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Las mentiras de una orden ejecutiva y otras muchas

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Una vez más, Washington miente para justificar actos violatorios del Derecho Internacional que a lo largo de su historia han ido desde la intervención directa, pasando por la imposición de inmerecidas medidas coercitivas unilaterales hasta llegar a declaraciones de guerra, y que han afectado a decenas de países en el mundo, no solo en nuestro hemisferio.

Más que una vieja y fea práctica, el uso de la mentira constituye un eje de su política exterior que la Casa Blanca reedita cuando declara a Cuba como una «amenaza inusual y extraordinaria, que tiene su origen total o sustancialmente fuera de los Estados Unidos, para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos».

Para firmar ese edicto, Donald Trump debió declarar antes Emergencia Nacional en su país.

Bajo esos falaces pretextos, la administración estadounidense acude a otra ilegalidad que sigue cerrando el cerco sobre Cuba: la extraterritorialidad. 

Otra vez, la decisión estampada en un documento firmado en el Despacho Oval y que solo concierne a la política de Estados Unidos se impone a terceros, al decretar que los países que negocien la venta de petróleo a Cuba serán castigados con la elevación de los aranceles a sus productos que entran al mercado estadounidense.

¿Quién puede pensar que la Isla, valiente y amante del respeto a la soberanía nacional, la cooperación, el diálogo y la convivencia pacífica, representa un peligro para el imperio?

No ha bastado la falsa acusación de que Cuba promueve el terrorismo, una invención jamás demostrada y que rechazaron grupos regionales y decenas de países a título personal, en los debates de la ONU que concluyeron en la aprobación de la Resolución cubana que exige el fin del bloqueo, el pasado mes de octubre.

La más reciente orden ejecutiva acusa a Cuba de «colaborar con numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversarios de los Estados Unidos, entre ellos el Gobierno de la Federación de Rusia (Rusia), la República Popular China (RPC), el Gobierno de Irán, Hamás y Hezbolá, a los que presta apoyo». 

La definición es difícil de entender y sorprende, porque están entre los mencionados dos países (Rusia y China) a los que, ya sabemos, Washington quiere fuera de este hemisferio, pero con los que ¡sostiene relaciones diplomáticas y económicas! 

Por otra parte, el decreto pretende engañar cuando acusa a Cuba de dar cobija a los grupos armados Hamás y Hezbolá, así como cuando le atribuye albergar la mayor instalación de inteligencia electrónica de Rusia en el extranjero: algo tan ficticio como la supuesta base militar china en el territorio nacional, que sin ser real, Washington hizo famosa al anunciar su existencia en diciembre de 2024.

«Desestabilizar» la región mediante la violencia y la migración —que está condicionada, precisamente, por el recrudecimiento de las medidas punitivas contra Cuba—, son otras acusaciones falsas, así como los recurrentes señalamientos por alegadas violaciones a los derechos humanos. 

Además, la nación caribeña es «culpada» por «difundir» en el hemisferio «sus ideas comunistas», algo que, en cualquier caso, solo emanaría de su ejemplo.

Unas sobre otras 

A vuelo de pájaro podrían recordarse algunas de las muchas falsedades empleadas por distintas administraciones estadounidenses para cubrir con un ropaje de legalidad actos macabros y violatorios del orden internacional.

Los cubanos tenemos los ejemplos a la mano: nacimos a la vida republicana mediatizada lastrados por el robo de la victoria mambisa sobre la Corona española, que escamoteó Washington.

La explosión del buque de guerra estadounidense Maine en febrero de 1898 en aguas del puerto de La Habana, fue la  excusa que facilitó a EE. UU. su entrada en la guerra luego llamada «hispano-cubano-americana», para arrebatar a los mambises la independencia que ya tenían conseguida sobre España.

La manipulación de un presumible incendio a bordo del Maine para presentarlo como un ataque de las fuerzas españolas, abrió paso al primer acto intervencionista de Estados Unidos contra Cuba.

También consta en el amplísimo historial de maniobras desde Washington el ataque japonés a Pearl Harbor, que condujo a la declaración de guerra a Tokio: un ataque del que, según se ha establecido después, Estados Unidos conocía con antelación.

Mentiras de nuestros tiempos  

En las décadas recientes, abundan casos similares o parecidos.

Una de las más escandalosas fue la acusación formulada a Irak, sin pruebas, de que poseía armas químicas, lo que dio paso en marzo del año 2003 a una de las guerras más terribles de los últimos tiempos.

La conflagración se desató al influjo de la también mentirosa cruzada contra el terrorismo que había declarado el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, bajo la excusa que sacó de la manga de otro acto condenable: los ataques del 11 de septiembre a las Torres Gemelas en Nueva York, de los que se responsabilizó al grupo Al Qaeda.

Ello desató una inmediata agresión contra Afganistán, presuntamente tras esa organización terrorista, que dejó decenas de miles de muertos y un país con estabilidad en crisis, donde Washington mantuvo la ocupación hasta 2021.

Dos años después del inicio de los ataques a Afganistán empezaría la guerra contra Irak, detrás de la justificación de que poseía armas químicas.

En 2011, cuando Washington proclamó oficialmente el fin de la guerra —aunque permanecieron tropas estadounidenses—, la nación iraquí, desmembrada, fue presa de la inestabilidad, como el propio Donald Trump ha reconocido.

Entonces, los expertos de la Organización Internacional de la Energía Atómica buscaron en territorio iraquí las evidencias de las armas de destrucción masiva. Pero no las había, y las supuestas conexiones con Al Qaeda del asesinado presidente iraquí, Saddam Hussein, resultaron confesiones falsas.

Citado por la agencia DW en una entrevista que le concedió hace algunos meses, el politólogo de Harvard, Stephen Walt afirmó: «Ya habían tomado la decisión y solo buscaban razones. No es que las decisiones se basaran en la inteligencia: manipulaban la inteligencia para justificar lo que ya habían decidido».

Es lo que han hecho siempre, y lo que hacen ahora.