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Antonio Serrano: «Nunca me han insultado tanto en redes como cuando publiqué la foto con Pedro Sánchez»

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El madrileño Antonio Serrano, diez discos ya en su haber, recibió el año pasado el Premio Nacional de Músicas Actuales, el cual concede el Ministerio de Cultura a través del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música). El exotismo de este músico es incontestable: existen pianistas de prestigio, guitarristas, violinistas, saxofonistas e incluso bateristas, pero no intérpretes de armónica. ¿Es ese instrumento la Cenicienta de la música? «Es verdad –explica– que respecto a los otros instrumentos siempre me he sentido como se sienten a veces las mujeres en el mundo laboral, que tienen que demostrar el doble que un hombre para recibir la misma recompensa. Yo he tenido que demostrar el doble que cualquier otro instrumentista porque la armónica es un instrumento que no está para nada aceptado todavía, y me ha costado un gran trabajo conseguir un poco de reconocimiento y de respeto. No por parte de la profesión, que es más objetiva, sino del público». Y aprovecha para subrayar su condición de «rara avis» en la escena musical española: «En mi especialidad, que es la armónica cromática, creo que soy el primer armonicista totalmente profesional que ha habido en España. Hubo algunos otros de blues que aparecieron antes, pero en armónica cromática, si no me equivoco, soy el primero que ha hecho una carrera en el instrumento». Esa circunstancia, saberte único en tu género, tiene que ser reconfortante, pero al mismo tiempo debe producirle un marcado sentimiento de soledad: «En el instrumento me he sentido muy solo durante toda mi vida, sí, a pesar de que en el mundillo se me conoce desde muy pequeño porque tuve la suerte de tocar con Larry Adler, que era como el Sabicas de la armónica, con solo 13 años. Se fijó en mí y toda la profesión de la armónica me conoce desde entonces y me he sentido bastante acogido». ¿Fue un niño prodigio, una Marisol de la armónica? «Ja, ja, ja. No sé si fui un niño prodigio –reflexiona–, pero sí que fui muy precoz. Siempre he pensado que soy el resultado satisfactorio de un experimento pedagógico de mi padre, que era un tipo muy particular que experimentó conmigo y le salí bien. Él me enseñó y me ayudó todo lo que pudo, pero no fue un tirano. De hecho, cuando mis hermanos y yo éramos pequeños teníamos un grupo de armónicas y en esa época estaban de moda Parchís, Enrique y Ana y un montón de grupos infantiles, y algunos de los mánagers que llevaban a esos grupos se entrevistaron con mi padre y nunca llegamos a trabajar con ellos porque mi padre les exigía que respetaran nuestro calendario escolar y a ellos lo que les interesaba era tenernos girando todo el año. Mi padre protegió mucho nuestra infancia –prosigue–. Y siempre he pensado que si no hubiera sido por el amor tan grande que él tenía hacia la música, y hacia la armónica concretamente, es casi seguro que mi vida hubiera ido por otro camino. Y se lo agradezco, porque he tenido una vida muy buena».

«He tenido que demostrar el doble que cualquier otro instrumentista porque la armónica no está para nada aceptada todavía»

Serrano trató de cerca a[[LINK:TAG|||tag|||633613025c059a26e23f76c4||| Paco de Lucía]], no solo como músico sino también en el plano personal, y eso hace que en todas las entrevistas que se le hacen se vea obligado a hablar de él largamente. ¿Le llega a pesar o es siempre un privilegio? «No, no: es un privilegio que te pregunten por un genio a quien he tenido la suerte de tratar personalmente y de haber girado con él. Nunca me ha molestado para nada que me pregunten sobre Paco de Lucía o Toots Thielemans, puesto que ambos me han marcado. Son mis inspiraciones, mis maestros. Creo que he conocido de cerca a dos genios, Larry Adler y Paco de Lucía. Y Paco consiguió lo que se espera de un genio, que es asimilar toda la tradición a una edad muy temprana y proponer algo nuevo en cada obra que se queda como tradición y que las generaciones posteriores lo utilicen como referencia. No sé qué más se le puede pedir a un ser humano».

«Soy el resultado satisfactorio de un experimento pedagógico de mi padre, que era un tipo muy particular»

La «densidad» del flamenco

Pese a que se inició como músico clásico, enseguida dio el salto al jazz y luego entró en el mundo del flamenco como un medio de vida. ¿Ha terminado incorporando ese género a su esencia? «Lo intento. Creo que un hándicap que ha tenido mi generación es que no se nos ha fomentado la música española. En los conservatorios nos hacían tocar a Bach, Beethoven, Mozart, Béla Bartók, y en la música popular nos hacían escuchar a grupos británicos y americanos. Y creo que lo más representativo de la música española es, sin duda, el flamenco. Es la música más densa y más extensa que tenemos. Me ha costado y me sigue costando aprenderla, entenderla y asimilarla. Pero seguiré el resto de mi vida intentando incorporarla a mi manera de tocar, porque creo que es un deber de cada uno beber de la tradición de su música».

