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El lado de Sebas Guillem que nadie conoce: el bullyng, el duelo y el propósito que encontró en medio del dolor

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Por su brillante participación en Got Talent España, recientemente muchos descubrieron el talento de Sebas Guillem, pero lo cierto es que este joven artista lleva más de una década “pulseando” encumbrar su carrera musical, motivada por una niñez muy particular.

Hijo de padres colombianos, cantante, pianista y guitarrista, Sebas recuerda su infancia tal como describe su música: una explosión de vida, color y creatividad.

El hermano del medio creció junto a Gabriel y Jaime, su hermano menor, a quien tuvo que despedir de forma inesperada hace tres años. Sin embargo, los recuerdos permanecen intactos, grabados en su corazón.

En entrevista con La Nación, Guillem, de 29 años, habló de este y otros temas profundos y sensibles. Por un momento, su característica sonrisa dio paso a la introspección, para compartir aspectos íntimos de su vida que pocos conocen y que pocos, también, se atreverían a revelar.

“La formación y la importancia de mis papás ha sido todo. Mis primeros recuerdos de escuchar música fue mi papá poniéndome los discos en el carro y mi mamá llevándome a clases de break dance y de teatro”, recuerda Guillem.

Desde niño, sus padres fomentaron en él la libertad de crear y canalizar su energía. Hiperactivo por naturaleza, Sebas encontraba en la creatividad un espacio para enfocarse. Su madre, siempre inventiva, transformaba la casa en pistas de carros y escenarios para jugar, enseñándoles que la imaginación también puede ser una forma de amor.

“Mi infancia estuvo repleta de color, estuvo repleta de bendición. Pude ver la mano de Dios en cada área de mi vida. En esa época de formación y desarrollo cognitivo, creativo, espiritual y emocional, siempre estuvieron tanto mi papá, con su sabiduría, mentoría y provisión, como mi mamá, con su creatividad y su tiempo de calidad. Siempre digo lo importante que fue, además de Dios, obviamente”, comentó.

Su historia con la música comenzó a los 6 años, cuando su padre le regaló un teclado de juguete que enseñaba patrones de canciones. “Cada noche trataba de aprender algo para enseñarle a mi papá y él siempre me daba palabras de afirmación: ‘Sebas eres muy talentoso’, ‘eres capaz’, ‘dedícale más tiempo’, me decía”, rememora con ternura.

Ese apoyo nunca se ha ido. Hoy, sus padres siguen siendo sus fanáticos número uno y le recuerdan que su verdadera misión, más allá del arte, es llevar a Dios a los demás.

Vivió una época junto al mar, en la costa del Pacífico, donde asistió a una escuela experimental. Allí, incluso, dio clases de música cuando el profesor faltaba. Lideró la banda y aprendió inglés, lo que explica por qué muchas de sus composiciones también suenan en ese idioma. Mantenerse ocupado y enfocado en sus sueños fue, dice, lo que lo alejó de los vicios que acechan a tantos jóvenes.

“El ocio es el mejor amigo del vicio. Si no tenés un propósito claro del porqué estás haciendo lo que hacés, y tu espacio —ese que llamás un espacio seguro— no está rodeado de personas que te impulsen a ser una mejor versión de vos, es muy fácil perder el hilo de lo que estás haciendo”, aseguró.

Ha perdido amigos por adicciones, una realidad dolorosa que evita juzgar. En su caso, tener a Dios como centro ha sido su ancla, la fuerza que lo mantiene firme. Cree que los jóvenes necesitan espacios seguros para hablar de sus emociones y cuidar a quiénes permiten entrar en su casa, su vida, su corazón y su mente.

Sobreviviente de bullying

Al regresar a la capital, Guillem enfrentó uno de los años más difíciles de su vida: fue víctima de bullying. “En cualquier lado existe el bullying. Tenías que enfrentarte con la persona y creo que no hay cosa más fea que sentirte menos por cosas que las personas exponen de vos, sean reales o no...”, recordó.

Su cabello, los frenillos, el inglés o la estatura bastaban para ser objeto de burlas. Esa etapa lo marcó profundamente; incluso admite haber tenido pesadillas hasta los 25 años. Con el tiempo comprendió que la crueldad de los demás también refleja su propia formación y carencias.

