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«El PSOE debe ser más moderado en sus formas»

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Hay algunos socialistas decididos a abrir las ventanas de su partido para que entre aire fresco tras casi una década de férreo control por parte del secretario general, Pedro Sánchez. Y Juan Lobato (Madrid, 1984) es uno de ellos. El exlíder de los socialistas madrileños, dedica su tiempo al Senado, donde conserva su escaño, a su familia y a dar su particular visión del PSOE. También a escuchar a todo aquel que tenga algo que aportar para arreglar un futuro apocalíptico que ya es presente. El exalcalde de Soto del Real, donde se encuentra la prisión en la que duerme el exministro José Luis Ábalos, está encantado con el debate que, poco a poco, empieza a abrirse en el partido sobre el rumbo que lleva. A Lobato le encantan los manifiestos de compañeros que le recuerden a Sánchez que Ferraz no es su casa. Recibe a LA RAZÓN en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

¿Qué está pasando dentro del Partido Socialista?

Se le está dando naturalidad a la reflexión, al análisis... También a la autocrítica interna. Yo, siendo secretario general del PSOE en Madrid, me hinché a decir que quien fuera crítico y tuviera visiones distintas, que lo dijera. Eso es una fortaleza de las organizaciones y no una debilidad.

Ha sido de los pocos que han apoyado públicamente el manifiesto de Jordi Sevilla. ¿Por qué?

También apoyo el manifiesto de las 600 compañeras que han planteado que tenemos que tener un PSOE menos machista. Y me lo digo a mí mismo. También el de Izquierda Socialista de hace unas semanas sobre la paz en Palestina, que también decía cosas muy sensatas. Todo lo que sea gente que se para a reflexionar, a opinar, a proponer... me parece un valor enorme para el partido. Y lo que hay que hacer es fomentarlo. Eso es un síntoma de pulso de la organización, de ambición de país. Es una muy buena noticia para el PSOE que haya 600 mujeres, un Jordi Sevilla y una corriente como Izquierda Socialista opinando y dando criterio.

¿Realmente hay un debate interno dentro del partido y se puede canalizar la crítica?

Sería lo deseable. Que existan estos tres manifiestos ya supone que las agrupaciones y los militantes lo comentan, lo reflexionan y llega a las direcciones a todos los niveles. Y eso sirve para que todos aprendamos y maduremos nuestra posición y, sobre todo, para dar una imagen pública de fortaleza, de un partido vivo con gente que piensa y criterio propio. Pero hay una cultura en la que se interpreta [la reflexión] como una debilidad o como ruptura del partido, como si se fuera a una guerra civil en el PSOE. Estamos todos los días diciendo que los partidos no sean sectas y que la gente opine. ¿Y cuando lo hace resulta que hay una guerra civil? Hombre, no.

¿Hay gente dentro del partido que también apoye el manifiesto de Sevilla, pero que no se atreve a decirlo?

Hay mucha gente que puede estar de acuerdo con unas cosas, con otras más, y con otras, menos. Pero no diría la palabra atrever. Hay que entender desde fuera del partido que hay una cultura de organización en la que el respeto a un gobierno y a un secretario general, que es presidente del Gobierno, es algo muy importante. Por eso, hay mucha gente a la que le sigue costando hacer autocrítica interna porque no queremos que se malinterprete como una crítica a un secretario general. Eso sigue operando. Entonces, hay gente que entiende la lealtad al partido como no hacer autocrítica, como no hacer una reflexión. Eso es un avance en madurez que tenemos que tener como organización. Hoy todavía cuesta, porque existe esa cultura en la que se puede entender que es hacer daño al partido en vez de fortalecerlo, que es lo que creo que es.

¿Qué es lo que no le gusta a usted del PSOE?

Cada uno tiene una forma de hacer las cosas. Creo que hay dos grandes tareas en política. Una son las políticas públicas. Es decir, construir infraestructuras, aprobar leyes, que haya políticas de educación y de sanidad. Y la otra es generar convivencia, que es muy difícil, pero muy importante. Y esto pasa porque un partido como el PSOE establezca una relación con los ciudadanos de respeto. Hay que respetar a todo el mundo. A los que votan a Vox también, entre los que hay, por cierto, mucha gente joven que no tiene ideología de ultraderecha, sino frustración por no poder adquirir una vivienda y por no tener un empleo con un sueldo digno. Esa frustración la pueden traducir en un momento concreto en votar a Vox o en votar a Podemos hace diez años. Lo que hay que hacer es entender a todos esos jóvenes, tratarles con respeto y tratar de ofrecerles un proyecto de país y soluciones a sus problemas.

