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Así es el avión del ‘día del juicio final’ de Donald Trump: blindado contra explosiones nucleares y capaz de dirigir una guerra desde el aire

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En el vasto entramado de defensa de Estados Unidos existe un aparato tan singular como estratégico: el E‑4B Nightwatch, conocido popularmente como el “avión del día del juicio final”. Este gigantesco Boeing 747 modificado está diseñado para garantizar que, en caso de una crisis extrema, incluido un ataque nuclear, el presidente y el alto mando militar puedan mantener el control del país desde el aire, incluso si las infraestructuras terrestres quedaran inutilizadas.

El Nightwatch forma parte de una flota creada durante la Guerra Fría para asegurar la continuidad del Gobierno ante escenarios catastróficos y es que su estructura ha sido reforzada para resistir un pulso electromagnético, una de las consecuencias más devastadoras de una detonación nuclear, capaz de inutilizar sistemas electrónicos y comunicaciones.

A diferencia de los aviones comerciales, el E‑4B está repleto de cableado protegido, antenas reforzadas y sistemas redundantes que garantizan su operatividad en cualquier circunstancia.

El gigantesco puesto de mando volante puede operar durante días, soportar pulsos electromagnéticos y coordinar operaciones militares globales desde el aire

En su interior, el avión funciona como un centro de mando aerotransportado, dispone de salas de reuniones, áreas de planificación estratégica, sistemas de comunicación seguros y tecnología capaz de enlazar con bases militares, submarinos y unidades desplegadas en cualquier parte del mundo y su tripulación opera las 24 horas del día y está entrenada para gestionar situaciones de máxima tensión.

Una de sus capacidades más impresionantes es el reabastecimiento de combustible en vuelo, que permite que el aparato permanezca en el aire durante periodos prolongados, haciendo así que en un escenario extremo, podría convertirse en el punto neurálgico desde el que se coordinaran operaciones militares, evacuaciones, respuestas de emergencia y decisiones críticas para la seguridad nacional.

Aunque Donald Trump nunca ha utilizado el Nightwatch como puesto de mando, el avión ha acompañado discretamente algunos de sus desplazamientos internacionales, aterrizando en aeropuertos cercanos como respaldo del Air Force One.

Su presencia suele pasar inadvertida, pero cada aparición pública recuerda su papel como herramienta clave en la arquitectura de defensa estadounidense.

El E‑4B está previsto que sea reemplazado en los próximos años por una nueva generación de aeronaves basadas en el Boeing 747‑8I, aunque su legado como símbolo de preparación ante lo impensable sigue intacto. En un mundo marcado por tensiones geopolíticas y amenazas imprevisibles, el “avión del día del juicio final” continúa siendo una de las piezas más enigmáticas, y decisivas, del poder militar estadounidense.