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Siempre volveré a Cuba

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«Siempre volveré a Cuba, es una inmensa certeza que ratifico cada vez. Marcó un antes y un después en mi vida haber venido en 2012 la primera vez, no solo por la experiencia profesional al cursar estudios de percusión sino por toda la riqueza que llevo en mí como ser humano luego de interactuar con los cubanos y las cubanas, músicos, artistas en general y, sobre todo, la gente de a pie. Me siento muy privilegiada al venir y me llevo tantas emociones y aprendizajes que, por ello, vale la pena volver».

Quien así se expresa es Lara Voo, nombre artístico que defiende en su carrera en solitario Lara Battista, combinando su nombre con la palabra portuguesa que significa vuelo. Ella es cantora y compositora argentino-brasileña, dueña de una multifacética voz y una singular intensidad en sus interpretaciones.

Recién llegada del 30ma. Festival Internacional de Trovadores Longina canta a Corona, celebrado del 7 al 11 de este mes en Santa Clara, Lara comparte anécdotas de sus vivencias en el centro del país, «rodeada de tanta gente que respeta la canción y el trabajo musical de sus artistas, quienes demás, comparten sus espacios y su arte en un extraordinario ambiente de creatividad colectiva y sincera colaboración».

Nacida en Sao Paulo, en Brasil, comenzó su carrera musical a los ocho años. Después, su sendero académico le permitió egresar en 2003 de Tecnicatura en Percusión del Conservatorio de Música Alberto Williams, de Chivilcoy, en la provincia de Buenos Aires; más tarde, del Profesorado de Arte con orientación en Música en 2012 del Conservatorio Nacional López en Bouchardo y de Licenciatura en Canto Lírico en 2014 en esta última institución.

«Nací en Brasil, pues a ese país se exiliaron mis padres desde Argentina y aunque la influencia de la cultura brasileña me acompaña en todo momento, la realidad es que en mi casa se escuchaba rock nacional argentino. Por eso, yo aprendía samba en la escuela, por ejemplo, y escuchaba a Caetano Veloso, a Gilberto Gil y a Daniela Mercury, y asumía que la música estaba absolutamente conectada con la danza y el ritmo y al mismo tiempo en mi casa conocía a Mercedes Sosa y a otros artistas argentinos.

«Son países que están muy cerca geográficamente, pero con idiomas distintos y con herencias culturales también muy diferentes. Eso, aunque no pueda definirse teóricamente, convive en mí, y aquel primer cassette que grabé cuando tenía nueve años fue prueba de ello, porque traía canciones del rock nacional argentino y canciones brasileñas. Esa fusión, sin dudas, es parte de mi historia».

La formación académica la acercó a la música clásica, a la percusión y después, a la guitarra como instrumento acompañante, que no abandona, y más recientemente al pandeiro, como recurso feliz en sus performances. «Sin embargo, en mi adolescencia, ya estudiando en Argentina, no podía alejarme del rock nacional, y escuchaba mucho a Charly García, a Fito Páez, a bandas como Las Pelotas, Dividido y Sumo, tal vez como parte de esa banda sonora que acompaña a adolescentes rebeldes. Era muy complejo para una mujer en esa época dedicarse a ese género, me fue difícil abrirme camino, pero es parte de la experiencia vital».

A los 20 años, Lara lideró la banda del programa musical de televisión La banda de Jonhy, y a la par de esa experiencia laboral, comenzó a grabar en los emblemáticos Estudios ION, lo cual la motivó a abandonar la banda televisiva y dedicarse a componer.

«Mi primer disco, Fotones, como parte del dúo Lara y Juan, se lanzó en 2017 y tuve la bendición de que fuera editado por el sello Melopea, con la participación del padre del rock argentino Litto Nebbia, y con Mario Sobrino, un grabador de excelencia que trabajó en proyectos musicales de Atahualpa Yupanqui, por ejemplo.  

