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El abogado de Taylor Swift tiene las respuestas: «Los artistas tienen ahora más poder que nunca»

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Al otro lado de la pantalla, saluda en español. "Es que está de moda, especialmente en California”, reconoce Donald S. Passman, sacudido, como todos, por el huracán Bad Bunny. Este hombre de 81 años lleva décadas en la industria musical, asesorando legalmente a los artistas en el proceloso universo de los contratos musicales, quizá el entorno más parecido al salvaje oeste, un universo en el que se han cometido los más descarados atropellos. Basta leer al azar cualquier autobiografía de un músico para encontrarse un sablazo. Passman es el muñidor de, sucesivamente, algunos de los contratos discográficos más lucrativos para los artistas de la historia: batió un récord alucinante con R. E. M. en los 90, lo igualó con Janet Jackson, y ha propiciado los dos más grandes de este siglo: los más de 130 millones de dólares que logró Adele (con Sony) y la cantidad, seguramente superior, que arrancó Taylor Swift a Universal. Hace casi tres décadas que publicó la primera edición de un volumen en el que responde a todo lo que usted siempre quiso saber del mundo de la música y nunca se atrevió a preguntar y que ha sido actualizado en innumerables ocasiones a lo largo de sus múltiples ediciones en inglés. Ahora aparece por primera vez en castellano y su contenido es, a ratos doloroso y, otros, muy útil para quien busque iniciar una carrera musical.

Si los jóvenes que ahora están en su sótano o en su habitación escribiendo canciones supieran que los sueños vienen con un libro tan grueso (730 páginas), ¿piensa que preferirían hacerse abogados?

(Ríe) Sospecho que no muchos quieran elegir ese camino. Escribí el libro con palabras sencillas y alguna broma, espero que se entiendan.

Lleva décadas en este negocio. ¿Cuál ha sido el mayor cambio en la industria musical?

El “streaming”, sin duda. Desde el principio, el negocio de la música siempre fue físico: había, ya sabes, cilindros de cera, vinilos, casetes, CD y cosas así. La estructura básica de la industria era hacer dinero vendiendo un objeto. Y una vez lo compraba el público no importaba si lo escuchaban una vez, miles o ninguna. El sello y el artista ganaban la misma cantidad de dinero. Cuando pasamos a la era del “streaming”, la cantidad de dinero que recibas depende directamente de cuánta gente escuche tu música. En los días de las tiendas de discos, uno podía comprar dos o tres discos y a veces un gran éxito hacía que se vendieran otros trabajos porque atraía a la gente a comprar. Pero hoy solo puedes escuchar una canción a la vez, lo cual quiere decir que existe una competición: si escuchan tu música, no pueden escuchar a la vez las demás. La manera en la que fluye el negocio es que tomas el total de las escuchas en el mundo, y lo divides entre las que tú tienes, y ahí está tu parte del pastel. Así que de repente estamos en competencia directa por una cantidad fija de dinero. En la época física no había límite de cuántos discos podías vender. En la época del “streaming” lo que uno gana afecta directamente a los demás. Así que es un ecosistema completamente diferente en cuanto al dinero, el marketing, la forma en que la gente consigue la música. La buena noticia, por supuesto, es que hoy se consume más música que nunca en la historia.

Y en ese ecosistema, ¿diría que los artistas tienen más o menos poder que en los viejos tiempos?

Buena pregunta. Creo que los artistas tienen más poder ahora que nunca antes. Y la razón es la siguiente: en el físico, para tener un disco en la radio, existían unos canales limitados y la discográfica tiene relaciones con las emisoras de radio es quien logra que las cosas se hagan. Además, si querías llevar tu disco a una tienda, las discográficas tenían mucho más poder: conseguían mejor colocación y ponían sus cosas delante, pósters en la pared o lo que fuera. Así que realmente eran los guardianes. Además, era muy caro fabricar y enviar discos y arriesgarse a que no se vendieran y se devolvieran, y la mayoría de los artistas no podían permitírselo. Hoy, si entras en Tunecore o DistroKid puedes tener tu música en todas las plataformas de “streaming” en cuestión de unas pocas horas. Sin embargo, como todo el mundo tiene acceso, el nuevo problema es cómo romper el ruido. Se suben cien mil canciones cada día y existen otro millón de cosas con las que compite la música por el entretenimiento cada semana. La pregunta es cómo avanzar, porque es realmente difícil. Pero, buena noticia: si lo haces, los artistas ahora tienen más poder que nunca. Porque, en buena medida, aunque un sello les proporcione la infraestructura, ellos mismos pueden dirigir su carrera, promocionarse, construir bases de fans con las redes sociales... Si logran abrirse camino, tienen un poder inmenso para lograr acuerdos como artistas, incluso debutantes, que en el pasado solo podrían conseguir las grandes superestrellas.

Entonces, en esa lógica, ¿aconsejaría a un artista o banda joven que firme con un sello?

Depende. Hasta ahora nadie ha tenido un gran éxito mundial sin sello. Si quieres ser un artista “mainstream” con millones de seguidores en todo el mundo, probablemente necesitas un sello. Si tú, en cambio, eres una especie de artista de culto con un público pequeño pero leal, probablemente no quieras un sello porque el sello no hará mucho y la parte que se llevan probablemente sea más de lo que puedes conseguir haciéndolo tú mismo.

El otro día leí las memorias de Ozzy Osborne que acababan de traducirse al español y él daba solo un consejo a los jóvenes: nunca firmar un contrato con la palabra perpetuidad.

