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Antonio Tejero : «Me he puesto delante de más de 6.000 toros y nunca he visto uno igual a otro»

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Abc.es 
Antonio Tejero (Córdoba, 1960) conoce la fiesta por dentro, en las entrañas de la briega sorda con el toro y en el arte explosivo y fugaz de las banderillas. Fue novillero con picadores, pero terminó como subalterno y banderillero a partir de 1986. Formó parte de la cuadrilla de Juan Serrano 'Finito de Córdoba' y sobre todo trabajó con Enrique Ponce , a quien acompañó en la plaza y también muchos Jueves Santos detrás de Jesús Caído. Su vida sigue alrededor de la fiesta y gestiona el Coso de los Llanos, la plaza de toros de Pozoblanco , con la empresa de su familia, Caído y Soledad, en la que ejerce, dice, como relaciones públicas. -¿Cómo es gestionar una plaza como la de Pozoblanco? -Salvando las distancias, si quieres hacer bien las cosas, es un trabajo minucioso, diría yo. porque cuando las cosas se hacen con cariño, da igual el volumen de la plaza. Es una empresa familiar, en la que digo que soy relaciones públicas. A mí me gusta trabajar y desde que acaba una feria ya estoy pensando en la siguiente. -Siempre se ha dicho que allí especialmente gustan los toros bien presentados.   -Hombre, no deja de ser una zona ganadera, claro, y gustan el toro bien presentado, dentro de lo que es una plaza de tercera. Nosotros siempre solemos llevar el toro por un punto más desde una plaza de tercera. Salen corridas muy toreras, muy bonitas, muy armónicas, pero por un puntito más que lo que exige la plaza, diría yo. La presentación de las corridas es impecable. Se hace el trabajo con mucho tiempo, con mucho mimo y cariño. -¿Como contribuyen esas plazas de segunda y tercera a la fiesta?   -Son la base. Es como cuando los chavales empiezan. No vas directo a Madrid o a Sevilla. Son plazas fundamentales para la fiesta. Aunque no tengan la importancia de las de más categoría, son muy necesarias porque son las raíces del toreo. Es donde empieza todo prácticamente. -¿Los toreros también lo ven así? ¿Cree que tienen el mismo compromiso al pisar el ruedo de Pozoblanco que de Córdoba o Sevilla?   -Por supuesto que sí. Los toreros son toreros desde que van a un tentadero a ponerse delante de una becerra. El torero se olvida de la magnitud de la plaza. La responsabilidad está ahí. Por supuesto que no es lo mismo hacer el paseíllo en Madrid que en Pozoblanco, pero cuando el torero está delante del toro se olvida de que está en Madrid, de que está en Bilbao, de que está en Pozoblanco o en Sebastopol. Es el mismo sacrificio, es el mismo esfuerzo, porque además, salvando las distancias, todo el mundo tiene derecho porque todo el mundo saca su entrada y a todo el mundo le cuesta el mismo trabajo ganar el dinero. El torero es una persona honrada a la que le da igual dónde está. -Lleva mucho tiempo en el mundo del toro. ¿Cómo ve ahora la fiesta? ¿Coincide en que pueda estar asediada por muchas personas que no la quieren bien? -Como yo digo, siempre hay gente que no tiene vida y está pendiente de incordiar a los demás para llamar la atención. Algunos dicen que con sus impuestos maltratan a animales, pero ¿qué maltrato a animales? ¿Qué impuestos ? En los Presupuestos Generales del Estado verán que la subvención que tiene el toreo son 40.000 ó 50.000 euros para un premio, y que en el 99% de los casos los toreros los donan para gente necesitada. La ganadería sí tendrá algo de subvención . Pero a pesar de todo ésto, el toreo está vivo. Mientras haya un hombre capaz de ponerse delante de un toro, el toreo va a seguir existiendo porque son nuestras raíces, nuestra cultura. Además, afortunadamente, cada vez se está viendo más gente joven en los toros. ¿Por qué? Pues porque están viendo que esto es un engaño, que esto son todos falsos animalistas, gente que vive de subvenciones. Es un modo de vida, le calientan la cabeza a la gente, sobre todo a la juventud. -Se dice que en algún momento la asistencia a la Plaza de Toros de Córdoba había caído por la falta de alguna figura local. ¿Cree que podemos tener esperanza de volver a tener un torero que nos encandile?   -Cada vez que Córdoba suelta un torero es un grandioso torero. Y de Finito para acá, la verdad es que no ha habido un torero que arrastre masas. Estamos muy necesitados. Yo tengo puesta toda la esperanza en un chaval que se llama Manuel Quintana , que ahora mismo tiene todas las papeletas para devolver a Córdoba ese torero que necesitamos con urgencia. -¿En qué momento se encuentra?   -Este año si Dios quiere debuta con picadores. Es un chaval que se entrena conmigo en mi casa y vive para el toro, vive para ser torero. Es un chaval responsable con todos los ingredientes para ser figura de torero. Esto es muy difícil. Muchos son los llamados y pocos los elegidos, pero cuando se tienen condiciones las cosas son más fáciles, dentro de la dificultad que tiene el toro. Porque yo creo que esta profesión es la profesión más difícil del mundo. -¿Es difícil por la peligrosidad del trabajo, por la necesidad de un poquito de suerte o de tener en un momento dado el empujón que haga falta para que contratan más corridas y lleguen a más sitios?   -Es una amalgama de cosas. Debes estar el día X a la hora X, cuando salga ese animal que te encumbra. Pero bueno, cuando se tienen cualidades, hay muchas papeletas. Y cuando eres constante, tienes afición y amas tu profesión, todo es más fácil dentro de la dificultad. A raíz de la pandemia, se han dado menos espectáculos, se han sacrificado muchos animales porque los ganaderos desgraciadamente no podían mantenerlos. Lo bonito es que está volviendo mucha gente joven a la plaza y con gusto por el toreo bueno, el toreo eterno. Morante se fue y gracias a Dios vuelve, porque nos habíamos quedado un poco huérfanos. -¿Tan importante ha sido? -Para mí, interpretando el toreo Morante de la Puebla ahora mismo es el mejor, y para el 99 % de los aficionados. Pero bueno, también hay que renovar el escalafón porque ni los toreros ni los artistas no son eternos. Hay que dar oportunidad a toreros nuevos, que hay muy buenos, grandiosos toreros. -¿Qué puede hacer el aficionado? -Hay que ir a ver a los chavales, las novilladas sin caballos, porque ahí está el futuro de la fiesta. Los buenos aficionados son capaces de apreciar no sólo el trabajo del matador, sino de cualquiera de los miembros de la cuadrilla. Antonio Tejero fue un subalterno de prestigio con las banderillas y el capote. De él se apreciaba el temple y la capacidad para andar de espaldas sin perder la cara al toro, porque su oficio requiere una gran concentración y una velocidad explosiva. Actuaba con los capotazos justos cuando era necesario. Se retiró en 2011, pasado el medio siglo, y Enrique Ponce le brindó en México aquel toro, el último de los 6.000 ante los que se puso. -Usted era banderillero. ¿Sentía que su trabajo estaba bien reconocido por el público?   -La verdad es que sí. Un banderillero tiene las limitaciones que tiene, No te puedes exhibir como un matador. Tienes que trabajar para el matador, saber tus limitaciones y sobre todo serle siempre útil, porque te paga. El público es soberano y te sabe dar tu sitio. Yo estoy muy agradecido al público y muy orgulloso de haber sido torero de plata . -Pero cuando se cuaja un buen par de banderilleras y el público aplaude será una gratificación. -La verdad es que sí. Es el reconocimiento del público al esfuerzo diario que no siempre se ve. Tienes que entrenarte lo mismo que si fueses a matar seis toros. Hoy la gente también está más concienciada y se entrenan como atletas, y hay grandiosos banderilleros. -¿Se necesita el sprint de un velocista? -Claro, y además es una cosa un poco contradictoria. Por comparar con el fútbol, te entrenas con chándal y luego juegas con un pantalón corto y una camiseta. El torero tiene que ponerse el vestido de torear, que pesa la intemerata, ceñido al cuerpo. Limita mucho los movimientos. El torero está en frío ante la reacción de un animal. Esta profesión es muy difícil y es una cura de humildad diaria, para el torero, el banderillero, el picador, el ganadero. Me he puesto delante de más de seis mil toros y en mi vida, en mi vida, he visto un toro igual que otro. Nunca. Casi ni parecido, mire lo que le digo. Yo lo comparo con la guitarra, que te retiras y no acabas de aprender. Cada vez sale un toro con unas condiciones, con un comportamiento, unas características. - ¿Al toro sólo se le conoce cuando se está delante de él? -Por supuesto, piense que es un animal salvaje. Desde el campo se va viendo a través de los mayorales, de los vaqueros, que son los hombres que los crían prácticamente, aunque el ganadero sea el dueño. Los ganaderos muy buenos, aficionados, que están pendientes de esos animales, todos. Pero el día a día, al echarles de comer, ver el comportamiento de los animales, la conducta de los animales en el campo, por eso es el mayoral y el vaquero. Ya desde el campo te lo van cantando un poquito: «Mira, este toro en el campo puede estar humillando más o ha sido más revoltoso, ha hecho esto». Luego el animal sale a la plaza y ya en el momento que tú le vas a dar un par de vueltas más o menos ya sabes o intuyes. Con la técnica que vas adquiriendo vas educándolo, porque es, digamos, un animal virgen. Ha estado cuatro años en su hábitat, que tú lo llevas a una plaza y eso algo nuevo para él. Va a defenderse, a cumplir su cometido y su cometido es poder defenderse. Ahí viene ya la técnica, muchas cosas que vas adquiriendo durante toda tu vida delante del toro. -¿No se acaba de aprender, entonces? -Desde los 10 y 11 años estaba queriendo ser torero, Pero nunca en el torero, nunca en la vida dos más dos son cuatro. Delante del toro, nunca en la vida. No puedes llevar una faena hecha porque luego sale todo al revés. -¿Qué ha aprendido de Enrique Ponce después de tantos años con él? -De Enrique Ponce no se puede hablar nada más que de cosas buenas, tanto como persona como profesional. Como profesional es único. Es el torero más capacitado que yo he visto. Antes hablábamos de Morante y de Manzanares padre, en paz descanse, que era mi ídolo, pero lo de Enrique Ponce es otra historia. Es una gran persona y un hombre que jamás ha querido un lío en su cuadrilla. Ha mediado siempre para bien con todo el mundo. La verdad que es una de las personas buenas que te pone Dios en el camino, y por eso le estoy tan agradecido a Dios y a la vida que lo hayan puesto en mi vida. -Su empresa se llama Caído y Soledad, los titulares de su hermandad, la de los toreros desde el siglo XIX. ¿Qué son para usted? -La hermandad me ha dado mucho. La quiero mucho. Ahí conocí a mi mujer. Somos hermanos y salí la primera vez con catorce años. Imagínese el tiempo que llevo. Mis hijos son todos hermanos y el ponerle este nombre fue un poco homenaje a ellos.