El ejemplo de Liliana
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Aquí no se insulta, se piensa. Andalucía carga la cruz del folclorismo ruidoso, del chillido y la vulgaridad. Pero la gran cualidad ontológica del andaluz, lejos de todo tópico, es el silencio. Es en otros lugares de la piel de toro donde se increpa y se berrea. Aquí existe una educación milenaria, en parte nacida de la humildad obligatoria de una tierra históricamente menospreciada, que ha desarrollado valores que están en la cima de la civilización. El silencio andaluz es el más profundo de los gritos, el más hiriente, el más difícil de soportar. Eso lo saben bien los toreros que vuelven al callejón de la Maestranza, después de la faena, en la eternidad de esa mudez que a tantos... Ver Más
