Bebés espaciales: ¿Cuándo será posible concebir fuera de la Tierra?
La misión Artemis II, que debía volver a acercar a la Luna a un puñado de seres humanos por primera vez desde 1972 esta misma semana ha sido retrasada al menos hasta marzo. El mes de retraso provocado por el hallazgo de fugas de combustible en uno de los tanques de alimentación no parece que vaya a demorar en exceso los planes de la industria espacial de seguir enviando astronautas de carne y hueso a la Luna y, más tarde, a Marte de manera continuada. Ayer mismo, la NASA y SpaceX lanzaron con éxito desde Florida la misión tripulada Crew-12 con destino a la Estación Espacial Internacional (EEI). Todo ello arroja de nuevo una ineludible cuestión que, desde hace al menos 50 años, parece siempre candente: ¿seremos capaces de reproducirnos en el espacio? ¿Los humanos que habiten periodos prolongados fuera de la atmósfera de la Tierra podrán tener hijos sanos?
Hace algo más de medio siglo dos avances científicos llegaron para sacudir un par de conceptos biológicos que parecían inalterables. La llegada del hombre a la Luna demostró que sí, que nuestra especie puede vivir fuera de la Tierra en condiciones muy determinadas de protección. El advenimiento de las técnicas de fertilización in vitro demostró que sí, que nuestra especie puede reproducirse por medios que van más allá de los meramente naturales. Aunque esos dos hitos parecían acercarnos a la idea de procrear en microgravedad, lo cierto es que 50 años después seguimos padeciendo las mismas incertidumbres al respecto.
Esta misma semana, un análisis profundo publicado en la revista «Reproductive Biomedicine Online» ha recopilado el estado de la cuestión a día de hoy. Está firmado por nueve expertos y expertas de instituciones internacionales relacionadas con la biología, la fertilidad humana y la carrera espacial y los resultados no son muy esperanzadores: a pesar el desarrollo de la tecnología espacial, a día de hoy no existe un estándar que pueda manejar con garantías de seguridad la posibilidad de concebir humanos fuera de la Tierra.
De momento, una sola certeza se sobrepone a toda las incertidumbres: se mire como se mire, el espacio es un entorno terriblemente hostil para la biología humana. Y aún más para los procesos biológicos que están involucrados en la procreación. Hay tres factores que dinamitan directamente el equilibrio necesario para que una concepción segura se produzca: la ausencia de gravedad, la exposición a radiaciones cósmicas y la alteración de los ciclos circadianos que modifica patrones de sueño y de secreción hormonal.
Estudios con animales han demostrado que una exposición corta a radiaciones como las que se reciben en el espacio modifica el ciclo menstrual de las hembras. Aun así, a finales del año pasado un equipo de científicos chinos confirmó que ratones hembra que habían viajado al espacio habían sido capaces de concebir y parir crías sanas tras regresar a la Tierra lo que abre la posibilidad de que los daños producidos en el entorno ajeno a la atmósfera no sean irreversibles.
En el caso de los ratones macho, la literatura científica, aunque es reducida, demuestra que la presencia en el espacio también puede afectar a la calidad de la salud reproductiva. La espermatogénesis (la creación de espermatozoides viables) depende biológicamente de la rapidez a la que se dividen las células sexuales. Ese ritmo es muy fácilmente alterable por factores externos como la radiación. Cuando los astronautas se alejan del escudo magnético de la Tierra –que nos protege de las radiaciones cósmicas– se ven expuestos a nuevas fuentes de radiación que fácilmente pueden afectar su producción de espermatozoides viables. La NASA conoce bien los umbrales de radiación a los que los astronautas pueden verse sometidos para que estos efectos no sean irreversibles. De hecho las misiones espaciales en la actualidad no son un factor de riesgo de infertilidad.
Pero, ¿qué ocurrirá cuando futuras misiones o colonias espaciales exijan largas temporadas fuera de la Tierra? Estudios con espermatozoides humanos y animales en la Estación Espacial Internacional han demostrado que la maduración y la motilidad de las células sexuales masculinas se ven dificultadas al poco tiempo de vivir en microgravedad. Además, en periodos de mayor duración se aprecian daños en el ADN. No se han podido determinar si estos daños son producto de la presencia en el espacio o de procesos de congelación y transporte.
Para poder plantear en el futuro la primera reproducción humana en el cosmos hay que sortear aún demasiados obstáculos. La microgravedad afecta mecánicamente muchos procesos de formación ovárica y espermática y es posible que incluso impida el propio desarrollo embrionario correcto. La modificación de los ciclos circadianos que se producen por el ritmo noche-día en tierra tiene implicaciones severas en la menstruación y en la fertilidad y las radiaciones ya han demostrado su peligrosidad.
Nuevas herramientas de fertilización in vitro y criopreservación de células sexuales podrían ayudar a limitar algunos de esos riesgos. Superados todos los obstáculos, quedaría saldar la cuestión bioética. ¿Será ético concebir niños en el espacio? ¿Qué riesgos podrían asumirse en ese caso? ¿Será legal someterles a pruebas genéticas de seguridad? ¿Si los niños nacen sanos, qué garantías tendremos de que posibles daños en el ADN germinal no van a ser transmitidos a su descendencia? ¿Qué nacionalidad tendrán los primeros bebés espaciales? Aún quedan décadas para que tengamos que resolver estas dudas. Pero la ciencia ya se está preparando para ello.
