ru24.pro
World News
Февраль
2026
1 2 3 4 5 6 7 8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28

Trump recargado: el imperio contraataca (II)

0

Hay que admitir que el gobierno de Trump superó con creces los peores vaticinios con los que se esperaba su segundo mandato. En un año logró poner al mundo patas arriba, amenazando a diestra y siniestra con aumento de aranceles, sanciones o bombas; que luego de ocho décadas de la postguerra llenas de guerras coloniales y anticoloniales, aparentaban un cierto orden internacional. Trump II intento cambiar de nombre al Golfo de México (lo llamó América), planteó que Canada sea el Estado 51 de la Unión, amenazo con retomar el Canal de Panamá y que la isla de Groenlandia (“un pedazo de hielo”) sea entregada por Dinamarca “a las buenas o a las malas” (aunque, en Davos retiró la amenaza).

En el crítico tema de energía y petróleo, Trump II desencadeno toda su preocupación, frustración y fuerza de estado. En el mar Caribe, al frente de Venezuela, puso al mayor portaviones del mundo y desde sus destructores se asesinó a decenas de personas indefensas navegando en lanchas para, finalmente, cerrar el operativo secuestrando al presidente de Venezuela, empezando el año. El fundamento de la enorme operación marítima fue la lucha contra el tráfico de drogas que, supuestamente, realizaba el Cartel de los Soles (del cual Maduro sería el jefe); la existencia del supuesto Cartel fue desmentida por el propio Departamento de Justicia en la primera audiencia judicial en Nueva York, dentro del juicio contra Maduro. En realidad -Trump dixit- todo había tenido que ver con el “reclamo” por el petróleo “robado” a Estados Unidos con la nacionalización petrolera venezolana de 1975.

Mientras todo esto sucede en el escenario internacional, en Estado Unidos -en jurisdicciones de gobiernos demócratas- hay una virtual guerra civil a raíz de la cacería arbitraria y violenta de inmigrantes e indocumentados, especialmente latinos. La guerra interna se validó sin tapujos el pasado septiembre, en Quántico (Virginia), cuando Trump les dijo a cientos de generales y almirantes que hay una «invasión interior» y sugirió usar ciudades con alta violencia (Los Ángeles, Portland y Chicago) como «campos de entrenamiento» para las tropas. Hoy la “guerra” interna tiene epicentro en Minneapolis, donde ICE, la guardia migratoria y aduanera federal, al medio de asaltos y violencia extrema mato a personas desarmadas, norteamericanos y blancos, Renne Good y Alex Pretti. La respuesta ciudadana fue monumental, pese al inclemente frío se movilizó multitudinariamente y declaró una huelga general.

¿Por qué estamos tan sorprendidos con estos acontecimientos? Dos hipótesis: Una, pensar que una persona mayor, conservador, grosero y negociante, que el 2017 puso en Venezuela a un “presidente” títere, que sometió al país a un inmisericorde bloqueo financiero (la que detonó la diáspora) y decomisó activos de miles de millones de dólares (CITGO). Y que, finalmente, dejó la presidencia con sus huestes asaltando el Capitolio para que Biden no sea proclamado. Estos extremos hicieron pensar que Trump I había llegado a límites que no podría superar. En realidad, a juzgar por la velocidad con que arrancó -el primer día se firmaron decenas de Ordenes Ejecutivas- las lecciones del primer mandato dieron impulso para definir al mundo entero como coto de caza, ni hablar del patio interior. Estas acciones debieron alertar porque implican un alto nivel de desesperación y frustración, que es aquel con el cual el gobierno norteamericano mira su crisis de gobierno y estado.

Segunda hipótesis. Trump, no es un fenómeno en sí mismo, más allá de su narcisismo y senectud particular, sino un síntoma de los tiempos que vivimos en el Occidente y pesa en el resto del planeta. Su gobierno y su política representa una época reaccionaria ultra radical que culpa a los derechos individuales y sociales ganados en el occidente desde la Ilustración, la Revolución francesa y un orden internacional basado en las soberanías estatales (Westfalia). En particular, Trump II y el movimiento político que lo secunda, propone denostar la democracia por la pluralidad, la diversidad y los valores de igualdad que la constituyeron históricamente (el estado moderno). Es un movimiento ultra reaccionario que no comprendemos al ver en sus ideas o acciones una deriva, una erosión democrática o un neofascismo cuando, en verdad, al medio de una enorme ignorancia sobre la historia de la democracia occidental, esta radicalidad propone cambiar su matriz política desde un modelo plutocrático.

Para corregir la valoración de este ultrismo reaccionario, hay que tomar en cuenta elementos clave de la crisis de la hegemonía norteamericana y del hemisferio occidental, gestada a lo largo del último medio siglo. Uno, luego del monumental fracaso de la guerra de Vietnam (1975) y el posterior veranillo hegemónico a la caída de la Unión Soviética (1991) no se pensó, desde la hegemonía norteamericana y occidental, diseñar un modelo mundial de convivencia pacífica e integradora. Todo lo contrario, el plan de la élite dura y corporativa norteamericana (el complejo militar industrial) y sionista, como dijo el informe Kissinger (1974) era someter, especialmente al tercer mundo, para asegurar una fuente barata y controlada de recursos naturales y minerales estratégicos para la industria norteamericana, llegando al extremo del control de la natalidad. Luego vino la balcanización de Yugoeslavia (1995) o el desaire a Putin cuando pidió al G7 (2007), que se integré a Rusia y se pare el avance de la OTAN hacia el este (5 avances). Más bien, como conto Ángela Merkl, el Acuerdo de Minsk (2014) se firmó “para ganar tiempo y preparar a Ucrania para la guerra”.

Un segundo elemento es el resquebrajamiento de la hegemonía económica financiera armada en Bretton Woods (1945) y la actual crisis económico – productiva de Estados Unidos. La economía mundial cambió radicalmente de composición en el último medio siglo con la deslocalización de la industria norteamericana, que buscando mano de obra barata llevo sus fábricas al Asia, especialmente a China. El resultado fue la desindustrialización de Estados Unidos y China que, en la década de los 80, tenía el 2 del PIB mundial hoy es 18%. En otra dimensión de estos cambios tectónicos, el ilustrativo caso de Alemania y Francia que juntas representaban más del 10 % del PIB global, ahora representan el 5 % y juntas son más pequeñas que India.

Si a este cuadro general de retroceso y crisis global de la hegemonía, se añade el peso de los cientos billones de dólares gastados en las invasiones de Kuwait, Irak y Afganistán que impidieron inversiones de desarrollo (no existen trenes alta velocidad, el sistema de salud es un desastre, etc.); aunque Halliburton hizo grandes negocios con el petróleo iraquí. De ese tremendo despilfarro hay un servicio de la deuda norteamericana (130% del PIB) que asfixia, sin contar con el costo de las 750 bases militares emplazadas por todo el planeta y cuyo financiamiento es casi similar al de la deuda, alrededor de 900 mil millones de dólares anuales. En consecuencia, la situación es crítica y explica el paroxismo del gobierno norteamericano.

Finalmente, si al medio de este panorama casi apocalíptico de la hegemonía gringa, se muestra con millones de páginas y miles de videos e imágenes, la sordidez y miseria humana del caso Epstein, no hay duda de la asociación grotesca entre el poder, la pedofilia y la impunidad y que evidencia un verdadero colapso moral de la élite que busca gobernar el planeta detrás de su depredadora y obscena idea de la acumulación de capital.

Acá no cabe la democracia, es un estorbo.

Volveremos.

The post Trump recargado: el imperio contraataca (II) appeared first on La Razón.