Canciones tristes, etcétera
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No he podido comprobar la anécdota de esos dos viejos amigos que se reencuentran después de un tiempo y, sentados en un banco –es otoño, creo, al menos en sus vidas: pongamos que es un miércoles cualquiera, y que el cielo está nublado, y que llevan gorro–, no tardan en empezar a reavivar sus nostalgias. —¿Te acuerdas? —… —Éramos tan felices que no dejábamos de escuchar canciones tristes. —Ya… La juventud es juventud porque se derrocha. En otra historia –esta sí la he contrastado– un hombre que está a punto de cumplir treinta se despierta tarde, quizás con una resaca leve, como de cervezas sin cenar, y mientras busca las ganas para salir de la cama descubre en Spotify que... Ver Más