«Aún con mi formación académica y mis deseos de seguir estudiando, entendí que quería navegar por las aguas del rock, y vino después el segundo álbum, Nuraghe, que sufrió las consecuencias de la pandemia. No pudimos hacer la gira prevista ni la presentación oficial, y asumimos el desafío de su divulgación por las rutas digitales, a la par de trabajar en el álbum Raúl, —un disco doble en español y en portugués— y que es un tributo con traducciones autorizadas y canciones reversionadas del artista brasileño Raúl Seixas.

«Inmersa en muchos proyectos de grabación, y componiendo, me percato que lo que hacía no se asemejaba a lo que venía haciendo. Aparecían nuevas melodías, y me percaté que estaba volviendo a Brasil y toda esa información sonora y rítmica que ese país me dejó.  Samba de Luz es el primer single que yo saco en esta nueva etapa solista, y marca ese punto de inflexión en mi carrera, a partir del cual me presento en solitario como Lara Voo».

«En esa búsqueda creativa, también trabajando como gestora cultural, comencé a incorporar en mis espectáculos la danza, y surgió Mensajes de voz y movimiento junto a compañías danzarias de Chile y Argentina, y con el brasileño Reinaldo Santiago, conocido como Oju Igbo, que toca todos los instrumentos de su tierra, principalmente el birimbao.

«Además, logramos las autorizaciones de las traducciones para ese disco en tributo al padre del rock brasileño Raúl Seixas, cuya obra es valiosa, atemporal y necesaria de conocer.  Pienso que todos deberíamos escucharlo en algún momento de nuestras vidas.

«Ese proyecto me llevó a Brasil a tocar en un festival dedicado a él, donde fui la única mujer en medio de todas las bandas participantes formadas por hombres. Muy simbólica para mí esa experiencia, y aunque no puedo abandonar totalmente el camino del rock, estuve enfocada en esa línea de trabajo y grabé temas suyos con una banda de mujeres que formé y que pronto lanzaremos para su escucha internacional. Hicimos una relectura muy linda de su obra y grabamos en los históricos Estudios Panda, donde han dejado su huella importante artistas de Argentina y algunos internacionales como Shakira y Michael Bublé.

«Después hice con el guitarrista Leo Galán y muchos invitados el álbum Latinoamérica, porque siento un compromiso muy grande con la región del mundo en la que nací, en la que vivo, que tanto sufre y que tanta buena música ha regalado».

—Cuba es un punto importante en tu geografía musical y emocional…

—Estudiar percusión en Cuba, te decía, fue esencial para mí. También soy profesora y muchos de los recursos que empleo tienen que ver principalmente con las clases que tomé acá. Yo sentí que acá había un puente que yo todavía no había encontrado, y luego he tenido el intercambio que se genera con los músicos, en los cuales no solo encontré un elevado nivel profesional sino también humano, al igual que en los profesores que tuve.  

«Me he presentado en muchos espacios, espero algún día poder hacer un gran concierto en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes y en Casa de las Américas, y seguir colaborando. Afortunadamente, viví la mágica experiencia de grabar el tema Solo le pido a Dios, de mi coterráneo León Gieco junto a los cubanos Annie Garcés, Diana Gutiérrez, Abel Geronés y Leandro Cobas, el argentino Juan Bautista y la francesa Marion Brunelle en el Estudio Guaicán, de Pepe Ordaz, quien también sumó su voz a la canción.

«Cada viaje que he hecho a Cuba ha sido una revelación en muchos sentidos, tomo nuevas herramientas con una visión mucho más profunda y amplia, y además, siempre se genera de manera muy orgánica la colaboración artística en medio de una generosidad muy grande que favorece, en primer lugar, a la cultura. Todos los músicos deberían venir alguna vez, deberían vivir la experiencia de sentir Cuba desde dentro, y apreciar todo lo que aprenderán de ella y de su gente».