A tres meses: luces y sombras del gobierno de Rodrigo Paz
A tres meses de iniciado el gobierno de Rodrigo Paz, Bolivia transita por un momento político desafiante. El país dejó atrás la polarización que marcó casi dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), pero aún no define dónde se dirige. Las señales son contradictorias: hay esperanza ciudadana pero también presión social creciente. Hay fragmentación política, pero ausencia de oposición fuerte. Se dio un giro en la diplomacia, pero no está nada claro el mundo al que vamos.
Para analizar este escenario, conversamos con la destacada socióloga y académica cochabambina María Teresa Zegada. Ella ha seguido de cerca las transformaciones del sistema político boliviano durante las últimas décadas y presenta una mirada crítica pero equilibrada sobre la coyuntura.
En esta entrevista exclusiva con Animal Político, de La Razón, la analista identifica tanto oportunidades como amenazas para un gobierno que llegó al poder sin estructura partidaria sólida, en medio de una sociedad expectante.
Bolivia sin el MAS ni Evo Morales: un nuevo escenario político y social
El punto de partida del análisis de Zegada es el reconocimiento de que Bolivia salió de un ciclo político que «entró ya en declive hace mucho tiempo. No solamente en términos económicos estructurales, que nos ha llevado al momento crítico en el que hemos terminado el año 2025. Sino también en términos de confianza, de cohesión social, de descomposición del sistema político».
Ese declive vino acompañado de la crisis interna del MAS, con «enfrentamientos y discrepancias que ha habido. Incluso involucrando aspectos personales de los líderes que estaban confrontados». Pero la descomposición no se limitó al partido de gobierno. «No ha sucedido solo en el MAS, que era un poco el referente del sistema político. Pasó que, cuando el MAS cayó por los aspectos señalados, nos hemos visto desprovistos de opciones sólidas. De alternativas claras por las cuales la población podía votar», explica Zegada.
Este escenario de fragmentación, sin embargo, no genera necesariamente caos político. La analista observa que «no hay un oponente político partidario claro que sea una amenaza». Ni siquiera el MAS, en su estado actual, representa un peligro real. «Está totalmente desarticulado, intentando reagruparse en algunas tendencias, pero no hay ahora una» fuerza articulada.
El problema es que la vieja polarización MAS-antiMAS ya no ordena el campo político. «Eso ya no existe», afirma Zegada. «Está en la nostalgia del presidente, de decir ‘ellos nos han heredado este país’. Utiliza a veces esta ya vieja disputa, entre lo nuevo y lo viejo, para justificar o explicar las dificultades por las que está pasando el actual gobierno. Pero en el fondo es fantasmal la imagen del MAS, porque no está articulada al presente».
Luces y sombras: balance político inicial
Zegada identifica varios factores que juegan a favor del gobierno de Paz. El primero es la legitimidad electoral en un momento en que la ciudadanía apostó a la democracia para resolver la crisis. El segundo es precisamente la debilidad de la oposición tradicional. El tercero es un clima social más favorable que el heredado.
Sin embargo, los aspectos negativos pesan considerablemente. El principal problema es la ausencia de una estructura partidaria cohesionada. «La opción que apareció con el PDC en su momento no tiene por detrás una estructura partidaria sólida. Eso está pesando muchísimo en este momento», advierte la socióloga. «El frente que ganó las elecciones ahora está dividido en su dimensión parlamentaria».
Pero quizás la señal más evidente de esta debilidad es la relación entre presidente y vicepresidente. «¿Qué cosas en común tenían estos dos líderes que ahora podrían ofrecerle realmente como binomio al país?», se pregunta Zegada. «El hecho de que no sea así, que incluso el vicepresidente se haya declarado como opositor al gobierno, es una muestra de que no había factores realmente de cohesión en su momento».
Capacidad legislativa
Esta fragilidad organizativa tiene consecuencias concretas. «Ellos no pueden casi contar con todos los votos de quienes han llegado a través de esta alianza a la Asamblea Legislativa», observa la analista. Esto complica la aprobación de leyes estructurales que el país necesita en áreas clave como hidrocarburos, minería, energía y trabajo.
Las amenazas no vienen tanto del sistema político como de la sociedad movilizada. Zegada destaca el resurgimiento de la Central Obrera Boliviana (COB) en el reciente conflicto en torno al D,S, 5503 . Con las protestas se forzó el retroceso en medidas que apuntaban a «el diseño de un nuevo ciclo estatal en términos socioeconómicos».
Detrás de la COB, explica, «están gremialistas, cuentapropistas, artesanos, comerciantes, transportistas. Una serie de sectores sociales que claramente están en apronte». No es que la COB haya revivido como en el siglo XX, sino que «hay una ausencia de liderazgo que la COB capitalizó en este conflicto».
