La pasión por la perdiz con reclamo
Es ahora, en pleno invierno, cuando Andalucía vuelve a escuchar el canto del reclamo , un sonido que forma parte de su identidad cinegética. Y es que, desde mediados de enero, mayoritariamente, y hasta bien entrado marzo, dependiendo de la altitud y la zona, se abre la temporada de una de las modalidades de caza con mayor arraigo cultural en la región . Se trata, nada más y nada menos, que de la caza de la perdiz con reclamo . Esta no es solo una modalidad de caza. Para miles de aficionados, la perdiz con reclamo es una forma de estar en el campo, de entender el tiempo y de relacionarse con los demás . Una práctica transmitida de generación en generación que, lejos de diluirse, ha sabido mantener su esencia y adaptarse a los cambios. Por algo, en 2025, fue declarada Bien de Interés Cultural en Andalucía , un reconocimiento que subraya su valor como patrimonio vivo, más allá de lo estrictamente cinegético. Hablar de perdiz con reclamo es hablar de cultura popular, de sociabilidad, de identidad y de un conocimiento profundo del territorio. Es hablar de cuquilleros, de jaulas cuidadas como tesoros y que se erigen como auténticos símbolos, de amaneceres silenciosos y de conversaciones que se comparten tras una jornada de caza en el campo. Un universo que se sostiene sobre valores, vínculos humanos e, incluso, un léxico propio . Todo ello explica por qué esta modalidad sigue tan viva. La caza de la perdiz con reclamo rara vez la descubre uno por sí mismo, en solitario. El acceso a este mundo suele comenzar en la infancia o la adolescencia , de la mano de un familiar que introduce al joven en los códigos no escritos del reclamista. Porque no se trata solo de aprender una técnica, sino de interiorizar una manera de comportarse en el campo, de respetar los tiempos, las distancias… Y, por supuesto, al propio animal. Así lo recuerda Manolo Estévez , un apasionado de la perdiz con reclamo: «Tenía catorce años y mi padre iba, le gustaba. Me pidió que le acompañara junto con otras personas. Recuerdo perfectamente, ante mi ignorancia o mi inconsciencia, que me decían 'tú, cuando venga el pájaro, tienes que hacer esto y lo otro'. Y con 16 años, siendo yo un chaval, tuve la gran suerte que de que el pájaro que yo tenía y que había criado le cantó y levanté mi pájaro . Hoy en día no lo habría hecho como por entonces, quizás me precipité un poco, pero me quedé asombrado. Es más, he soñado con eso muchas veces«, expresa. Ese proceso de socialización implica la adquisición de saberes muy concretos , tales como conocer el terreno, interpretar el comportamiento de la perdiz, entender cuándo y cómo trabaja el reclamo y hasta dominar un léxico propio que funciona casi como una contraseña de pertenencia. En este sentido, Manolo Estévez desvela algo que «muchos cazadores desconocen» y es que « la perdiz tiene hasta 16 cantos distintos . Saber interpretarlo, si ha contestado a una perdiz o a ver qué hace ahora... Vas notando lo que hace tu pájaro y lo que hace el campo. Ojalá pudiera transcribir con palabras lo que dice el pájaro con su canto. Es maravilloso; un embrujo«. Y es que la caza de la perdiz con reclamo, su identidad, engloba palabras y expresiones que solo tienen sentido dentro de este universo y que refuerzan el sentimiento de grupo. «Cazar en reclamo te da pie a comprender el idioma de la perdiz», afirma Antonio Gallardo , quien ha escrito libros sobre la perdiz con reclamo y ha sido delegado de esta modalidad en la Federación Andaluza de Caza . Asimismo, enfatiza en que «sabes en todo momento, con todos sus cantos, qué dice, cómo lo dice, si es verdad o un recurso falso para atraer a la congénere… El reclamista entiende perfectamente el idioma de la perdiz ; entonces, estás sumergido en su mundo«. El vínculo con el territorio es otro de los pilares de esta modalidad, la cual no se concibe sin un conocimiento íntimo del entorno. Barrancos, lomas, querencias y pasos forman parte de un terreno que conecta con el cazador. Un terreno que debe ser cuidado a conciencia para preservar no solo esta, sino todas las modalidades cinegéticas. «Lo primordial es el método de agricultura, que los métodos que se están llevando a cabo no sean tan devastadores con la naturaleza , con tanto herbicida, insecticida, pesticidas, laboreo intensivo, la moda de los nuevos olivares superintensivos… Eso es lo principal. Mientras exista un ecosistema limpio y sano, existirá caza y existirán animales«, sostiene Antonio Gallardo. En el