Libros a contracorriente
Un sector afectado directamente por las crisis es el editorial. Los déficits comerciales y las restricciones para el acceso a divisas dificultan la importación de libros y, sobre todo, de insumos necesarios para la producción local. No producimos materiales, como papel especializado, tintas y repuestos de maquinaria gráfica, que deben adquirirse del exterior, lo que eleva los costos y limita la capacidad de respuesta del rubro.
Sin embargo, la producción de libros sigue mostrando signos de actividad y resiliencia, incluso en un escenario económico complejo como el actual, marcado por restricciones estructurales que afectan tanto la producción como el acceso a los libros. En medio de la escasez de divisas, el encarecimiento de insumos y la caída del poder adquisitivo, editoriales, autores y gestores culturales siguen apostando por la publicación y circulación de obras nacionales.
Paralelamente, iniciativas públicas como las de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia y la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB), han aportado lo suyo. La BBB, creada en 2014 para impulsar la publicación de títulos fundamentales para comprender la historia, el pensamiento y la identidad del país, ha publicado en su rendición de cuentas 2025, que produjo 25 libros. No indica títulos, ni tiraje, pero sí que 4.900 libros fueron vendidos y 2.500, donados. Su presupuesto anual fue de Bs46,7 millones.
A la fecha, son 97 libros producidos por esta dependencia, según indica el CIS (Centro de Investigaciones Sociocomunitarias) y por ahora no se sabe qué harán en esta gestión, pues no les han asignado un presupuesto. Pese a las críticas que tengamos, este proyecto ha permitido ampliar el acceso a obras clave. Esperemos que pronto tengan la planificación para el nuevo quinquenio y la comuniquen. Que la BBB siga es, en realidad, el deseo.
En cuanto al mercado externo, según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), entre 2015 y 2024 Bolivia importó cerca de 18.000 toneladas de libros, por un valor aproximado de 146 millones de dólares. China, Argentina y España figuran como los principales países proveedores. Estas cifras evidencian la permanente demanda de material editorial.
En este escenario, no han estado ausentes las controversias. Un informe difundido en noviembre pasado reveló que entre 2020 y 2025 el despacho vicepresidencial destinó más de Bs 2,4 millones a la impresión de libros, en un periodo de fuertes restricciones económicas. El dato generó debate público sobre la pertinencia de ese gasto frente a otras necesidades urgentes.
Las editoriales privadas, sobre todo las independientes, enfrentan un panorama particularmente desafiante. El costo de producción de un libro se ha duplicado en los últimos años, mientras que los precios de venta han variado muy poco. En varios casos, los propios autores participan en el financiamiento de sus publicaciones, una práctica cada vez más frecuente ante la falta de mecanismos sostenibles de apoyo.
Aun así, el sector sigue, al igual que la necesidad de persistir en la promoción de la lectura diversa y crítica.
Recientemente algunas editoriales locales han compartido adelantos de sus próximos lanzamientos y son al menos 15 títulos bolivianos los que estarán pronto en librerías, siendo incluso que la brecha entre costos de producción y venta está afectando la posibilidad de generar utilidades y reinvertir en más y nuevos proyectos.
La producción editorial boliviana está siempre condicionada por limitaciones económicas y estructurales, pero continúa afirmándose como un espacio de creación, de encuentro, reflexión y -por qué no- de resistencia, además de generar visibilidad mediante ferias y otros espacios. El desafío sigue siendo consolidar una producción sostenible, reducir la dependencia de las importaciones y ampliar el acceso a los libros en un país donde la lectura sigue en pie, pese a los vientos y las mareas.
Es Comunicadora y periodista
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