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Álvaro Arbeloa y Juli Carmona: del pupitre del cole al banquillo del Real Madrid

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Es probable que Álvaro Arbeloa pueda recitar casi de carrerilla los libros que forman la Biblia. Lo que se aprende de memoria en el colegio se queda grabado en algún lugar del cerebro y lo podemos ir recitando durante toda la vida. Dabe Martínez, el profe, era duro. Aunque Religión, a finales de los años ochenta y noventa era una asignatura «maría», es decir, sin apenas importancia. Dabe, entonces un joven docente, exigía de verdad en el Colegio del Salvador, de los jesuitas, en Zaragoza.

Es ahí donde los adolescentes Álvaro Arbeloa y su amigo Julián (Juli) Carmona compartieron aula, estudios, listas de libros del Antiguo Testamento, risas y dudas juveniles y donde, probablemente, por mucho que imaginaran el éxito, por mucho que ambos, entonces inocentes futbolistas de recreo, se imaginaran triunfando, jamás soñarían que casi treinta años después seguirían juntos. Pero no en el pupitre, sino en el banquillo del Real Madrid.

«Hacíamos trabajos sobre el aborto, sobre la pena de muerte, trabajos de exposición oral, tenían que hablar en público y por otro lado les hacía aprenderse los libros de la Biblia», cuenta ahora Dabe Martínez. «Juli, o puede que su hermano Pablo, cuando me ven, me recuerdan los libros del Antiguo Testamento. Está claro que les hice ejercitar la memoria». Eran clases dinámicas, de mucha participación, con el objetivo de que se fueran espabilando y, por supuesto, que aprendieran. «Esa panda de amigos eran más serios, la disciplina se mantenía ‘‘per se’’ en clase, no había que estar echando broncas, no se salían de madre», recuerda.

Fútbol desde el colegio

El Colegio del Salvador tiene ahora dos campos de fútbol de hierba entre varias instalaciones deportivas. Cuando Juli Carmona, el segundo entrenador del Real Madrid, y Álvaro Arbeloa estudiaban allí, eran de tierra, de esos que cuando te caes es inevitable hacerte una herida, de la que luego sale costra. A veces, se queda para siempre. «Cuando pienso que vivo de lo que hacía en el recreo, imagínate», contaba Arbeloa en una entrevista en Jot Down. «Los recreos eran un clásico eterno. Ahí se ganaba por lo civil o por lo criminal. Tres clases jugando en el mismo campo, tres balones diferentes. Empapados de sudor, empujándonos con todos. De allí no era tan importante salir ganador como salir vivo», seguía contando cuando, frente a Manuel Jabois, se permitió un poco de nostalgia e intimidad, lejos de la rigidez con la que todavía se dirige a los periodistas en sus primeras conferencias de Prensa como entrenador del Real Madrid. Por el Colegio del Salvador también han pasado, aunque años después, Ander Herrera, Enrique Clemente, que está jugando en Las Palmas, el atleta Carlos Mayo y la jugadora de baloncesto Irene Lahuerta. O el director de la Estrella Azul, Javier Macipe.

En estos tiempos de Arbeloa y Carmona (y también de su mujer Carlota Ruiz, compañera de generación), en esos coles donde aún se cursaba EGB, las aulas se poblaban con ratios de casi 40 alumnos (quince más de lo que la ley marca ahora). Cuando los estudiantes llegaban a la adolescencia las clases, además de desprender un inconfundible olor a tigre, podían convertirse en lugares de pura supervivencia, con algunos estudiantes a los que no era fácil controlar. Se mezclaban repetidores con niños más ingenuos, los callados con los que ya se afeitaban, los de atrás y los que tomaban apuntes en la parte de delante.

