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Luis Quevedo, biotecnólogo: «El azúcar no convierte mágicamente a un niño en hiperactivo»

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Abc.es 
Es ver a su hijo con un dulce en la mano y los padres entran automáticamente en pánico por el pensamiento que invade su mente: «Madre mía, ahora se va a revolucionar y esta noche no habrá quien lo duerma». Al fin y al cabo, ¿quién no ha escuchado alguna vez que dar dulces a un niño antes de dormir es garantía de hiperactividad ? Es una idea tan extendida que parece incuestionable, pero parece tratarse más de un mito que la ciencia nunca ha confirmado. «¿Te han dicho alguna vez que no le des tanto azúcar al niño que se va a hiperactivar? ¿Te suena? Pues es mentira », asegura el biotécnólogo y periodista Luis Quevedo . El divulgador científico basa su afirmación en uno de los estudios más rigurosos que se han realizado sobre este tema, llevado a cabo en los años 90 y publicado en New England Journal of Medicine . «Hicieron doble ciego , aleatorizado , controlado , con casi 50 niños descritos por sus propios padres como 'sensibles al azúcar'», explica. Durante semanas, los niños siguieron tres dietas distintas: una alta en azúcar, otra sin azúcar pero con edulcorantes y una tercera completamente placebo. «Ni padres ni profesores sabían qué estaba tomando cada niño. Lo midieron absolutamente todo: la atención, la hiperactividad, estado de ánimo, habilidades motoras, rendimiento escolar, conducta social... Casi 40 variables distintas», detalla Quevedo. El resultado fue claro: «Ninguna diferencia sgnificativa entre la dieta con azúcar y las demás. Cero 'subidón' . Si acaso, algún efecto ligeramente calmante». No obstante, el dato más revelador fue que solo uno de 48 padres acertó cuándo su hijo había tomado azúcar. «Cuando creían que había azúcar, veían a los niños más nerviosos; cuando no lo creían, no los veían tan nerviosos», expone el comunicador, quien llega a la conclusión de que «el famoso subidón de azúcar no está en los niños, está en los adultos» . «Entonces, ¿qúe narices pasa en los cumpleaños?», plantea el experto, quien también responde a esta cuestión: «Estimulación, emoción, ruido, regalos, otros niños corriendo... El azúcar no convierte mágicamente a un niño en hiperactivo, pero el contexto y nuestras creencias parece que puede hacerlo». Que el azúcar no parezca tener una relación directa con el nerviosismo momentáneo de los más pequeños no significa que haya vía libre para darles dulce, sino que sigue siendo imprescindible limitar su consumo. «Antes de que atiborres de donuts al niño, ojo, esto no quiere decir que cualquier azúcar, sobre todo los añadidos, sea saludable», advierte Quevedo. De hecho, afirma, «es todo lo contrario. Evítalos ». Los únicos que recomienda mantener son «los naturalmente presentes en los alimentos». No obstante, ante cualquier tipo de duda, recomienda consultar a un especialista en nutrición, ya que son quienes mejor podrán orientar sobre la adecuada alimentación del menor en función de sus necesidades y características.