La joya escondida de Italia: el pueblo de aguas ‘milagrosas’ con las que se curó Miguel Ángel
Italia es un país fascinante en el que cada rincón es espectacular. Urbes como Roma, Florencia o Nápoles son algunos de los lugares más excelsos que se pueden visitar en el planeta, y por ello muchos desde España viajan cada año a la nación transalpina. Eso sí, su inmensa historia hace que haya sitios no tan reputados en el sector turístico que son apasionantes y que merece la pena descubrir, como es el caso del pueblo de Fiuggi.
Esta localidad de unos 10.000 habitantes se ubica a poco más de una hora de Roma por carretera, en concreto en las faldas de los montes Hérnicos en los Apeninos, y a pesar de ser una pintoresca villa con alguna que otra joya arquitectónica, lo que más destaca de este secreto de la región del Lacio es sin duda que es uno de los grandes centros termales de Italia; de hecho, por él han pasado nombres tan ilustres a lo largo de la historia como Miguel Ángel o Pablo Picasso, entre muchos otros.
Así es el pueblo termal de Fiuggi, a solo una hora de Roma
El pueblo de Fiuggi se enclava en la provincia de Frosinone y su casco histórico se erige en un cerro a casi 750 metros de altitud sobre el nivel del mar, y su historia se remonta a la época hérnica, antes del dominio de Roma sobre Europa; fue precisamente en los tiempos de los romanos cuando se dieron los primeros testimonios de las aguas con propiedades curativas que emergían un poco por debajo de la villa.
El espíritu medieval de la localidad perdura en prácticamente todos los rincones de la villa y en tesoros arquitectónicos como el Palacio Falconi o el de la Fuente, así como en la Colegiata de San Pedro (siglo XVII), en la Iglesia de San Esteban o la Iglesia de Santa María del Colle. Eso sí, la razón por la que tantas figuras se han acercado al pueblo a lo largo de la historia no está en su alto centro urbano, sino más abajo en la colina.
Las aguas mineromedicinales de Fiuggi y un hotel de lujo
La gran atracción de Fiuggi son sus aguas termales con propiedades curativas, las cuales se dieron a conocer de verdad con el Papa Bonifacio VIII (natural de la zona) en el siglo XIII, convirtiendo a este enclave en uno de los lugares de retiro favoritos para El Vaticano; de hecho, el mismísimo Miguel Ángel utilizó sus aguas para aliviar sus dolores, lo que hizo de esta villa un destino de peregrinación de los amantes del termalismo.
A pesar de que durante algunos años pareció caer en declive, una inversión millonaria ha devuelto al Palazzo Fiuggi, el hotel construido en torno a las aguas, su estatus dentro del turismo de bienestar. Este alojamiento de lujo tiene su origen en el año 1913, cuando se levantó siguiendo los cánones del ‘art nouveau’, y por él han pasado nombres tan ilustres como el artífice de la Basílica de San Pedro, algunos miembros de la extinta monarquía italiana, Pablo Piccasso o Jeff Bezos.