¿A qué achaca el auge de Vox?

Hay mucha gente que entiende que el sistema le iba a dar seguridad y oportunidades que no le está dando, porque no están pudiendo desarrollar un proyecto familiar o emanciparse. En el caso de los jóvenes, que ven muy lejos poder adquirir una vivienda o que no consiguen empleos estables y con buenos sueldos. Y cuando ven que el sistema falla y que no les da esa seguridad de oportunidades, buscan cómo cambiar el sistema. Y el voto más rebelde para cambiar el sistema hoy es Vox. Me preocupa mucho.

Tras siete años en el Gobierno, alguna responsabilidad tendrá su partido.

Tenemos parte de culpa, sin duda, en el PSOE. Pero esto es un fenómeno global que creo que también tiene mucho que ver con la respuesta de los progresistas. Y es que se produce un problema: en ocasiones, los dirigentes socialistas o los referentes socialistas juzgamos a la gente por sus decisiones o por las opiniones que tienen en vez de tratar de entenderles. Oiga, no juzgue usted a un joven de 20 años o a un señor de 70 por cómo vota. Trate de entender por qué vota así. Y esa capacidad de autocrítica y de tratar de generar empatía, de ver en qué podemos ser útiles, para qué sirve el PSOE, qué utilidad puede tener para volver a que mucha gente que se ha ido a votar a Vox pueda entender que el PSOE puede resolver esos problemas. Ese es el reto que tenemos. Claro que es nuestra responsabilidad por no haber sido capaces de ofrecer soluciones de forma eficaz y práctica a esos problemas que frustran a mucha gente.

¿Pueden los ciudadanos volver a confiar en el Partido Socialista después de haber tenido a sus dos últimos secretario de organización en prisión?

La confianza es de los principales problemas que tenemos. No solo el PSOE. La democracia se basa en la confianza de la gente. Hay unas instituciones y unas normas, pero si no hay confianza, no opera la democracia. ¿Entonces, qué pasa? Que la corrupción es un desincentivo a la confianza absoluto. Y da igual el partido que la cometa. En este caso me duele mucho más porque han sido dirigentes del PSOE los que presuntamente han sido corruptos. Pero es que cuando hay corrupción en el Partido Popular también pierde el PSOE y, sobre todo, pierde la democracia. Hay que responder con contundencia cuando hay casos de corrupción. Y esto pasa por olvidarse del «y tú más». No hay que hacer referencia a la corrupción de otro partido, porque eso genera todavía más desconfianza. No tratemos a la gente como tonta. Los casos son los que son y la gravedad es la que es. No podemos poner paños calientes ni tratar de reducir la gravedad. Y hay que dar soluciones concretas. ¿Qué vamos a cambiar para intentar que esto no vuelva a pasar? ¿Qué medidas concretas hay? Esa es la respuesta que hay que dar.

¿Y Sánchez la ha dado?

Se han asumido responsabilidades, pero entramos en el «y tú más» y es un error muy grave. Debemos dar respuestas muy concretas y soluciones. Como alcalde Soto del Real, di acceso a toda la oposición, incluido Vox, a todos los programas informáticos donde están los registros de entrada y salida, la contabilidad, las facturas, los decretos. Los concejales de la oposición veían absolutamente todo. Y algunos me decían que si hacíamos algo mal lo iban van a ver claro. Pero eso es lo que quiero, que si hacemos algo mal lo vea Vox y lo vea el PP. Es una actitud en el ejercicio del poder y es la única respuesta ante la corrupción que genera un mínimo de dignidad y de confianza en la gente. Y se puede hacer a nivel nacional y lo puede hacer también el partido con sus cuentas.

¿Si hubiera sido el secretario general del PSOE en Extremadura se hubiera abstenido para que María Guardiola no necesitara a Vox?

No se puede responder por los zapatos de otro. El PSOE, en vez de dedicarse a empujar al PP a Vox tendría que hacer el esfuerzo de alejarlo. Y el PP, en vez de empujar al PSOE hacia los nacionalistas y los partidos más radicales, tendría que alejarle. Si ambos hiciéramos ese esfuerzo, seguramente podríamos minimizar la polarización.

¿Quiere volver a los pactos de Estado con el Partido Popular?

