Los «kikos», con el Papa
Fundado en los años setenta por el madrileño Kiko Argüello, el Camino Neocatecumenal es hoy una realidad eclesial entre las más florecientes. Hoy actúan en 139 países de los cinco continentes, lo componen centenares de miles de fieles, disponen de 115 seminarios «Redemptoris Mater» y cuentan con el apoyo de numerosos obispos y cardenales.
A lo largo de estas décadas no les han faltado tampoco las críticas ni las acusaciones de querer convertirse en una Iglesia dentro de la Iglesia y y de estar al margen de los obispos. Los Papas anteriores Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco no han dejado de amonestarles, reconociendo siempre su servicio y entrega.
Había, por eso, cierta curiosidad en conocer qué les iba a decir León XIV al recibirles por primera vez en audiencia el pasado lunes 19 de enero. Para el Papa agustino no son unos desconocidos; los trató cuando era obispo de Chiclayo y administrador apostólico de Callao, siempre en Perú, al ser cesado su obispo el español José Luis del Palacio, muy identificado con ellos.
Después de alabar su «anhelo misionero», les hizo esta advertencia: «Os insto a vivir su espiritualidad sin separarse jamás del resto del cuerpo eclesial como parte activa de la pastoral ordinaria de las parroquias, en plena comunión con sus hermanos, especialmente con los sacerdotes y los obispos».
Pero no quedó ahí la cosa porque más tarde les reiteró que «su misión es particular pero no exclusiva, su carisma es específico pero fructificará en comunión con los demás dones presentes en la vida de la Iglesia» y, finalmente, les hizo un llamamiento para «no sentirse mejores que los hermanos o excluir a los que piensan de modo diverso».
