Km de arte
Hacer kilómetros toca este próximo fin de semana. Se presentan carteles muy interesantes en distintas partes de la República Mexicana. Se vienen los carnavales y México festeja sus fiestas con toros, así de claro y contundente, aunque la decadente Kate crea lo contrario.
Comencemos con una de las joyas de las plazas en México: Juriquilla. Desde hace 39 años, la familia Torreslanda ha construido una sólida relación con la sociedad queretana y del Bajío. Con la edificación de su bella plaza de toros, generó un vínculo de conexión emocional y cultural con los mexicanos.
Año con año, el recordado y admirado Pollo Torreslanda ofreció carteles siempre atractivos para el aficionado y para el público, bajo la inteligente y contundente premisa del buen empresario taurino: “No presentes un cartel al que no asistirías como aficionado”. Sencillo, pero de una profundidad avasallante: cuidar al aficionado, ofrecer calidad y comodidad.
Juriquilla es una celebración absoluta del toreo: se cuida al toro, los detalles y al público. Tras la partida, hace tres años, del gran Pollo, su hijo Juan Arturo —del mismo apodo— lleva las riendas del coso con el mismo cariño y pasión que su padre. Y, repitiéndose la historia, este sigue siendo un proyecto familiar: así como el Pollito y su hermano estuvieron siempre pegados a su padre, hoy la tercera generación ya es buena aficionada y, estoy seguro, futuros empresarios.
El viernes 30 de enero, a las 20 horas, harán el paseíllo en un sensacional mano a mano Querétaro–Sevilla: Octavio García El Payo, artista profundo, de excelente concepto y verdad en su toreo, consumado, maduro y en gran momento, encabeza el cartel con la máxima categoría que su tauromaquia y trayectoria sostienen. En segundo lugar, el sevillano Juan Ortega, torero de lentas formas, elegantes maneras y señorial tauromaquia. Pablo Aguado hará tercero; su naturalidad y sevillanía son un deleite. Regresa tras su anterior paso agridulce por nuestra tierra: si él se lo propone, puede ocupar un lugar especial en el corazón de los mexicanos; su paisano ya se lo ha propuesto y le va ganando la partida. Cierra el sensacional elenco Diego San Román, cuyo valor y entrega emocionan y que, estoy seguro, intentará robarse la noche.
Para ellos, el ganadero Eduardo Martínez Urquidi ha preparado ocho dijes de Los Encinos, que deseo embistan con el concepto del escrupuloso criador para que vivamos una noche inolvidable. Todo está puesto para que así sea: viviremos el toreo y gozaremos de la experiencia Juriquilla, con carpa gastronómica previa y posfestejo. Boletos desde 400 pesos. Cita imperdible, histórica. Ahí nos vemos.
Al día siguiente, agarraremos carretera rumbo a León, “donde la vida no vale nada”, para otro gran cartel en la segunda corrida de la feria, que celebra los 450 años de la fundación de la ciudad y los 150 años de su primera edición. Juan Pablo Sánchez, temple y capacidad; Juan Ortega, a quien deseo ver llegar tras un gran triunfo en Juriquilla, y el hidrocálido Héctor Gutiérrez, gran torero con todo el potencial para convertirse en ídolo: carisma, valor, profundidad y la ambición de colocarse en lo más alto. Un diamante de nuestra baraja que la gente debe conocer y apoyar. Para ellos tres, un encierro de Peñalba, ganadería de prestigio y grandes éxitos en esa plaza.
El domingo, en Guadalajara, Guillermo Hermoso de Mendoza regresa tras su gran triunfo del año pasado, alternando con Calita, cuya última actuación fue arrolladora, cortando cuatro orejas y un rabo a dos grandes toros de Ordaz. Diego San Román defenderá su sitio en esa plaza y el joven hispano Marco Pérez, de quien se esperan grandes cosas, se las verán ante cuatro toros de Villa Carmela y cuatro de Campo Real.
Hagamos felices estos kilómetros de arte: que las carreteras nos traten bien, que embistan los toros y así triunfen los toreros en un gran fin de semana.
Abarrotando los tendidos es como se defiende públicamente la tauromaquia, que este año cumple cinco siglos en México.