El secretario general del PSOE en La Rioja dice que España no está preparada para una gran coalición. Y estoy de acuerdo. Pero creo que hay que llegar a algunos acuerdos. ¿Cómo no vamos a tener la responsabilidad de llegar a esos acuerdos en el tema de la vivienda con el Partido Popular, que gobierna la inmensa mayoría comunidades autónomas?

¿Qué le parece el pacto de la financiación autonómica entre el Gobierno y ERC?

Afortunadamente, una de las partes que a mí me preocupaba, que era la cesión de la recaudación, se ha parado. Me parece un disparate desmontar la Agencia Tributaria en Cataluña, que es la joya de la corona de la Administración de este país. Del resto del acuerdo hay dos caminos en los que se profundiza. Uno: aumentar el peso de la financiación autonómica. Perfecto. Que haya más financiación para administraciones que cada vez gestionan más funciones. Y ojo, que se nos olvida la financiación local. Y dos: la ordinalidad, donde creo que el planteamiento que utiliza Junqueras no es compatible con una visión solidaria de la financiación autonómica. La España autonómica fue fruto de un debate en el que los partidos de la derecha asumieron valores de la izquierda: la solidaridad, la equidad, la justicia social. Es decir, la izquierda ganó ese debate. Lo que no tendría mucho sentidoes que ahora fuera la izquierda la que lo reabriera. Espero que las resoluciones del Congreso Federal, en las que trabajé mucho con Guillermo Fernández Vara, y en las que se consiguió evitar que la ordinalidad formara parte de las resoluciones, se respeten.

Lo contraría atentaría contra el principio del partido, que es garantizar la igualdad entre españoles...

Sí. La ordinalidad, entendida en términos de que cada región tiene que recibir en función de lo que aporta, implica dos cosas con las que no estoy de acuerdo. Uno: no aportan las regiones, aportan las personas. Es decir, cada individuo y cada empresa que paga impuestos. Y dos: que el orden y la cantidad de lo que recibe para financiar los servicios públicos que son necesarios dependan de lo que has aportado. Cada uno aporta según su capacidad y cada territorio recibe según su necesidad de prestar servicios pú-blicos y del coste que tienen en su territorio. Esa es la esencia del modelo.

¿Tiene autoridad el PSOE para entablar este debate gobernando tan pocas autonomías?

Hay que tener la sensibilidad de escuchar a los gobiernos autonómicos, por supuesto, incluidos a los del Partido Popular.

¿Qué futuro le espera al PSOE cuando deje la Moncloa?

Hablar de futuribles es difícil. Todas las etapas se inician y finalizan. Y ahí el PSOE volverá a tomar una decisión. ¿Qué utilidad tiene para España? El PSOE puede aspirar a plantear un modelo en el que sea mucho más de izquierdas en el fondo, y en las políticas, y mucho más moderado en las formas.

¿Qué papel quiere jugar usted en ese proceso de transición?

Aporto hoy, aportaré mañana y aporté ayer. Y todo el que quiera escucharme sobre cómo creo que debe ser el PSOE y qué utilidad debe tener para España, puede hacerlo. El PSOE siempre se ha debatido entre ser un partido radical o un partido reformista. Y yo creo que hay que superar ese debate e ir a un PSOE de futuro, en el que se visibilice qué tenemos que aportar a la socialdemocracia en la nueva sociedad de la tecnología, de las redes sociales, de la inteligencia artificial, del nuevo orden geopolítico mundial.

¿Cómo ha vivido la eclosión de casos de acoso sexual que ha tenido el partido?

Preocupado.

Ha provocado una reacción feminista que incrementa las probabilidades de que el próximo liderazgo del partido lo tenga una mujer

Sería muy interesante. Los liderazgos femeninos tienen un plus que, en este mundo en el que vivimos, de «bullying» geopolítico y de tensiones, ayudarían mucho. Hay magníficas compañeras que seguro que, en su momento, tienen la ilusión y la ambición.

¿Guarda rencor por cómo salió de la Secretaría General del PSOE de Madrid?

No. Hay diferentes actitudes en el ejercicio del poder. Cada uno tiene una forma y una ética. Y todas son respetables y legítimas. Yo creo que en el eje izquierda-derecha cada uno tiene que ubicarse donde consiguen estar sus valores. En el eje moderación, populismo o macarreo, creo que la moderación es lo único que ayuda a generar convivencia. Y, desde luego, en el tercer eje, que es el eje de la honestidad, es indudable que hay que estar en valores de participación, de transparencia, de honestidad y de democracia y libertad. Todo el que se ubique ahí tendrá siempre mi simpatía y mi apoyo. Y hay gente que tiene otras visiones que también son legítimas.

