¿Financiado o aplazado? Dos formas de afrontar las deudas domésticas
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Las primeras semanas del año son un momento complicado para seguir haciendo frente a los gastos que aún no hemos liquidado desde el final de la Navidad. Ni mucho menos para hacer frente a desembolsos, en muchos casos inesperados, que no sabemos cómo podemos pagar. Muchas familias acuden a la financiación . O también al aplazamiento. Dos conceptos aparentemente similares, pero que esconden toda una realidad mucho más compleja que puede llevarse por delante el presupuesto de un hogar. El aplazamiento supone dividir en varios periodos los pagos que tenemos pendientes de un recibo, por ejemplo. El seguro del coche, por indicar el más común. Abonar, de repente, 700 euros para renovar el seguro implica un gasto que no todo el mundo puede asumir. Por eso, cada vez más compañías aseguradoras ofrecen la posibilidad de fraccionar ese importe en varios periodos. El aplazamiento implica habitualmente no tener que asumir costes adicionales a la operación. Es decir, la empresa que lo ofrece no va a cobrar intereses ni, en principio, cuotas o gastos adicionales. En cualquier caso, si aplica algún tipo de tasa, debe indicarlo de forma directa y no ocultarlo en ningún apartado del contrato que se vaya a firmar. La financiación supone una operación de mayor calado. Implicar rubricar un crédito para poder afrontar ese gasto, aunque hay que hacerlo teniendo en cuenta los intereses y las comisiones correspondientes. Por poner un ejemplo, la media de intereses que cobran actualmente las entidades financieras para este tipo de préstamos se sitúa en el entorno del 6,5%, según los últimos datos del Banco de España. Para saber si el banco nos está ofreciendo un producto demasiado caro, la mejor fórmula pasa por atender a un concepto no siempre conocido: la TAE (Tasa Anual Equivalente) . Se trata de una especie de semáforo con el que podemos comprar cuánto nos va a costar esa financiación, ya que incluye no solo los intereses sino también los gastos iniciales o adicionales. La financiación al consumo está registrando datos récord . El saldo que los españoles deben a la banca por este tipo de préstamos se aproxima ya a los 200.000 millones de euros , con crecimientos continuos desde el final de la pandemia. A esta coyuntura ayuda la nueva realidad financiera con intereses más bajos y unas técnicas de rastreo de los perfiles de los clientes que permiten a la banca seleccionar sin riesgos las mejores opciones para sus usuarios.
