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El escritor neerlandés Cees Nooteboom fallece a los 92 años

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Abc.es 
El escritor holandés Cees Nooteboom solía escapar del ruido europeo en la isla de Mallorca y Menorca, cuando en los años 60 encontró refugio en la Serra de Tramuntana. Iba y venía así de Amsterdam al Mediterráneo hasta que en los últimos años, acompañado de su mujer, la fotógrafa Simone Sassen, se establecieron definitivamente en Menorca cuando la salud del escritor empeoró. El 11 de febrero su editorial holandesa De Bezige Bij daba la triste noticia de su fallecimiento a los 92 años, a orillas de su amado Mediterráneo, dejando detrás de sí una obra inclasificable que abarcaba novelas, poesía, ensayos y, sobre todo, libros de viaje que le convirtieron en símbolo de escritor erudito y cosmopolita. Cornelis Johannes Jacobus Maria Nooteboom nacía en La Haya en 1933, en el seno de una familia católica acomodada. Su infancia estuvo marcada por la II Guerra Mundial, muriendo su padre durante un bombardeo alemán en 1945. De esta experiencia nació su sensibilidad por la historia europea como naufragio de donde sobrevivir. En 1948 su madre se casaría por segunda vez y su padrastro, muy religioso, lo enviaría a internados católicos. De carácter inquieto, abandonó pronto sus estudios, y se convirtió en un irreductible viajero formándose más en la experiencia que en los libros. Con apenas 22 años conseguía publicar su primera novela, 'Philip y los demás' , libro en que ya dejaba claros los caminos por los que iba a recorrer su narrativa, el viaje como motor de conocimiento, las identidades fluidas lejos de los viejos parámetros tradicionales y esa mirada extranjera y extrañada a todo lo que veía a su alrededor. Era un libro muy diferente a la corriente realista en boga por aquel entonces. Parecía más una fábula o el recuento de un sueño. Su narrador, ese escritor viajero que mira, comprende y analiza, se convirtió a partir de entonces en una de las voces más particulares de la literatura europea de la segunda mitad del siglo XX. El éxito más allá de los Países Bajos le llegaría en 1980, con la publicación de 'Rituales'. En ella mezclaba tres líneas narrativas marcadas por la irrenunciable causalidad del destino, el orden resquebrajado y la añoranza de un tiempo que quizá nunca existió. Allí hablaba de la identidad como máscara o de la espiritualidad más allá de la religión, con una idea spengleriana de la circularidad del tiempo. A estos títulos, cuando ya tenía los ojos de la inteligencia europea puestos en él, le seguirían 'El día de todas las almas' o 'La siguiente historia'. A principios del siglo XXI, su nombre ya figuraba siempre entre los favoritos para ganar el Nobel, lo que le hubiese convertido en el primer escritor de los Países Bajos en conseguirlo. En España, su obra se publicó sobre todo en la editorial Siruela y entre los galardones que sí obtuvo están el Premio P.C. Hooft, el Premio Aristeion de Literatura que otorga la Unión Europea o el Premio Formentor de las Letras. Considerado como el último de los grandes escritores europeos clásicos, la noticia de su muerte dejó tocado a un mundo de las letras que le debía mucho. «Compadezco a los que no leen, los libros ayudan a entender la vida», afirmaba a este diario en 2017, en un ciclo literario organizado en Santander por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo . La literatura fue siempre su guía y los viajes su vocación. Su relación constante con Mallorca lo convirtió por convicción y afinidad en hispanista. En 2014 publicaba 'Noticias de Berlín', su recuento de cómo vivió en 1989 la caída del muro, y donde dejaba también reflejado una de sus características menos conocidas, su sentido del humor. En un encuentro con Angela Merkel, la antigua canciller alemana resaltó que habían escrito mal el nombre del escritor en los carteles de las conferencias. Nooteboom, con media sonrisa, aseguró: «Mi nombre tiene cuatro oes y siempre le digo a mi editor que mejor se equivoquen con las letras de mi apellido que con los ceros de mis honorarios», ante las carcajadas del público. Todavía no se ha dado a conocer la causa del fallecimiento ni cuando se anunciará el sepelio. Lo que queda ahora es la ingente obra de un escritor que consiguió que sus viajes se convirtieran en su obra maestra. La contemplación de un mundo en composición le convirtió en un escritor sereno, lúcido y lleno de ráfagas de inspiración . El escritor siempre recordaba cuando, con la mochila lista, le dijo a su madre: «Me voy». En una entrevista en México, en Letras Libres, recordaría: «Nunca volví a casa. En la vida hay momentos en que las cosas son muy claras. Tomé la decisión sin la posibilidad de profetizar la vida que he tenido después».