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Una extrema izquierda violenta e ignorada

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Hoy resulta casi automático asumir que la violencia política viene, por defecto, de la extrema derecha. Y es verdad que bajo esa etiqueta existen grupos realmente peligrosos. Sin embargo, llama la atención que la extrema izquierda, que ha elevado su nivel de agresividad durante los últimos años, apenas reciba atención pública, aunque sus ataques, sobre todo los de carácter terrorista, sean cada vez más frecuentes en el contexto de la Unión Europea. El pasado 1 de febrero se produjo un suceso trágico a la par que llamativo en la ciudad de Turín, en la vecina Italia. Allí, grupos de ultraizquierda se enfrentaron a la policía en unas manifestaciones que rápidamente degeneraron en lo que solamente puede describirse como una batalla campal. Cientos de personas encapuchadas incendiaron contenedores y cargaron contra los agentes, dejando a 29 de ellos heridos.

Viendo los titulares y observando la reacción social, podría llegar a pensarse que lo ocurrido en Turín fue una especie de locura colectiva, algo surgido de la nada, poco menos que un Baile de San Vito. Y es que el foco constante en la derecha parece haber creado la ilusión de que solo desde un lado de la barrera pasan cosas agresivas. No obstante, la realidad es otra. Estos actos de violencia por parte de la ultraizquierda han ido en aumento y, según el «European Union Terrorism Situation and Trend Report 2025», desde 2020 estos grupos han incrementado de forma notable su virulencia y agresividad, llegando en algunos casos a atentar directamente contra la vida e integridad física de jueces o políticos.

El silencio informativo

Los datos que ofrecen estos informes resultan llamativos, sobre todo si se tiene en cuenta el casi total silencio informativo que suele rodear este tipo de hechos. En 2021, Europol documentaba un solo intento terrorista por parte de estos grupos, cuya agresividad parecía haber disminuido en años anteriores. Sin embargo, en 2022 ya se registraron 18 casos y en 2023, el año más crítico en este sentido, la cifra ascendió a 32. En 2024 se contabilizaron 21, una ligera reducción, pero todavía muy por encima de los niveles de 2020. Resulta igualmente llamativo que, como subraya el informe, estos grupos tienden a presentarse como «moralmente superiores». Y es que sus actos violentos se suelen justificar como defensas de grandes causas, tales como los derechos de los inmigrantes, la defensa de Palestina –en tiempos recientes–, o como parte de una oposición sistemática a un orden que consideran opresivo o tiránico, vinculado al capitalismo, la familia o el racismo.

En consecuencia, sus principales objetivos han sido miembros de las fuerzas de seguridad o personas identificadas como pertenecientes a la derecha o extrema derecha. En el otro lado de la balanza, los informes sitúan la violencia de la extrema derecha en cifras cercanas al cero durante el mismo periodo, pasando de 4 incidentes en 2021 a 1 en 2024. Un dato casi irrelevante que, sorprendentemente, parece acaparar una enorme atención mediática y generar un miedo desmedido en la población a actos de violencia por parte de estos grupos. Esta misma dinámica es señalada, y desde un punto crítico con la derecha, en el informe «Cross-National Evidence of Disproportionate Media Visibility for the Radical Right in the 2024 European Elections».

Este estudio, elaborado por académicos y publicado hace menos de un mes, afirma que cualquier acción protagonizada por la derecha, sea positiva o negativa, recibe automáticamente una cobertura desproporcionadamente mayor que la de movimientos de izquierda. Esto, además, al tratarse de un estudio de caso de varios países en europeos nos remarca una dinámica general en nuestro continente. España, en este caso, no es diferente, y aunque publicado en 2023, el informe «Análisis del tratamiento del extremismo político en los medios de comunicación españoles» apunta en la misma dirección y evidencia un sesgo, voluntario o involuntario, que tiende a minimizar o ignorar directamente las acciones de la extrema izquierda.

De hecho, según este informe, la mención a la violencia de la extrema izquierda no solo sería menos habitual, sino que, en determinados medios, habría incluso reducido su presencia desde 2014. Al final, los datos dibujan una realidad difícil de esquivar. No es que la extrema derecha no cometa crímenes, que sin duda los comete, sino que la información y el pánico social no están equilibrados. Mientras la violencia de grupos de ultraizquierda crece de manera constante, buena parte de la sociedad mira hacia otro lado. En cambio, cualquier gesto, discurso o acción de la derecha se convierte de inmediato en una alarma social digna del mayor de los despliegues de seguridad. Si de verdad queremos tomarnos en serio las amenazas que tenemos en nuestra sociedad habría que admitir que la violencia política no tiene una sola cara o, de tenerla, no parece ser la que muchos creen. Reducir todo el problema a la extrema derecha es, además de impreciso, exageradamente miope. Ignorar lo que ocurre en la extrema izquierda no lo hace desaparecer ni lo vuelve menos grave, únicamente alimenta una percepción distorsionada de la realidad. Mientras medios y sociedad sigan concentrando su atención casi exclusivamente en un solo extremo del espectro seguiremos moviéndonos en una simplificación casi de fantasía en la que hay buenos y malos por esencia. Mejor no ser miopes.