Suspenso en matemáticas

Pero Arbeloa, Juli y su panda eran de los buenecillos. «Álvaro era uno de los alumnos con una mejor cabeza, era muy inteligente. Pero le dedicaba mucho tiempo al fútbol», aseguraba Manuel Magdaleno en un reportaje que le hizo el Heraldo de Aragón cuando Arbeloa volvió como campeón del mundo. Hoy en un cargo político, Magdaleno, entonces, era profesor. «Suspendió las mates en una evaluación y le cité para una entrevista. Le dije que lo del fútbol estaba muy bien, pero que no debía descuidar los estudios porque era muy difícil llegar a Primera y comer del fútbol. Para mi sorpresa, me dijo: ‘‘Yo ya sé que no viviré del fútbol. Si a mí no me gusta. Lo hago por mi padre’’. Llamé inmediatamente a su padre, Agustín, con quien mantengo una buena relación, y le conté la historia. Nos pusimos a reír los dos y me contestó: “Es un jeta”», seguía contando al periódico aragonés.

Dabe Martínez recuerda que Arbeloa destacaba en el equipo de fútbol del colegio. Era un delantero que se aprovechaba de su buen físico para cazar bastantes goles. Juli Carmona jugaba menos porque, físicamente, era más pequeño que sus compañeros. Era el Juli, porque era el Julianito.

Vidas paralelas: la fama y el anonimato

Arbeloa persistió como futbolista, entró en la cantera del Real Zaragoza y le salió la oportunidad del Real Madrid. Para convencer a sus padres de que había un plan B si eso del fútbol no salía, hizo que estudiaba Publicidad y, después, Empresariales. Pero el plan del fútbol resultó ser el plan bueno.

Para Juli no fue tan fácil. Si su amigo del cole vivía el deporte y la fama de la élite, Carmona peleó en el otro tipo de fútbol: el Escalerillas o el Peñas Oscenses, de la Preferente de Aragón, mientras estudiaba, de verdad, Educación Física en la Universidad de Zaragoza y un Máster de Alto Rendimiento en Barcelona. Fue preparador físico de varios clubes, se marchó a China, volvió para seguir trabajando, entre otros, con el Teruel. La vida anónima de los que no llegan. Su amigo Álvaro, mientras, pasaba por el Dépor en La Coruña, Liverpool y disfrutaba del Bernabéu y de Mourinho.

Caminos distintos y lejanos, pero que conservaban algo en común: esos hilos que sin proponérnoslo tejemos en la adolescencia, cuando la amistad no tiene intereses... Más todo lo que habían aprendido en el colegio. «La exigencia personal, el trabajo, la superación», enumera el profesor Dabe Martínez. «Esa perseverancia, la constancia, esos valores que tienen que ver con la familia, con la forma de ser, pero también con la educación». Quizá por eso, tanto Juli como Álvaro han participado en numerosas carreras muy exigentes, que exigen cabeza y físico. Por eso, todavía, Juli sale a correr sin mirar si ya ha salido el sol, llueve o hiela. Quizá por eso han llevado con tranquilidad el huracán de estas semanas: la noche en Albacete, la tarde volcánica en el Bernabéu contra el Levante o la redención del Mónaco.

Reencuentro en Valdebebas

Cuando Arbeloa, tras retirarse y pasar un tiempo alejado del césped, se convirtió en entrenador en las categorías inferiores del Real Madrid seguramente no tardó mucho en decidir quién iba a ser su compañero de viaje, de repente tan vertiginoso.

Esta noche, se juegan mucho en Villarreal: que los madridistas crean en su proyecto. Necesitan una victoria que confirme que pueden sacar adelante a un Real Madrid hasta hace poco tan dubitativo. Puede ser más duro que aprenderse en qué posición de la Biblia se sitúa el Deuteronomio.

Y pasado mañana, cuando Dabe Martínez entre en el aula y los alumnos le pregunten, otra vez, si es verdad que les dio clase, puede que aproveche para decir que al igual que con Juli o Álvaro, a ver si de esta generación sale una premio Nobel, un poeta, un actor o una campeón del mundo.

O mejor, podrá decirles: un amigo que te acompañe toda la vida.