalúa solo el balance actual. Evalúa la capacidad de la compañía para seguir operando dentro de cien años.

Empresas frente a imperios

La historia muestra que la deuda puede sobrevivir a quien la emite. El Imperio Británico desapareció como potencia colonial mientras sus consols seguían generando cupones. El Imperio Austrohúngaro dejó de existir en 1918. Parte de su deuda fue asumida por los estados sucesores.

En el ámbito corporativo hay ejemplos de compañías centenarias que han atravesado crisis profundas sin dejar de pagar su deuda senior. Otras no lo lograron. Lehman Brothers tenía más de 150 años cuando quebró en 2008.

La diferencia con un bono a diez o veinte años es el margen de error. A cien años, el número de variables se multiplica. Cambios regulatorios, tecnológicos, monetarios y geopolíticos caben en ese periodo.

Un mercado creciente

Según datos de Bloomberg recopilados en los últimos años, el volumen de bonos con vencimientos iguales o superiores a cien años ha aumentado desde 2010, impulsado por periodos de tipos bajos.

Estados como Irlanda y Bélgica han explorado vencimientos ultralargos. Empresas con calificaciones sólidas han seguido el mismo camino cuando el coste era atractivo.

Sin embargo, el contexto actual es distinto al de 2020. Los tipos de interés son más altos. El coste del capital también. Eso explica que el cupón supere el 6% en el caso de Alphabet.

Alphabet ha fijado parte de su financiación hasta 2126 con ese telón de fondo. El bono ya cotiza. El calendario también, pero no lo llegaremos a ver.