A este músico le ha venido muy bien ofrecer conciertos con vocalistas de prestigio para ampliar su público, puesto que el músico estrictamente puro está más limitado para llenar recintos: «Eso es cierto, pero quizá no sea la razón principal por la que yo he llamado a cantantes. Creo que detrás de todo buen instrumentista hay un cantante frustrado y, de alguna manera, yo también lo soy. Y tener una voz por delante de ti y acompañarla es una sensación maravillosa. En las sesiones que hice con Rita Payés, Sole Giménez o Pasión Vega vino a verme gente que no venía habitualmente a mis conciertos, claro, porque el público de la música vocal es mucho más amplio que el de la música instrumental».

«Paco de Lucía consiguió lo que se espera de un genio, proponer algo nuevo en cada obra y que las generaciones posteriores lo utilicen como referencia»

Serrano coincidió en Radio 3 con el presidente del Gobierno, ¿cómo resultó esa experiencia? «Fue muy emocionante porque no me lo esperaba. Y porque esa emisora hizo coincidir de alguna forma la visita del presidente con mi grabación de los conciertos de Radio 3, pues él había mostrado cierto interés en saludar y conocer al Premio Nacional de Músicas Actuales. Con que, imagínate, me dio una alegría enorme. Es la primera vez que conozco a un presidente del Gobierno de cualquier país, y eso me parece algo muy bonito. Pero también tengo que decir –añade entre risas– que nunca me han insultado tanto en redes sociales como cuando publiqué la foto con Pedro Sánchez». ¿Entiende esos insultos teniendo en cuenta la crispación política que vivimos? «Ja, ja, ja. Claro. Pero es que si esa energía que gastan en insultarme a mí la utilizaran en hacerle la zancadilla a Sánchez, pues a lo mejor ganarían más. Pero me encanta –añade, irónico– que me hayan insultado, porque hasta que la gente no empieza a insultarte y a hablar mal de ti no eres nadie».

Soplos de vida

Por Javier Menéndez Flores

Ahí lo tienen: las manos juntas, pegadas a la cara, y los ojos cerrados, mientras sus pulmones son dos soldados al servicio del arte. Y así durante horas, sobre un escenario, porque la belleza puede nacer de las formas más diversas y soplar y aspirar es una de ellas. Mírenlo, no dejen de hacerlo: el cuerpo se encoge, la cabeza tan pronto se inclina como se yergue, es un hombre que parece que lucha, que se bate en duelo consigo mismo. Pero lo cierto es que, a su manera, ese armonicista solo está cantando. Y quien canta, celebra. Siempre. Sí, incluso desde la orilla en llamas del dolor.

En el parque Bami, a un parpadeo del mar tempestuoso de la calle Alcalá, no había otra responsabilidad que la de ejercitar la salud que lleva consigo la infancia. Aunque por entonces ya había empezado la aventura de la música, que terminaría ocupándolo todo. Y hoy, varios siglos después, Toots Thielemans continúa siendo lo que siempre fue, un libro inagotable: sus ideas, su música, queman igual que la primera vez que lo probaste, y con ese espejo delante lo difícil es no acabar encontrando oro. Pero a veces conviene bajarse de esa cima para no caer en el empacho, ya que el placer, para que siga cumpliendo su función, debe racionarse.

No persiguen otro propósito las canciones que el de contar historias, y la música instrumental pertenece en cambio a un mundo más pequeño y empinado que no te bombardea con un mensaje, que no te miente ni te camela, que no es para todos los públicos. Solo que si te animas a relajarte y dejarte hacer, te garantizo un viaje en el que pueden suceder un millón de cosas. Y esa armónica que en el jazz tiene llaves de casa propias, en el flamenco es igual de intrusa que una guitarra eléctrica en una orquesta sinfónica. Eso no significa que no lo pueda enriquecer y, de hecho, Paco eso lo vio clarísimo.

Y se reía y se ensimismaba el de Algeciras igual que tocaba, con un arte sin fisuras. Y a su lado todo parecía mucho más sencillo de lo que era, pues los sabios suelen transmitir una paz que contradice la batalla que llevan dentro. Qué espectáculo era verle en acción, remando contra la corriente y saliendo ileso del envite. Aquellas manos prodigiosas obedecían a una cabeza que jamás dudó cuando de lo que se trataba era de atravesarle la carne al miedo con su espada de madera. Bendito sea el talento y alabado sea el genio, que es un talento de puntillas.

Transcurren como las agujas de un reloj los escenarios y los reconocimientos, aunque nada de eso parece alterar tus pulsaciones. La música, cuando el papel se vende y la gente te acompaña, es el mejor trabajo del mundo. Y mientras otros necesitan un estuche grande o una maleta para trasladar su herramienta de trabajo, tú la llevas en el bolsillo, como una pistola, y al desenfundarla sientes lo mismo de siempre: esa mezcla de frío y ligereza. Antonio, la melena en danza, se lleva el hierro a los labios para dejarle a su imaginación que deletree libremente el nombre de sus demonios o de sus ángeles custodios.

Hace ya tiempo que no lloras con la música, pero conoces como nadie esa sensación y ojalá volvieras a experimentarla con una mayor frecuencia. Aunque cuando suena la melodía de «What a wonderful world» todo empieza a girar y te sabes en el corazón del vórtice. Y asumes que por mucho que te resistas te va a arrastrar, te va a absorber, vas a ser vencido.