¿Gente que está en el gobierno?

Claro. Siempre va a haber diferentes posiciones en las formas, en la ideología y en la honestidad. Por desgracia, hemos visto también que ha habido casos de corrupción.

¿Usted volvería al notario?

Sí. En ese momento, se vio mi posición muy claro en la propia conversación [de WhatsApp con Pilar Sánchez Acera]. Es verdad que también tengo la mochila de ser técnico de Hacienda del Estado. Para nosotros la protección de los datos de carácter personal es la norma número uno en la Agencia Tributaria. Y claro, a mí eso [la filtración de los datos de la pareja de Isabel Díaz Ayuso] me chocó bastante. Por eso, traté de acreditarlo todo bien.

¿Cómo recibió la condena al fiscal general?

Fue fruto del Estado de Derecho operando. Ha habido un juicio que creo que nadie pone en duda. Fue un juicio con las garantías procesales que debía tener. Es verdad que hay unos votos particulares que tienen cierta solidez también, pero la sentencia, de casi 200 páginas, recoge lo que hubo en el juicio y lo que han considerado los jueces, que son quienes tienen que tomar la decisión.

¿Si volviera a hacer oposición a Ayuso cambiaría algo?

Seguramente. Desde luego, no cambiaría el tono propositivo. Las veintitantas cartas que le mandé con propuestas concretas y con la petición de reunión para ver qué hacíamos con la FP de 30.000 chavales sin plaza o las listas de espera creciente en la Comunidad de Madrid, o todos los proyectos de vivienda que le planteé. Pero seguramente en el debate del día a día podíamos haber estado más finos. Todos cometemos errores y vivimos con contradicciones. Quien no lo reconozca, seguramente te esté engañando.

¿A qué se dedica Juan Lobato hoy día?

Tengo mi tarea institucional en el Senado con cinco comisiones, con la vicepresidencia en la de Hacienda, que es donde más temas llevo, pero también en economía, en comunidades autónomas, constitucional y en presupuesto, que es donde menos tarea hay, porque no se está tramitando. También tengo más margen para escribir, estudiar y, sobre todo, a nivel familiar. De fines de semana en los que no existían a estar ahora con mis hijos de cuatro, seis y ocho años y mi mujer. Lo pueden disfrutar y yo de ellos.

¿Qué le parece que no se hayan presentado aún los presupuestos?

Tienen que presentarse. El Gobierno lo ha dicho ya 20 veces y ojalá en la 21 los presente, porque creo que sería una noticia de normalidad institucional, que es lo que hace falta. Hace falta que haya presupuestos, que se debatan, que opine el Parlamento, que para eso está. Y ojalá que se aprueben y puedan ayudar a desarrollar país.

¿A quién se considera más cercano dentro del partido?

Para mí el referente siempre ha sido Javier Solana. Tanto por su forma de entender la política, como los valores que tiene. Tengo mucha relación con él. También la tengo con Eduardo Madina, porque hemos sido compañeros de muchas etapas y tenemos una amistad también personal. Me identifico mucho con su planteamiento y su forma de entender la política.

¿Se considera un socialista rebelde con la dirección?

No. La palabra rebelde implicaría que hacer reflexión o autocrítica fuera algo negativo. Quien de opinión en el PSOE está haciendo un favor al PSOE.

¿Usted que conoce las bases del partido, las ve centradas o son bases radicales?

Todas las bases de los partidos tienen una posición, digamos, más vehemente que la votante. Eso ha sido así siempre y lo sigue siendo. Hay que entender que ser socialista, pertenecer al PSOE, es algo identitario. Me invento a un señor o una señora de 50 años, que es padre o madre de tres hijos, es trabajador y es del PSOE y del Atleti. Y ser del PSOE es como ser del Atleti o ser del Madrid. Hay un sentimiento de pertenencia, una emoción. Cuando se hacen críticas internas, pues hay mucha militancia y es con ese sentimiento con el que se interpretan esas críticas. Por eso hay que ser muy respetuosos también con la militancia socialista y entender que esas críticas constructivas hay que hacerlas de forma educada, respetuosa y con apoyo siempre a los dirigentes. Hay que ver esa evolución cultural y ese saber desde fuera y entender por qué la militancia del PSOE tiene ese sentimiento. Yo creo que es muy importante para que no se perturben debates, que no son guerras civiles ni traiciones, sino que son, constructivamente, aportaciones.