universo cuquillero, la jaula no es solo un utensilio, sino un símbolo que representa la dedicación, la paciencia y la pasión por el reclamo. Cuidar al pájaro, escucharlo, conocer sus cambios de ánimo y su evolución forma parte de un vínculo que trasciende lo utilitario. Esa relación íntima con el animal es uno de los rasgos que definen a esta modalidad y que la diferencian de otras formas de caza. Al hilo de lo anterior, Antonio Gallardo afirma que la caza de la perdiz con reclamo «es una forma de vida». Y es que « el jaulero vive por y para su pájaro , el cual puede durar en una casa unos quince años. En cambio, la longevidad del pájaro del campo no va a pasar de seis o siete años«. Además, insiste en que »la convivencia con el pájaro, los momentos de prepararlo para poder disfrutar con él durante una jornada de caza, abarca todo un año, no solo los 40 días que te permite la administración. Entonces, lo especial es esa compenetración y el hecho de hacer pájaros nuevos . El reclamista disfruta más haciendo un pájaro nuevo que con el pájaro viejo. Lo que quiere el cazador es que su pájaro sea amansado y que cumpla las funciones que le pide, que es traer a sus congéneres y que gane la pelea por el territorio«. Ahora bien, la perdiz con reclamo también se vive en grupo . De hecho, antes, durante y después de la temporada, se generan espacios de encuentro que refuerzan la cohesión social. Se celebran tertulias, ferias, campeonatos y concursos donde se intercambian experiencias, se comparan reclamos y se comparten conocimientos. Y son estos eventos los que funcionan como auténticos lazos de unión. «Esto es pasión. Es algo increíble. La modalidad tiene muchos detractores, pero todo aquel que la prueba, se queda «, recalca Manolo Estévez, quien considera que esa sociabilidad que se da entre cuquilleros es de lo más lógica, pues tiene que ver con el tiempo de ocio y el deseo de compartir una pasión común. La declaración de la perdiz con reclamo como Bien de Interés Cultural no llegó por casualidad. Responde a un proceso en el que el propio colectivo ha sido protagonista de la protección de esta práctica, participando activamente en su definición, regulación y transmisión. A este logro contribuyó Antonio Gallardo, quien defiende que el significado real de dicho reconocimiento implica « protección, principalmente, ante una forma de vida. El que es reclamista es más que un cazador «. En este sentido, recuerda que »tenemos constancia de datos escritos del siglo VII a.C. por la fábula de Esopo, incluso de Aristóteles, del siglo IV a.C. No llega ni a un siglo que la perdiz se caza con armas; se cazaba con trampas y era un medio de sustento. Entonces, para los reclamistas, que se reconozca un arte milenario que ha pasado de generación en generación… Es algo que no se queda en el campo, en el momento del lance, sino que la experiencia de lo vivido queda y se transmite de generación en generación «. Porque la caza de la perdiz con reclamo genera valores patrimoniales que van más allá de la práctica cinegética. Es una modalidad que difunde modos de sociabilidad, formas de organización, saberes tradicionales y una ética propia. «Enseña valores como el respeto a las tradiciones que nuestros mayores nos enseñaron. Y, por supuesto el cuidado y valoración del campo y la naturaleza «, afirma Manolo Estévez. Porque, para quien es cazador de verdad, esta modalidad apasiona a más no poder. »Es pasión por mi pájaro, por escucharlo cantar, por ver lo que hace…«, enumera este aficionado a la perdiz con reclamo, que también recalca que »aprendes a respetar a los amigos, a los cazadores, con las tertulias delante de la chimenea, mientras hablas de lo que te ha acontecido… Es campo puro y duro, y ves su realidad. Se vuelve a casa con una satisfacción espectacular «. Es más, en las localidades donde su práctica es regular y está extendida, esa fama se asume con orgullo; como un patrimonio que merece ser cuidado. Con todo lo visto, queda claro que la perdiz con reclamo es toda una tradición viva que se reinventa sin renunciar a su esencia . Cada temporada que comienza en Andalucía es una reafirmación de su vigencia como expresión cultural, como vínculo social y como forma de entender el campo. Así que, mientras haya cuquilleros dispuestos a cuidar sus reclamos, a enseñar a las futuras generaciones y a reunirse para compartir su pasión, esta modalidad seguirá siendo mucho más que caza; seguirá siendo cultura, identidad, sociabilidad y protección de la memoria rural.
