¿Por qué en esta playa del Caribe sus habitantes no pueden entrar? Éste es el paraíso que excluye a sus propios habitantes
Cuando uno imagina el Caribe, piensa en arenas blancas, aguas turquesa y palmeras balanceándose al ritmo del viento. Sin embargo, en algunas zonas de este paraíso tropical, la experiencia no es la misma para todos.Mientras los turistas disfrutan de lujosos resorts y playas de postal, los habitantes locales descubren que muchos de esos espacios les están vedados.Jamaica, famosa por sus playas de ensueño y su cultura vibrante, es un ejemplo de esta paradoja. Menos del 1% de su extensa línea costera es de acceso público. Lugares como Mammee Bay, donde generaciones de pescadores locales lanzaban sus botes y niños crecían jugando en la arena, ahora están rodeados de muros o requieren pagar una entrada para cruzar.“¿Cómo es posible usar una playa o un río durante cientos de años y, de repente, no tener acceso?”, pregunta Devon Taylor, cofundadora de la organización Jamaica Beach Birthright Environmental Movement (JaBBEM) en un reportaje de la BBC.La venta de terrenos costeros a desarrolladores privados ha cerrado el paso a lugares emblemáticos, y la privatización se acelera con nuevos resorts y desarrollos de lujo.El fenómeno no es reciente: la Ley de Control de Playas de 1956, heredada del periodo colonial británico, permite al Estado transferir las costas a manos privadas, sin garantizar un derecho público de acceso.Según JaBBEM, solo un 0.6% de la costa jamaicana sigue siendo accesible para los residentes. “Están transfiriendo nuestros recursos naturales a entidades extranjeras”, asegura Taylor, según la BBC.En Montego Bay y Ocho Ríos, resorts de cientos de habitaciones se apoderan del litoral, restringiendo el ingreso a locales. Sin embargo, aún hay espacios abiertos al público: playas como Seven Mile Beach en Negril o Bob Marley Beach conservan su carácter accesible, donde familias, artistas locales y turistas conviven, y pequeños negocios prosperan.Los activistas llaman a un turismo responsable: evitar resorts que excluyen a los jamaicanos y apoyar alojamientos y experiencias locales. Marcus Goffe, abogado de JaBBEM, resume la situación: “Cortar a la gente de su mar y sus prácticas tradicionales destruye comunidades enteras en pocas generaciones”.Para quienes buscan la magia del Caribe, Jamaica sigue siendo un destino de ensueño. Pero este paraíso también es un recordatorio de que el turismo millonario puede coexistir con la exclusión, y que detrás de cada playa de postal, hay historias de lucha por derechos y patrimonio.JCM