En todo momento, su rendición a Dios ha sido esencial: “Es un tema de una postura, en la que estoy aceptando que no puedo hacer las cosas solo”, expresó. Para él, ceder el control y dejar entrar la bendición divina es parte de su rutina espiritual. “Él siempre está presente, es una promesa”, afirma.

El dolor lo acercó a Dios

Además de su talento artístico, Guillem posee un don especial: sentir la presencia de Dios en el dolor. “En el momento en que soltás en llanto o el quebranto, se forma una camita, una comodidad que trae Dios. Él la ofrece constantemente, pero permitirle entrar es otra cosa”, comenta con serenidad.

A lo largo de su vida ha enfrentado diversas pérdidas, pero ninguna tan devastadora como la de su hermano Jaime, fallecido el 14 de enero de 2023 por hipertrofia cardíaca no diagnosticada.

“Estuvimos como siete horas con él hasta que llegara el OIJ. Yo oré sobre su cuerpo. Fue una pesadilla... no quiero volver a algo así, no puedo, mi cuerpo no puede, mi mente tampoco”, relató.

Esa partida dejó preguntas sin responder, grietas que solo el tiempo y la fe logran sanar. “Hay muchas áreas grises de la partida de Jaime que nosotros como familia aún tenemos inconclusas... Muchas preguntas que solamente Dios sabe”, confiesa.

En lugar de reclamarle, Sebas eligió preguntarle a Dios qué quería hacer con ese dolor. “Solo decía: ‘No quiero cuestionarte, solo te pregunto: ¿qué querés hacer?... Me rindo a ti. No me tenés que decir nada; solo explícame qué querés hacer con esto’”, recordó.

Hoy siente que su participación en Got Talent fue parte de esa respuesta, pues numerosas personas que perdieron a un hermano o a un ser querido le escribieron para contarle que se identificaron con él y que, a través suyo, sintieron la presencia de Dios.

“La cantidad de personas que me han escrito... cada testimonio que me ha llegado... Ahí está la respuesta. Lo que está haciendo Dios se ve manifestado y fomentado ahí”, expresó emocionado. Transformar el dolor en arte se volvió su forma más sincera de sanar y conectar con los demás.

Un giro después del programa

Su audición en Got Talent España le valió el pase de oro y un lugar directo en la semifinal del programa. Desde entonces, su vida cambió por completo. Los medios lo buscan, la gente lo apoya y su sueño parece florecer más que nunca.

Hace una década renunció a su trabajo como profesor de inglés para dedicarse por completo a la música. Hoy, Sebas asegura convencido: “Creo que, más que la música, para mí una carrera musical es estar con personas. Amo a la gente. (...) Dios me trajo aquí para poder ser una representación de su amor”.

Sebas se siente honrado y agradecido, no solo por los logros, sino por poder compartir su mensaje en escenarios más grandes. “Estoy orgulloso de mí mismo; lo puedo decir con humildad y reconocimiento. Pero, más que eso, vivo muy agradecido con Dios y con la gente que me rodea”.

Aunque no tiene claro qué vendrá, sí sabe lo que desea: mantener la esencia y el corazón que lo han traído hasta donde está, además de ser ejemplo y ayuda para que otros artistas también puedan brillar. “Si a mí me han dado una voz para hacerlo, voy a sacarle todo el jugo y todo el provecho para ayudar a los demás”, afirma con convicción.

A quienes sueñan con dedicarse a la música, pero sienten miedo, les deja un mensaje: no menosprecien los procesos silenciosos. “A todo lo que le dediqués tiempo, eventualmente vas a ver frutos... Cada persona viene con una misión y un diseño único... La voz que vos tenés es única, porque fuiste creado por el creador, y esa voz te la dio el creador para dar un mensaje”, concluyó.

Aunque sus palabras estén cargadas de múltiples emociones, la sencillez de Sebas es lo que más resalta al tenerlo al frente. Su arte, al igual que su mensaje, se siente genuino y puro; por lo que más allá de conquistar el éxito internacional, su enfoque no es negociable ni depende de ovaciones o del visto bueno de Risto en Got Talent: ayudar, servir y llevar a Dios a quienes lo necesitan es todo lo que anhela.