Bolivia y el mundo: la política exterior con Rodrigo Paz
El giro en política exterior es uno de los cambios más notorios del nuevo gobierno. Para Zegada, este movimiento «es concurrente con la posición que las nuevas autoridades tienen. Evidentemente, no es un gobierno de izquierda que va a formar parte de lo que fue el grupo del ALBA o reforzar lazos con Nicaragua, Cuba y Venezuela. Esos países eran parte del contexto inmediato de los gobiernos anteriores».
El acercamiento a Estados Unidos y países occidentales responde tanto a afinidades ideológicas como a necesidades pragmáticas. «Las puertas hacia EEUU y otros países occidentales son, sobre todo, una puerta hacia el mercado, hacia créditos internacionales», explica. «Le permite políticas de salvataje también al país», agrega.
«No veo una inconsistencia entre las orientaciones internas que le está queriendo dar el gobierno en sus políticas y esa fuerte y clara vinculación distinta que tiene ahora con ciertos países que no estaban antes en nuestro entorno», asevera.
Sin embargo, Zegada advierte que aún no está claro si habrá condicionamientos. «Hasta ahora no hay medidas que nos den señal de un ajuste o de que estemos ateniéndonos a condiciones externas», señala. Advierte que será necesario observar en los próximos meses «qué orientación tienen» las medidas anunciadas y «con qué países se tiene más afinidad».
Nueva esperanza, nuevos peligros
El cambio más significativo de estos tres meses se ha dado en el clima social. «Si nos ponemos solamente en el parámetro de febrero del año pasado a este momento, realmente hay muchas más certezas. Mucha más confianza, mucha expectativa «, afirma Zegada.
La ciudadanía dio una señal de madurez democrática al contener la conflictividad. «La gente ha esperado pacientemente a las elecciones antes de reaccionar. Estaba empezando un proceso de conflictividad muy alto por los precios de la canasta familiar, por las filas de los combustibles. Pero la gente ha apostado a un futuro a través de las urnas y eso es muy bueno, es una buena señal para la democracia».
Sin embargo, esta esperanza no es algo sin límites. «Es una esperanza condicionada a que se haga realidad aquello que se ofreció. Una esperanza condicionada no tanto al cómo probablemente, pero sí al resultado», explica la socióloga. Es como que la gente dice «no me importa en qué forma llega esto, pero sí queremos mejores condiciones de vida. Sí queremos mejor acceso a servicios», precisa.
Dilemas
El gobierno aún goza del beneficio de la duda. «Esa legitimidad que le ha dado el voto todavía le está dando oxígeno para poder avanzar», observa Zegada. Pero, «hay una masa social que no está dispuesta a negociar esta esperanza si es que el gobierno no cumple su parte».
El dilema es complejo. «La manera de avanzar en determinada línea parece clara», observa la analista, pero el gobierno enfrenta «el dilema entre aplicar de todos modos lo que sé que tengo que aplicar, o ir más bien renunciando a esa decisión para ir avanzando en negociación con lo social, que es un camino de mucho más largo plazo y mucho más riesgoso».
Zegada concluye que Bolivia vive «un clima social mucho más amigable, más favorable». Advierte que «el gobierno debería tomar en cuenta estas condiciones para gobernar». La ventana de oportunidad existe, pero no permanecerá abierta indefinidamente. Desde su perspectiva, el desafío es convertir esta transición incierta en transformación real, antes de que la esperanza ciudadana se convierta en frustración.
Aciertos tácticos y desafíos estratégicos
En cuanto a la economía, a tres meses de la asunción del presidente Rodrigo Paz, el panorama presenta señales mixtas. Mientras algunos indicadores económicos inmediatos ofrecen motivos de optimismo, la ausencia de una estrategia coherente de desarrollo y un parlamento fragmentado plantean interrogantes sobre la capacidad del gobierno para impulsar las transformaciones estructurales que el país necesita.
El doctor en economía Horst Grebe López, reconocido académico boliviano y analista de larga trayectoria, dialogó con Animal Político, de La Razón, sobre esta primera etapa gubernamental. Aunque advirtió que «tres meses no es un tiempo suficiente como para ya hacer un balance de resultados», Grebe identificó tanto avances concretos como debilidades en la gestión del nuevo gobierno.
Fortalezas
En el ámbito económico, Grebe reconoce logros tangibles que han aliviado presiones inmediatas. «El haber logrado suprimir en lo fundamental las colas que había para adquirir gasolina y diésel es un logro», señaló el economista. Aunque matizó que este avance ha sido «un poco desfavorable en estos últimos días”, citando los recientes problemas en torno a la calidad de la gasolina.
