El día que Diego Rivera, alcalde de Tequila, armó una fiesta para ‘El Mencho’
La música sonó fuerte en el Lienzo Charro de Tequila la noche del 4 de mayo del 2025. Bajo las luces, entre botas, sombreros y cerveza, el acordeón marcó los primeros compases de los corridos. No era una fiesta patronal ni una feria municipal.
Era, según denuncias ciudadanas, un homenaje disfrazado de concierto: canciones dedicadas al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y a su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”. Y en primera fila, el anfitrión no era un capo, sino el alcalde.
Diego Rivera Navarro, entonces alcalde de Tequila por Morena, quien fue detenido esta semana por fuerzas federales, acusado de delincuencia organizada, secuestro y extorsión. Pero los expedientes judiciales y testimonios retratan algo más profundo: un edil que no sólo toleraba al crimen, sino que se asumía subordinado. “Es el patrón”, repetía sobre Oseguera, de acuerdo con una denuncia incluida en la orden de aprehensión.
La acusación es demoledora. Según el expediente, Rivera habría pactado entregar 40 millones de pesos anuales al CJNG, recursos presuntamente obtenidos del erario y de un esquema sistemático de cobros de piso, levantones y amenazas contra comerciantes y empresarios tequileros.
Un “gabinete” municipal —funcionarios de seguridad, catastro, obras y tesorería— habría operado la maquinaria.
El concierto de Los Alegres del Barranco fue, para muchos, la señal pública de esa alianza. Las letras elogiaron al grupo criminal y a su líder mientras el municipio prestaba instalaciones. Para quienes se negaban a pagar extorsiones, el mensaje era claro: el poder local tenía dueño.
Alcalde de Jalisco ofrece concierto para el ‘patrón’
Un comerciante lo resumió en su denuncia: temía por su vida y citó como prueba “el concierto que le hizo al patrón”. Días después, otro empresario fue secuestrado por negarse a pagar. El miedo dejó de ser rumor y se volvió rutina.
La captura de Rivera, ejecutada por Defensa, Marina, FGR y la Secretaría de Seguridad federal, también alcanzó a mandos municipales y dejó a otros prófugos.
Tequila, ícono turístico y cuna de una de las bebidas más representativas del país, quedó descabezado y bajo patrullaje estatal.
En Tequila, la música se apagó. Ahora quedan las cuentas por rendir.