(Ríe) Sí. En la época de Ozzy, eso era difícil de evitar. Eh, pero en el mundo actual, si tienes suficiente influencia, puedes hacerlo. Esa no es una buena palabra para un artista.

¿El mejor consejo sería firmar contratos a corto plazo?

Sí, si puedes. O si haces uno a largo plazo hay que incorporar alguna forma de salida si no se tiene éxito. Lo contrario es mala idea.

Para el artista que firma ese tipo de contratos equivocados o abusivos, ¿es posible revertirlos?

Depende de la compañía, de lo exitoso que seas y de lo cerca que estés del final de tu carrera. Algunas empresas, si son dueñas de tus grabaciones, no te las devolverán pase lo que pase. Otras pueden ser más flexibles si ven mucho valor en futuras grabaciones y están dispuestas a obtener algo a cambio. Pero cambiarlo no es fácil en absoluto.

En el libro habla de los contratos de 360, que abarcan todos los aspectos de la carrera de un músico ¿es buena idea firmar ese tipo de contratos?

No, es una idea terrible. No hay nada bueno para un artista en eso. Es un intento de conseguir apoderarse de algunas de las otras fuentes de ingresos. Con los artistas obteniendo más poder cada vez, muchos pueden negociarlo o minimizarlo. Pero no hay nada bueno en eso, créeme.

Los servicios de “streaming” siempre están bajo la sospecha de pagar menos de lo que deben y ellos responden diciendo que es una cuestión de artistas y sus contratos con las discográficas. Sin embargo, el sistema de pagos carece de transparencia. ¿Cuál es su experiencia en ese campo?

No diría que carezca de transparencia... Nadie va a ganar más hoy con diez millones de escuchas que en el pasado con diez millones de discos físicos. Eso es economía simple. Sin embargo, nunca el negocio ha sido tan grande como es hoy. Estamos viendo que crecen las escuchas aunque todavía no vayan a pagar tan bien. Por otro lado, es cierto que la cuestión de cómo se reparte el dinero es entre el artista y la discográfica, porque los proveedores de servicios digitales están pagando una buena parte de su dinero. Así que las discográficas se quedan con una parte y los artistas reciben otra parte y, históricamente, cuando hay una nueva configuración al principio, el artista va perdiendo y con el tiempo se va acumulando y el artista recibe más. Así que hay dos respuestas a la pregunta. Una es que los artistas van a recibir más con el tiempo porque siempre lo han hecho históricamente, y la otra es que los proveedores de servicios digitales en algún momento subirán sus precios, que es realmente, a medida que madura, la única forma de ganar más dinero porque ya sabes que tienes X número de suscriptores y en algún momento eso satura el mercado. Si no suben el precio, no hay otra forma de conseguir más dinero.

Sí, pero el sistema perjudica a los artistas minoritarios.

Bueno, siempre ha sido duro para los artistas minoritarios y con este modelo todos ganan menos. Incluso las superestrellas ganan más con giras, autoría y otras cosas que de sus discos. Es un cambio en el sistema, pero también una forma de promocionar sus giras si son grandes en eso. Pero el “streaming” ofrece información útil para el artista, como dónde están sus fans, la edad y otras cuestiones demográficas, algo que antes no era posible.

¿Cómo diría que las gigantescas corporaciones en el negocio de la música en directo afectan al mercado?

La mayoría de los artistas hacen giras con uno de los grandes, Live Nation y AEG, y, en cierto modo, tiene sentido: es un contrato en vez de 30 y normalmente reciben un cheque más grande porque pueden cubrir unas pérdidas con otras ganancias. Lo que pierdes en Cleveland lo compensas en Nueva York, podrías comer lo que ganaste en Nueva York. Pero estas empresas también se están poniendo agresivas a la hora de ir a por artistas y acaparar el mercado. Todo esto se discute en el libro. De nuevo, como decíamos antes, si eres un artista pequeño que toca en clubes, no creo que te perjudique el hecho de que existan estas compañías.

En el libro confirma que algunos artistas guardan algunas entradas para el mercado secundario ¿Qué opina de eso? Es realmente impopular para los fans.

Lo es, pero también se acerca más al valor de mercado de las entradas. El mercado secundario se apodera de esas entradas siempre, porque esos tickets de visión privilegiada van a ser revendidos a un precio alto en un alto porcentaje de las ocasiones por los particulares y, en ese caso, el artista no gana nada. Y el promotor no gana nada. Esa es simplemente la realidad, y creo que el artista se merece alguna parte del verdadero valor de mercado de sus entradas. También hay gente que quiere la comodidad de saber que puede comprar una entrada en el último momento y está dispuesta a pagarla.

Sí, pero la mayoría de los artistas no lo reconocen.

Sí, bueno, a nadie le gusta la filosofía porque detrás suele estar alguien que, como he dicho, no se arriesga y ni siquiera está en el negocio de la música. Gente que está ganando mucho dinero en una gira donde otras personas han arriesgado dinero y esfuerzo para que suceda. Así que no me gusta por principio, pero es una realidad y existe.

¿Y cuáles diría que son los retos de la IA para el futuro?

Oh, no ha tenido tanto impacto como esperaba. Ha habido intentos de canciones creadas con la IA pero, en la práctica, si empiezan a ganar demasiada tracción o repercusión, son identificadas y eliminadas por la industria musical. Las discográficas se están protegiendo, según tengo entendido, porque diluye las ganancias que reciben los humanos y eso es injusto, porque son tecnologías entrenadas con creación humana.