Íñigo Onieva revela el secreto del club privado que redefine el lujo en Madrid
Un nuevo paradigma en el ocio exclusivo de Madrid
La apertura de VEGA Members Club en el corazón del Barrio de Salamanca marca un punto de inflexión en la escena social y empresarial de Madrid. Su fundador, Íñigo Onieva, describe el proyecto como algo más que un club: “Un lugar de pertenencia exclusivo donde la vida social, profesional, cultural y gastronómica conviven de forma natural”. Este enfoque ha atraído la atención de empresarios, creativos y líderes internacionales que buscan un entorno distinto al de los espacios de networking tradicionales.
El club se ha concebido para ser un punto de encuentro cotidiano, no solo un lugar al que acudir de forma esporádica. Su filosofía gira en torno a la creación de una comunidad sólida y de alto valor, con una selección de miembros que comparten una visión afín del tiempo, las relaciones y el ocio.
Acceso bajo criterio selectivo
A diferencia de muchos clubes privados convencionales, el acceso a VEGA no es abierto. La pertenencia se articula principalmente a través de invitación de un miembro fundador o por recomendación de dos miembros ya existentes. Además, el club acepta solicitudes a través de su sitio web, que son evaluadas por el Comité de Admisiones para asegurar que aporten un valor diferencial a la comunidad.
Onieva explica que esta selectividad busca construir una comunidad coherente y diversa, con un objetivo claro: preferir la calidad sobre la cantidad. Por ello, el club tiene límites definidos en su estructura de membresías, incluyendo un máximo de 100 Miembros Fundadores, 300 Miembros Individuales y 100 Membresías Corporativas, lo que refuerza la exclusividad y el valor del acceso.
Un espacio pensado para múltiples experiencias
VEGA ocupa casi 1.000 metros cuadrados en Lagasca 88, una de las direcciones más codiciadas de Madrid. El diseño interior, firmado por Lázaro Rosa-Violán Studio, crea ambientes diferenciados que incluyen zonas de restauración, áreas de trabajo, salones y espacios privados, todo ello con techos de más de cuatro metros de altura que enfatizan la amplitud y la sofisticación del lugar.
El objetivo, según Onieva, fue inspirarse en clubs internacionales de Londres o Nueva York, pero adaptando el modelo a la forma de vivir y relacionarse en Madrid. “No queríamos un club grande, sino un gran club”, afirma, destacando la importancia de la experiencia diaria de los miembros.
Privacidad como valor fundamental
Una de las normas más distintivas de VEGA es la gestión consciente del uso de los teléfonos móviles. Aunque no se prohíbe su uso por completo, sí se limita estrictamente la toma de fotografías o grabaciones dentro del club. Esta regla nace de la preocupación por fomentar un ambiente de tranquilidad y discreción, donde los miembros puedan interactuar sin sentir que están siendo grabados o expuestos en redes sociales.
Este enfoque refuerza la cultura de confidencialidad que caracteriza a los espacios verdaderamente exclusivos y hace de VEGA un lugar donde el anonimato y la libertad de interacción son pilares tan fuertes como su oferta de servicios.
Una oferta social, cultural y gastronómica integrada
La propuesta gastronómica de VEGA es un elemento clave del proyecto. Más allá de ser un club con opciones culinarias, se ha desarrollado una oferta que cubre distintos momentos del día y estilos de experiencia. Con tres conceptos diferenciados —Casa Vega, Vega y Totó— los miembros pueden elegir desde opciones más relajadas hasta experiencias culinarias sofisticadas.
La bodega del club y el Wine Club representan otra dimensión de la experiencia social. Diseñados para los amantes del vino, estos espacios permiten que la gastronomía se convierta en una forma de conexión social profunda, a través de degustaciones y encuentros enológicos exclusivos.
Conectividad profesional sin forzar el networking
Otro de los pilares de VEGA es facilitar conexiones profesionales de forma orgánica. El diseño del club incluye espacios de trabajo, salas de reuniones y zonas comunes que propician conversaciones espontáneas. A esto se suma una agenda continua de encuentros culturales y profesionales que, en palabras de Onieva, fomentan las relaciones sin imponer un formato de networking tradicional.
Este equilibrio entre trabajo y ocio es lo que, según la dirección del club, sitúa a VEGA como un espacio donde se puede trabajar, celebrar, desconectar y socializar sin cambiar de lugar. La idea es que los miembros vean el club como una extensión natural de su día a día.
Ubicación estratégica en la Milla de Oro
Lagasca 88 no fue elegida al azar. Situado en plena Milla de Oro de Madrid, este enclave combina prestigio residencial, comercio de lujo y presencia corporativa. En un radio de pocos metros se encuentran fondos de inversión, despachos de banca privada y bufetes de abogados de relevancia nacional e internacional.
Este contexto corporativo es un componente clave para VEGA, ya que ofrece a sus miembros un entorno donde celebrar reuniones de trabajo en un espacio representativo, recibir a clientes o simplemente integrar su vida profesional y personal en un mismo lugar con una experiencia impecable.
Diseño con alma y personalidad
La elección de Lázaro Rosa-Violán como director creativo del interiorismo responde a la intención de dotar al club de una identidad propia y diferenciada. Onieva describe al diseñador como alguien que comprende profundamente la experiencia del cliente y sabe cómo crear espacios con alma y carácter. El resultado es un lugar que compite con los mejores clubes y lounges a nivel internacional, sin perder la esencia local.
En conjunto, VEGA Members Club representa una visión renovada del ocio exclusivo en Madrid: un espacio donde la experiencia de comunidad, privacidad, gastronomía y profesionalidad se unen para redefinir lo que significa pertenecer a un club privado en el siglo XXI.
