José Manuel Ruiz toma la Cámara Bufa de Toledo
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Desde este jueves, 22 de enero, y hasta el 28 de febrero, la Cámara Bufa de Toledo acoge 'Gabinete de un intervalo', el nuevo proyecto artístico de José Manuel Ruiz (Toledo, 1984), artista, docente e investigador, que regresa a su ciudad para presentar una instalación concebida específicamente para este enclave singular, excavado junto al muro medieval del convento de la Inmaculada Concepción, en la plaza de las Concepcionistas. No es una exposición al uso . Es una instalación de arte contemporáneo que no se impone al espacio, sino que dialoga con él. «No voy a destriparlo», adelanta el artista. «El arte se produce desde lo inesperado». Y en la Cámara Bufa —un lugar concebido originalmente para permitir la respiración del muro, para que el aire circule y la piedra permanezca seca— esa idea cobra una dimensión casi física. La Cámara Bufa no es solo un contenedor, será parte esencial de la obra. Situada bajo la plaza de las Concepcionistas, paralela a la fachada del convento y a escasos metros de la plaza de Zocodover, este espacio subterráneo gana altura a medida que se avanza en su interior, hasta alcanzar casi seis metros. A un lado, el muro medieval desnudo; al otro, el plano adaptado para la exhibición artística. Historia y contemporaneidad conviven en tensión. Ese carácter aislado, casi introspectivo, conecta directamente con el concepto que da nombre a la instalación. 'Gabinete de un intervalo' remite a los antiguos gabinetes de arte del Renacimiento, aquellas colecciones privadas que príncipes y aristócratas reunían en estancias cerradas con llave, lugares de retiro, contemplación y pensamiento. Precursores del museo moderno, pero también espacios mentales, íntimos. «El gabinete era un lugar donde el propietario se retiraba a pensar el mundo rodeado de las obras que más le importaban», explica Ruiz. «Era un espacio aislado dentro del propio palacio. Esa idea de aislamiento es clave aquí. La cámara también busca ese aislamiento». En ese cruce entre arquitectura, historia y pensamiento se sitúa la propuesta: generar un lugar donde algo está ocurriendo o ha ocurrido, una escena que no se explica, pero que interpela. «Me interesa que el espectador se haga preguntas sobre ese suceso», señala. A diferencia de otras instalaciones del artista, donde el arte sonoro tiene un peso central, en esta ocasión la música desaparece. La decisión no es casual. Gabinete de un intervalo está concebido para el silencio armonioso, para la reflexión pausada. El espacio manda. El muro respira. Y el espectador escucha, sobre todo, su propio pensamiento. La obra se adapta al entorno sin invadirlo, sin clausurarlo. No hay estridencia ni espectáculo. Hay una atención casi arqueológica al lugar y a lo que puede emerger en él. Para José Manuel Ruiz, esta exposición tiene también un componente biográfico. Es un regreso a Toledo, su ciudad natal, donde con solo 18 años realizó su primera exposición mientras estudiaba Bellas Artes en Cuenca. Aquellos dibujos mostrados en la sede de la Caja Rural marcaron el inicio de una trayectoria que desde entonces ha transitado entre el arte, la docencia y la investigación, y que se ha desplegado internacionalmente. Ligado también a la música y a proyectos escénicos —como el premiado 'Tratado sobre la belleza', llevado a las tablas del Teatro de Rojas— su carrera le ha llevado a Ecuador, donde fue profesor titular y director de posgrado en la Universidad Central, y actualmente a Madrid, como profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Nos atiende por teléfono desde Madeira, donde acaba de inaugurar en la Galería Tratuário de 'Funchal Fala-me do subsolo' (2026), una instalación que explora una geografía subterránea, física y simbólica, donde el subsuelo funciona como metáfora de tránsito y desvelamiento. Allí, materia y tecnología se funden para proponer una estética de la excavación, un descenso ontológico «hasta lo más hondo», donde la vulnerabilidad se transforma en potencia. Ese interés por lo subterráneo, por lo que no se muestra a simple vista, dialoga de forma natural con la Cámara Bufa y con esta nueva propuesta en Toledo. El crítico de arte de ABC Fernando Castro Flórez ha definido la obra de Ruiz como «lúcidamente intempestiva», subrayando que su contemporaneidad es «antagónica al presentismo». «Su misterio —escribe— nos interroga, horada las certezas, mete la cabeza en lo inquietante, ilumina y ensombrece el pasar de las cosas que (nos) pasan». Esa descripción podría funcionar como una clave de lectura para Gabinete de un intervalo. No hay urgencia ni respuesta inmediata. Hay una invitación a detenerse, a habitar el espacio y el tiempo de otra manera. La Cámara Bufa —cuyo nombre procede del verbo bufar, soplar— fue concebida para crear una corriente de aire que protegiera el muro del convento de la humedad. Hoy, convertida en espacio expositivo, mantiene esa función simbólica: permitir que algo circule, que algo respire. Entre la piedra medieval , la instalación contemporánea, se va a hacer presente. Quizás, al salir, algo ya no será todo igual. Habrá que verlo.
