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Hoy invoco a Peralejo

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La altanería se ha desbocado en Washington y en la «Casa Blanca» alternativa trumpiana de Miami, en Mar-a-Lago. El creído hegemón ha tenido la osadía de instar a Cuba a llegar a un acuerdo «antes de que sea tarde» luego que dijera «no habrá más petróleo ni dinero» provenientes de Venezuela, y días antes que estaba lista para caer.

Creído de que tiene a la nación bolivariana y a sus riquezas metidas en su bolsillo, como botín del bombardeo a instalaciones de Caracas y de otros estados y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, Trump se vira ahora hacia otros rincones del planeta que apetece o simplemente quiere destruir porque le son incómodos para sus objetivos de dominación global.

Se siente dueño y señor omnímodo y hace girar la ruleta para ver dónde está la próxima víctima. No pasa por su insana cabeza saber o reconocer qué piensa el otro.

De Norte a Sur y de Oeste a Este ha lanzado sus «propuestas» a los que tiene en la lista: Groenlandia, México, Colombia, Cuba e Irán, y por carambola cree que meterá en las troneras a China, Rusia, los BRICS y se hará con casi todo el petróleo del mundo (dijo que el 55 por ciento).

Respecto a Cuba, como me incumbe muy directamente, al igual que a 11 millones de cubanos donde quiera que se encuentren, me lanzó al ruedo porque parece que es hora de tomar al toro por los cuernos, teniendo en cuenta que en su programa de intevenciones militares o de coacciones electoreras o de cualquier tipo, considera que si tiene a Venezuela, esta pequeña nación caribeña cae por su peso.

El Nerón o el Hitler de este siglo XXI —da igual con cuál lo asemeje, porque hablamos de personajes iguales de paranoicos, crueles y extravagantes— lanza amenazas para ver quién tiembla y a quién tiene que hacer pagar caro el enfrentamiento.

El ladrón y pedófilo ha hecho en Truth Social sus deposiciones (usted puede darle el significado que estime conveniente a esa palabra, lo dejo a su entero arbitrio)—: «Cuba vivió, durante muchos años, de grandes cantidades de petróleo y dinero de Venezuela. A cambio, Cuba proporcionó 'servicios de seguridad' a los dos últimos dictadores venezolanos, ¡PERO YA NO!» y siguió con la verborrea.

Bien claro le dejó el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, que Cuba no usa mercenarios, pero no vale la pena volver a explicarle a un mentiroso como Trump que deje de hacer lo que bien sabe y le conviene.

También comentó el desbarre trumpiano el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel con una verdad que responden a una decisión social de los cubanos: «Quienes hoy drenan histéricos contra nuestra nación lo hacen enfermos de rabia por la decisión soberana de este pueblo de elegir su modelo político».

Qué más nos depara el mandatario casablanquino… Lo dijo unos días antes, luego de reconocer las inmensas presiones del bloqueo de más de seis décadas y media que él mismo recrudeció apretando más el garrote vil en su primera estancia en Washington y el estrangulamiento que ahora ejecuta desde Miami: «: «No creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y destrozar el lugar».

La euforia se expandió por el segmento de los cubanos odiadores en EE. UU. y algún que otro lugar del mundo y aplaudió el clan político que vive a expensas de fomentar ese odio desde sus cargos públicos. También en la mismísima Cuba festejaron elementos traidores —no hay otra palabra para quienes celebran una posible intervención armada contra el país donde nacieron, olvidando que las bombas caen sobre cualquiera porque por mucha inteligencia artificial de que dispongan no traen nombres excluyentes.

Me preguntó: ¿Qué diferencia hay entre lo pretendido por el general español Arsenio Martínez Campos y el figurón Donald Trump acompañado de su perro faldero Marco Rubio a quien le promete ser presidente de Cuba? A la larga ninguna, en ambos casos, más temprano que tarde recogerán la derrota.

Como tampoco hay diferencia alguna entre Antonio Maceo y quienes le acompañaron en la Protesta de Baraguá y el pueblo cubano dispuesto a no ceder ni un tantico así ante las apetencias imperiales de Estados Unidos.

Cuba tiene una historia de resistencia, lucha y victorias y esto deben comprenderlo antes de que sea demasiado tarde, como usted mismo dijo en su red social.

Que estamos llenos de problemas… Cierto. Nos falta casi todo y no solo por su despiadado bloqueo. Pero hay algo que nos sobra y nuestros 32 compañeros caídos en combate desigual contra las fuerzas invasoras dieron muestra de ello en Venezuela, como se ha hecho a lo largo de nuestros combates por la independencia y para asegurar nuestra soberanía, que es lo mismo que defender a la Patria hasta la última gota de sangre.

El matón extorsionador cree haberse salido con la suya en Venezuela, pero él no es el presidente interino, y el pueblo en la calle le está exigiendo la libertad de su legítimo Presidente Nicolás Maduro. Entonces no controla todo lo que dice y alardea.

Hay mucha historia por escribir todavía y Cuba y Venezuela mantienen vigente lo firmado por Fidel y Chávez el 30 de octubre del año 2000: el Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, con el propósito de fortalecer los lazos de amistad y lograr un mejor desarrollo económico y social para los pueblos de ambas naciones. Ese es nuestro objetivo como pueblos de paz.

Algo más en cuanto a Cuba, y para que lo sepan quienes se regodean con nuestros muertos y sufrimientos, aunque usted tenga el «ejército más poderoso del mundo», y el iluso narco Rubio diga que estaría «preocupado» si él fuera parte del gobierno cubano —ni lo es, ni lo será, delo por seguro—, los cubanos que sí somos, nos apegamos a nuestra Constitución, la que está presidida por por este profundo anhelo, al fin logrado, de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre»:

ARTÍCULO 1. Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, inde-

pendiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva».

ARTÍCULO 4. La defensa de la patria socialista es el más grande honor y del deber supremo de cada cubano.

La traición a la patria es el más grave de los crímenes, quien la comete está sujeto a las más severas sanciones».

Cada cual que se atenga a las consecuencias. No espere paseo fácil y agregué esto: Nuestra soberanía reside intransferiblemente en el pueblo; tenemos una bandera con una sola estrella y un Himno que dice «Morir por la Patria es vivir»

Todo esto —parodiándolo a usted señor Trump—,  «¡A mí me suena bien!».

Post data a quienes pueda interesar: Si le están implorando a la Patrona porque se dé la pretensión trumpiana recuerden que Cachita es mambisa y Ochún cimarrona.

Nosotros invocamos a Peralejo. Con ustedes: No, no nos entendemos.