Honor a prueba de metralla
Pedro Yadín Domínguez Álvarez recuerda la noche del 3 de enero, en Caracas, con un aire frío, cauteloso, pero frío. Horas antes de que cayera sobre la ciudad una lluvia de balas y bombas con el sello pérfido y cobarde de los imperialistas, él y sus compañeros conversaban, algunos —tal vez— bromeaban, y otros se comunicaban por última vez, sin sospecharlo, con sus seres queridos.
Era una escena cotidiana entre hermanos, entre compatriotas que cumplían una misión de honor en suelo venezolano. Sin embargo, lo peor vino después, al sobrepasar el ecuador de la noche. De un cielo de paz nació un tormento de acero y sangre.
«Despertamos bajo un infierno de bombas y metralla. Aviones, drones y dos helicópteros ametrallaron de forma indiscriminada, con saña, el área donde nos encontrábamos. Su propósito innegable, su vileza, era no dejar a nadie con vida. Se ensañaron con mis compañeros», confiesa ahora al rendir tributo a los 32 caídos.
Pedro Yadín sobrevivió al temporal de balas. Sin embargo, la prueba más desgarradora para este coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias llegó tras la evacuación. «Cuando logramos reagruparnos en el punto previsto comprobamos, con el corazón en un puño, que faltaban compañeros. Fue un momento de mucha tensión», declaró. Luego llegó la confirmación, una certeza que aún lo tiene sumido en la angustia.
«Once de mis hermanos habían caído abatidos por las bombas de esos criminales. Lamentablemente no pude estar entre los otros valientes que, aún a riesgo de sus vidas, se quedaron a recuperar los restos», agrega.
Las graves heridas recibidas obligaron a su evacuación urgente. «Fui operado en un hospital militar venezolano y en todo momento sentí el apoyo fraterno de aquellos profesionales, de sus Fuerzas Armadas. Nos proporcionaron todo lo necesario, porque nuestras pertenencias quedaron destruidas».
Al resumir aquellas horas «bajo fuego», asegura que resultó un ataque artero, desproporcionado y criminal del Gobierno de Estados Unidos, el cual segó las vidas de valiosos cubanos, quienes les ofrecieron a los imperialistas una fuerte resistencia.
Aún marcado por las heridas del combate y las pérdidas, junto a las imágenes este jueves de sus amigos y compañeros caídos, afirma haber venido al homenaje «a pesar del dolor y la consternación, para rendirles el tributo que merecen» estos héroes.
«Eran hombres trabajadores, valientes hasta la médula, y nos unía una hermandad profunda. Estuvieron conmigo, conversando y cumpliendo la misión hasta el último instante, horas antes del ataque criminal. Nuestro grupo estaba allí para brindar apoyo en la defensa de la sagrada soberanía venezolana, y apenas contábamos con armamento. Fue un acto de barbarie», agrega.
El respeto que hemos recibido es inmenso, dice. «Éramos un grupo de compañeros, civiles y militares, laborando de conjunto con los hermanos venezolanos. Forjamos una hermandad de trabajo, como ha caracterizado la relación histórica entre la Patria de Bolívar y de Martí», sentenció.
