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Así se ha convertido Laia Sanz en el hada madrina de Nani Roma en el Dakar

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Nani Roma va a cumplir en febrero 54 años, de los que casi treinta se los ha pasado corriendo el Dakar. Lo ha ganado dos veces, una en motos (2004) y otra en coches (2014), y ha conseguido cinco podios. El de hoy, si no hay cosas extrañas en la última jornada, será el sexto y hay pocas dudas de que se ha convertido en el más sufrido por lo que sucedió en la penúltima etapa, que terminó con lágrimas en los ojos y el corazón a mil de la tensión. Arrancó por la mañana a poco más de ocho minutos de Al Attiyah, así que todavía había alguna opción en los 300 kilómetros de especial de que sucediese algo y se pudiera dar un vuelco a la clasificación. Nani ya había sido líder y ganado una etapa, en una de sus mejores participaciones, a la que llegaba muy en forma después de haber podido correr más rallies que otras veces durante el año.

Al Attiyah y el club de las 50 victorias

Reconocía que no creía en los milagros, así que iba a hacer lo de siempre: dar el máximo, trabajar mucho y esperar que el esfuerzo le diese resultado. Al Attiyah no falló, se impuso en la etapa a lo grande para meterse en el club de las 50 victorias, donde solo estaban Ari Vatanen y Stéphane Peterhansel, y hoy va a levantar su sexto touareg, el primero con Dacia en el segundo año del proyecto.

Con el nombre del campeón ya decidido, Nani buscaba el segundo puesto y lo tenía asegurado hasta que un despiste y un poco de polvo le llevaron a arrancar una rueda de su Ford y a otros daños en la suspensión delantera. Estaba muy cerca del final de la especial y ahí empezó el calvario, con mucho tiempo debajo del coche tratando de repararlo y la angustia de que si no llegaba a tiempo al control sufriría una sanción y adiós al podio. La primera ayuda que recibió fue de sus compañeros de marca, que le dejaron una rueda y colaboraron en la reparación. Por fin podían arrancar para completar los kilómetros de enlace, todo estaba arreglado... o no. Porque lo siguiente iba a ser quedarse sin gasolina para alcanzar el campamento, que tiene una hora límite, y si no la cumplía iba a ser penalizado y adiós al podio. No sabía qué hacer, pero justo un poco antes había adelantado a Laia Sanz, que llegó por detrás con su Ebro para convertirse en una bendición. La española preguntó qué pasaba y no dudó en prestarle la ayuda que le estaba pidiendo.

 

Laia remolcó a Nani, que llegó con lo justo al campamento sin penalización. «He corrido todo lo que he podido», decía Sanz mientras Nani la abrazaba desconsolado. No sabía cómo darle las gracias por esa mano salvadora que le permitía mantener el podio. Después de dos o tres abrazos, Nani se sentó en una silla, se llevó las manos a la cara y lloró como si fuera un novato en el Dakar. Y resulta que es todo lo contrario, pero esta carrera siempre te pone al límite sin pedirte el carné. Nani las ha visto de todos los colores tanto en la arena del desierto como últimamente en su vida personal.

Golpes de la vida

Hace tres años le diagnosticaron un cáncer de vejiga, del que se recuperó gracias en parte a su físico de deportista y a su capacidad para darlo todo cuando la situación se complica. Estuvo el menor tiempo posible alejado del volante y poco a poco fue volviendo. Hace un año le llegó otro revés con la lesión medular de su hijo Marc, en un accidente haciendo motocross. Se quedó sin movilidad en los miembros inferiores y no hace mucho ha probado un exoesqueleto que le ha permitido volver a dar algunos pasos. Nada de todo eso le ha quitado la ilusión a Nani, que tiene como título principal de su web oficial la frase «siempre rodando». Este Dakar ha vuelto a compartir equipo oficial de Ford con Carlos Sainz, otro incansable. Dos mitos que se encontraban cada día en el campamento cuando podían estar perfectamente en casa disfrutando de su palmarés.

África, Sudamérica y Arabia

Pero no, les gustan las piedras, las dunas y el polvo del Dakar, que Nani ha conocido en sus tres ubicaciones. Primero en África, luego en Sudamérica y ahora en su versión saudí. Además, durante diez años también se iba al desierto Rosa Romero, su mujer, que participaba en motos. Hoy Roma va a volver a ser segundo después de una gran participación que ha terminado con el sofocón de la penúltima etapa, un día de infarto para uno de los mitos.