Lo políticamente práctico frente a lo políticamente correcto
Los leones de las Cortes, mudos seguidores del quehacer nacional, a los que, después de tantos años, no se les escapa una y reflexionan sobre las soluciones para los problemas patrios, convienen que uno de los grandes males de nuestra España es esa tribu, cada vez menos numerosa pero no por ello menos ruidosa, de los políticamente correctos.
Han logrado, hábilmente dirigidos por los que poco a nada tienen que aportar, imponer una forma de vivir, con unos “principios" (de esos de que si no gustan por alguna razón siempre tengo otros de repuesto) y, sobre todo, una prepotencia desde la que se permiten pontificar y clasificar a los demás según sus conveniencias.
Si alguien osa salirse del carril, dicho si segundas intenciones que hay muchas víctimas por medio, lanzan contra él o su grupo todo tipo de admoniciones para lo que se sirven de los poderes del Estado, los medios que sumisamente repican lo que dicen, los sindicatos subvencionados, agitadores de todo tipo y un largo etcétera.
Sea por miedo o por no situarse en ese mundo de tinieblas con el que amenazan a los incorrectos, los que no forman parte de la tribu prefieren realizar una especie de leal oposición que no les sirve de nada porque son fustigados como viles enemigos, despreciados y, a la primera que pueden, despellejados.
El Relato, que así lo llaman los de la tribu, ha colado hasta ahora, pero ha empezado a salir las vergüenzas tejidas con tanto poder omnímodo y la estrategia hace aguas por todos los sitios. No importa. Si son derrotados ha sido porque ellos querían ya que se trata de una hábil estratagema del líder supremo para posteriores e incontestables victorias. Y los otros cabecillas de la tribu asienten porque no está permitido mover la cabeza de un lado a otro como si estuvieran viendo un partido de tenis.
Tan felices se las prometían cuando ha surgido un grupo opositor que se limita a llevar a cabo lo que podríamos denominar políticamente populista. Y son cada vez más los españoles que interiorizan sus ideas, tan sencillas como fáciles de asumir, lo que no quiere decir que no contengan mensajes sencillamente mejorables desde el punto de vista de la convivencia democrática.
Piensan los leones que ni una cosa ni la otra. Que hay una intermedia entre lo “correcto” y lo “populista”, que no es otra cosa que lo práctico. ¿Qué es lo que desean los ciudadanos hartos de ver su microeconomía menguar frente a los grandes éxitos de la macroeconomía? Soluciones concretas, no grandes discursos; trabajo diario para llevarlas a cabo al margen del griterío y el “tú más”; una ventana abierta al futuro, en especial para sus hijos; hechos tangibles y no palabrería; entrega desinteresada y no aferramiento al sillón; y dar ejemplo, mucho ejemplo para que vean que los primeros que hacen lo que dicen son los autores de las propuestas. Frente a lo políticamente correcto lo políticamente práctico.
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