En Finlandia no usan radiadores para calentar las casas: usan un objeto cotidiano que todos tenemos
Tenemos muy interiorizado que, cuando llega el frío, la solución pasa por encender los radiadores. En cuanto bajan las temperaturas, recurrimos a la calefacción. Sin embargo, existen otras alternativas que quizá deberíamos empezar a contemplar, especialmente si tenemos en cuenta que en algunos de los países más fríos del mundo no dependen exclusivamente de los sistemas de calefacción tradicionales.
Y es que a muchos les ocurre lo mismo cada invierno: llega la primera factura de la luz y provoca auténtico pánico. Al mes siguiente se intenta reducir el uso de la calefacción, pero el resultado suele ser pasar frío y comprobar que el ahorro no es tan significativo. Si esta situación te resulta familiar o simplemente quieres pagar menos en tu factura energética, quizá sea momento de aprender de quienes más saben convivir con el frío, o al menos de quienes llevan siglos haciéndolo.
Cómo se calientan las casas en los países más fríos
En lugares donde el invierno es largo, oscuro y especialmente riguroso, como ocurre en Finlandia, la calefacción se entiende de una forma diferente. A pesar de contar con edificios bien aislados y sistemas de calefacción urbana eficientes, el elevado coste de la energía y la conciencia medioambiental han llevado a muchas familias a replantearse qué significa realmente tener una casa confortable.
Lejos de subir el termostato sin medida, los finlandeses combinan distintas estrategias para mejorar la sensación térmica en el hogar.
El objeto cotidiano que utilizan en Finlandia
Una de esas soluciones llama la atención por su sencillez: el uso de velas como fuente complementaria de calor. Un objeto presente en prácticamente todos los hogares y que, en este contexto, ha dejado de ser meramente decorativo para convertirse en una pequeña ayuda térmica.
Las velas no sustituyen a la calefacción convencional ni pretenden hacerlo. Su función es aportar un extra de calor en estancias concretas, haciendo que el ambiente resulte más agradable sin disparar el consumo energético.
La ciencia detrás del calor de una vela
Desde el punto de vista físico, cualquier llama genera calor además de luz. Una sola vela puede emitir entre 30 y 80 vatios, una cantidad modesta, pero que se vuelve relevante cuando se utilizan varias juntas. En habitaciones pequeñas y bien aisladas, cinco o seis velas pueden ofrecer un efecto similar al de un pequeño calefactor eléctrico funcionando a baja potencia.
Para quienes están acostumbrados a temperaturas muy bajas, ese ligero aumento es más que suficiente. El objetivo no es alcanzar los 22 grados en toda la vivienda, sino pasar, por ejemplo, de 16 a 18 grados en zonas concretas como el salón o el espacio de trabajo.
El confort también es una sensación
Más allá del calor real que generan, las velas aportan un importante componente psicológico. En los países nórdicos, donde la falta de luz natural afecta al estado de ánimo durante meses, crear ambientes cálidos y luminosos es fundamental para el bienestar.
La luz tenue de las velas suaviza el espacio, y el movimiento de la llama transmite una sensación de vida y calma. De hecho, los expertos señalan que percibimos un lugar como cálido mucho antes de que el termómetro refleje un cambio significativo.
En ciudades como Helsinki, encender velas al llegar a casa se ha convertido en un auténtico ritual de desconexión: un gesto que marca el final del día y refuerza la idea de que el confort del hogar no depende solo del termostato, sino de una experiencia sensorial completa.
Una ayuda puntual, no un sustituto
Eso sí, es importante tener en cuenta que las velas no reemplazan la calefacción y deben utilizarse siempre siguiendo estrictas normas de seguridad: bajo supervisión, sobre superficies estables y lejos de materiales inflamables.
En Finlandia, se entienden como una ayuda puntual dentro de una estrategia más amplia para ahorrar energía y mejorar la calidad de vida en casa durante los meses más fríos del año.
