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El icónico local que marcó a toda una generación en Canarias reabre

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Un símbolo culinario de Las Palmas que marcó época

Durante los años 80, 90 y principios de los 2000, Ricardog fue mucho más que un local de comida rápida: era punto de encuentro, tradición urbana y parte del imaginario colectivo de varias generaciones. Su propuesta sencilla y efectiva —perritos calientes de gran tamaño y sabor inconfundible— convirtió a este pequeño negocio en un fenómeno social en Las Palmas de Gran Canaria.

Con el paso del tiempo y el auge de nuevas tendencias gastronómicas, Ricardog cerró sus puertas, dejando tras de sí una legión de nostálgicos. Sin embargo, su recuerdo permaneció latente en la memoria de quienes lo frecuentaron.

Una reapertura con guiño al pasado y mirada al futuro

La nueva etapa de Ricardog arranca en la calle Ruiz de Alda, una ubicación estratégica en pleno centro de la ciudad. Sus nuevos promotores han recuperado la esencia de la marca original —el nombre, la estética y su icónico perrito con mostaza y kétchup—, pero también han apostado por una renovación adaptada a los tiempos actuales.

La carta incluye versiones clásicas, pero también incorpora nuevas propuestas con ingredientes de mayor calidad, opciones vegetarianas y mejoras en el pan, adaptándose así a un público más amplio y exigente.

Una generación que lo recuerda… y otra que está por descubrirlo

El fenómeno Ricardog no es solo gastronómico. Para muchos canarios, representa parte de su juventud, de sus salidas nocturnas y de su vida cotidiana. Ahora, esta nueva etapa aspira a conquistar también a los más jóvenes, que quizás no vivieron la primera etapa del local, pero que buscan experiencias auténticas y con historia.

La identidad visual del nuevo Ricardog mantiene guiños al pasado, como el uso de tonos retro y cartelería inspirada en sus años dorados. Sin embargo, la experiencia de consumo ha sido modernizada: se acepta pago digital, el servicio ha sido agilizado y el local está acondicionado con diseño funcional.

Una reapertura que no es casual

La reaparición de Ricardog coincide con un momento de auge para los proyectos gastronómicos que apelan a la nostalgia. En muchas ciudades, marcas históricas están siendo recuperadas por nuevos empresarios que buscan conectar emocionalmente con los consumidores a través de la memoria colectiva.

Este fenómeno ha demostrado tener éxito en Canarias, donde los conceptos de identidad, tradición y orgullo local tienen una enorme fuerza de atracción.

Expectación en redes y primeras colas en el local

Desde que se difundió la noticia de la reapertura, las redes sociales se han llenado de mensajes de entusiasmo. Decenas de personas han compartido fotos antiguas, anécdotas y recuerdos asociados a Ricardog, generando una comunidad espontánea que ha reforzado aún más el impacto del regreso.

En sus primeros días de funcionamiento, el nuevo Ricardog ha registrado largas colas y una alta demanda, lo que confirma el interés real del público por volver a disfrutar de un producto que forma parte del ADN urbano de la ciudad.

Una marca histórica que busca consolidarse de nuevo

Más allá del golpe emocional de su regreso, Ricardog afronta el reto de consolidarse en un mercado mucho más competitivo que en sus orígenes. La clave estará en mantener la calidad, cuidar su legado y adaptarse sin perder su esencia.

En definitiva, Ricardog ha regresado a Las Palmas de Gran Canaria con fuerza y con una propuesta que combina recuerdo, sabor y reinvención. Y todo indica que su segunda vida acaba de empezar.