Guardiola al son de «La Yenka» de Vox: adelante, detrás
Fue en los años 80 cuando llegó a España «La Yenka», en las voces de Enrique y Ana. La versión infantil de una canción que se había popularizado mucho antes, a mediados de los 60, en el Reino Unido. La cantó el dúo Johnny and Charley. Y la bailó primero todo el mundo anglófilo. Tiempo después, el hispano. Típico fenómeno veraniego. En las verbenas, en las discotecas, en las bodas, en los colegios. Los españolitos rápidamente asimilaron la letra pegadiza y, sobre todo, hicieron suya una coreografía de lo más sencilla. La misma que ahora parece dictar Vox a María Guardiola en su pintoresca negociación para conformar un gobierno de coalición en Extremadura.
El resultado de las elecciones del 21 de diciembre arrojó un panorama endiablado para dos contrapartes que parecen obligadas a entenderse cuando, en realidad, lo que les pasa es que no se soportan. Ayer, se constituyó la Asamblea autonómica y, para sorpresa de nadie, el titular final fue el desencuentro entre PP y Vox. Y eso que la intención de la presidenta de la Junta en funciones era llegar al primer día de la legislatura ya con un acuerdo debajo del brazo para dar certidumbre a la región. Pues lo que hay ahora mismo es una ruptura que Vox anunció el lunes, cuando toda España se encontraba sobrecogida por la tragedia de Adamuz. Pero luego dijo que no, ahora parece ser que sí, o que no, y ya casi ni los protagonistas saben si están o han roto. Un enredo que se veía venir en campaña.
Basta tirar un poco de hemeroteca para recordar la colección de amables adjetivos calificativos que se dedicaron mutuamente Santiago Abascal y María Guardiola: «Feminazi, la Irene Montero de Extremadura, turista, machista». Total, que ayer se activó el reloj electoral para la investidura y no hay visos de entendimiento por ningún lado.
Y eso que para la constitución de la Asamblea regional, el PP tuvo un gesto con Vox y le cedió un puesto en la mesa, para no romper los puentes. La cosa es que en la oferta inicial que Guardiola había trasladado al equipo negociador del partido verde, conformado por el candidato autonómico, Óscar Fernández, y la emisaria de Madrid, Montserrat Lluis, secretario general adjunto, figuraba un puesto bien codiciado: la presidencia del legislativo, además de la entrada en el ejecutivo, con una vicepresidencia y las respectivas consejerías –dotadas de presupuesto–, y una serie de políticas a aplicar.
Pero... los mandos de Vox, por orden de Santiago Abascal, que es quien de verdad domina la escena, arrugaron el papel un día antes de la constitución de la Asamblea. Y el partido filtró a la prensa un portazo que, desde luego, sonó como un signo de interrogación. Aunque luego se retractó. Dijo que de ruptura nada de nada y culpó a Guardiola de ser la mala en esta relación.
El desenlace: el PP se quedó con la presidencia de la Asamblea. Y Vox, con la secretaría primera. Un puesto que le sabe a «migajas». Acabada la sesión y en declaraciones a la prensa, la presidenta de la Junta en funciones reprendió al partido verde: «Lo que no se puede entender nunca es que un partido que ha quedado el tercero, con un 17% de los votos, que nosotros respetamos, negocie como si hubiese ganado las elecciones pretendiendo que se cumpla la totalidad de su programa electoral».
Según su versión, hasta hace escasamente días seguían las conversaciones para «llegar a un acuerdo global para dar estabilidad a esta región» que, finalmente, «no ha sido posible». Para estupor suyo. «Vimos en los medios que Vox rompía, suspendía o como lo quisieran llamar, y la verdad es que nos sorprendió bastante porque el tono de las reuniones y el diálogo siempre había sido desde la cordialidad y el respeto y haciendo concesiones».
Quiso poner especial énfasis Guardiola en la generosidad de su oferta: «Hemos negociado ofreciendo puestos en el legislativo, en el ejecutivo, acordando muchas de las políticas que Vox quiere poner en marcha y acompañadas por el presupuesto». Y apeló a «la responsabilidad» para regresar a un diálogo en el que decirse a la cara «las cuestiones» que se tengan que decir. «Desde el respeto, bajando el suflé» y sin filtraciones. «Seguimos tendiendo la mano y me voy a poner en contacto con el equipo negociador de Vox para seguir avanzando». Después, turno para Óscar Fernández. «La señora Guardiola no quiere cambios, y está metiendo a Extremadura en un callejón sin salida».
Una vez más, Extremadura como sede nacional de las diferencias entre PP y Vox. Por mucho optimismo que quiso infundir Guardiola a su declaración, la verdad es la que es y, como decía Machado, «sigue siendo verdad aunque se piense al revés». Y es que Abascal no pidió en campaña su cabeza por casualidad. La quiere colgada en una pica. Entiéndase la metáfora. Entretanto, la letra dice así: «Izquierda, izquierda, derecha, derecha. Adelante, detrás un, dos, tres». Y otra vez. «Adelante, detrás». Faltaría por añadir: «Repetición electoral».