Más significativa resulta la reducción del dólar paralelo, que Grebe considera «un logro importante». El economista explicó que «un dólar que había llegado hasta por encima de Bs 15 bolivianos, ahora ha bajado. Está oscilando alrededor de Bs 9,50, siempre por debajo de Bs 10». Este descenso, según su análisis, «demuestra que la eliminación de la subvención a los carburantes se ha traducido en una reducción de la presión inflacionaria».
Los primeros indicadores fiscales también muestran signos positivos. Grebe destacó que el gobierno «ha creado una primera balanza comercial positiva, una balanza fiscal positiva en el primer mes de este año. Es pequeña, pero de todas maneras es un síntoma positivo».
Sin embargo, el economista advirtió que los precios «todavía no han bajado en la misma proporción que el dólar paralelo». Atribuye esto a que «probablemente los comerciantes están tratando de recuperar la inversión que hicieron cuando el dólar estaba mucho más alto».
En el terreno diplomático, Grebe identificó un cambio notable. La participación boliviana en el Foro Económico Mundial de Davos fue valorada positivamente. «Han tenido intervenciones los dos ministros en diferentes paneles con éxito y han mostrado una imagen diferente del país. Anteriormente se tenía una política exterior sumamente sesgada ideológicamente».
Particularmente destacó la actuación en el Foro Económico Internacional de Panamá organizado por la CAF. Calificándola la presencia del país como «realmente destacada. Insólita después de los 20 años en que estábamos con un perfil muy dependiente de la situación de Venezuela, Cuba y Nicaragua». Para Grebe, «el país ha recuperado su autonomía relativa en la definición de su política exterior».
Debilidades
Pese a estos logros puntuales, Grebe fue contundente al señalar la principal carencia del gobierno: la falta de una estrategia integral. «Las medidas que se han adoptado son parciales, y son piezas que todavía no encuentran su ubicación coherente dentro de una visión y un planteamiento de largo plazo», advirtió.
El economista subrayó que «todavía no existe la presentación de una estrategia de desarrollo de forma que contemple todos los aspectos y que tenga una perspectiva de largo plazo». Más aún, señaló que el presupuesto para 2025 todavía no ha sido aprobado. Espera que «a lo largo de este mes ya sea presentado y de ahí se van a derivar muchas conclusiones sobre cómo se piensa hacer la gestión del primer año de gobierno».
Grebe criticó que el gobierno opera con «cuatro o cinco fórmulas que hoy en día están constituyendo la presentación retórica de lo que es la intención del gobierno en los primeros meses». Lo que se necesita es «una gestión mucho más integral y amplia. Donde cada pieza encuentre su lugar en una visión compartida para el horizonte de los próximos 10, 15 años del país».
Desafíos
El panorama se complica al considerar las tareas legislativas pendientes. El gobierno necesita aprobar leyes fundamentales en minería, hidrocarburos, energías y trabajo, pero enfrenta un obstáculo mayúsculo: un parlamento disfuncional.
Grebe fue particularmente crítico con la Asamblea Legislativa. «El Parlamento está con una cabeza que no ejerce su función de ordenar la agenda, llevar a cabo las conversaciones, los necesarios acuerdos», señala.
El problema de fondo, según el economista, es estructural. «Falta lo básico que es un sistema de partidos políticos, no de pequeñas facciones de organizaciones de tipo municipal, de tipo ciudadano». Esta fragmentación hace que las bancadas no tengan orden ni estén «acostumbradas a actuar como bancadas disciplinadas».
Para avanzar en las reformas necesarias, Grebe advirtió que «se necesitan acuerdos constitucionales. Y esto requiere de una ingeniería de acuerdos políticos muy compleja, que no solamente se refiere a la representación parlamentaria sino también a las fuerzas políticas que no están directamente en el Parlamento».
Entre las reformas constitucionales, el economista identificó como prioritaria la del sistema judicial. Definió al mismo sin ambages como «el conducto por donde corre toda la corrupción del país». Aunque reconoció que grupos de abogados ya están trabajando en propuestas, criticó que » están tratando de acordar aspectos más o menos cosméticos. Aunque tienen su importancia, sin duda, pero no resuelven lo estructural del sistema judicial».
En conclusión, Grebe identificó «aspectos positivos y aspectos más discutibles», pero enfatizó la necesidad de esperar para evaluar con mayor precisión. Su análisis revela un gobierno que ha logrado estabilizar algunos indicadores económicos inmediatos, pero que enfrenta el desafío de la visión estratégica y el respaldo político necesarios para las transformaciones estructurales que Bolivia requiere.
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