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El proyecto que apostaba por dunas asentadas con vegetación para frenar la erosión de Matalascañas y que fue rechazado hace diez años

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Abc.es 
El gravísimo estado actual del paseo marítimo de Matalascañas y las construcciones colindantes es el desenlace de un proceso que los expertos vienen vislumbrando desde hace décadas. En 2015, tal y como informa Huelva 24, el Ayuntamiento de Almonte convocó un concurso para el plan general de esta urbanización y se alzó como ganador un proyecto que apostó por una defensa dura, basada en el hormigón, ante el desgaste del litoral, que el tiempo ha demostrado que no ha sido efectivo. Por el contrario, se desechó otro modelo , respaldado por estudios científicos , que promovía la instalación de dunas de arena asentadas con vegetación y pasarelas de madera por encima. Como se explica en el proyecto, la idea era crear una duna natural de unos 6 metros de ancho para proteger la fachada urbana de temporales cíclicos y garantizar una estabilidad natural y sostenible. Sobre la duna se proponía dotar de vegetación autóctona y pantallas naturales anti viento, con el objetivo de asentar la propia duna, impidiendo su movimiento por arrastre de arena hacia el paseo. También se detalla que como parte de la dinámica cíclica de la propia duna, durante los temporales se producirán arrastres de arena provocados por las olas y mareas meteorológicas, lo que protege la línea posterior de construcciones. «La arena arrastrada desde las dunas artificiales por las olas y mareas se irá acumulando en las zonas situadas bajo la línea de bajamar, ampliando la playa en anchura para la época estival», se describe. Siguiendo los procesos naturales, con el paso del tiempo, de forma cíclica, el oleaje y el viento desplazan esta arena en forma de barras hacia la parte superior de la playa, reconstituyendo nuevamente las condiciones iniciales. « Esta playa reconstruida naturalmente comenzará a funcionar como una superficie de deflación para el viento, que irá extrayendo de ella partículas de arena transportadas hasta el frente dunar y reconstruirá así la duna», se afirma en el modelo. De este modo, los impulsores del proyecto consideran que «de esta forma natural y sostenible, la duna que protege de temporales y deterioro todo el frente marítimo volverá a su estado inicial hasta que un nuevo evento de mayor oleaje vuelva a erosionarla iniciando el ciclo». Anotan que que los ciclos erosivos en los frentes dunares son «completamente naturales», pero es «el carácter efímero de los temporales los que evitan el ataque permanente de las construcciones». El proyecto lo presentó el estudio Al Futuro Arquitectura, de Luis Alfonso Morales , junto con los también arquitectos Cayetano Campero y Cesáreo Romero y el geólogo de la universidad de Huelva Juan Antonio Morales. «Lo nuestro era, quizá, demasiado rompedor para entonces, pero creo que el tiempo nos ha dado la razón», expone a Huelva24 Luis Alfonso Morales frente a la solución elegida. La realidad es que de entonces a ahora «la playa ha cambiado bastante», subraya Morales, pero el modelo erosivo de partida ha continuado desarrollándose, con la evidente pérdida de arena de la playa de Matalascañas y los daños estructurales al paseo marítimo, las viviendas y chiringuitos con los sucesivos temporales, como el reciente de la borrasca Francis en el inicio de 2026. El arquitecto onubense explica que el enfoque planteado en su proyecto fue el de «usar el funcionamiento natural en nuestro beneficio» , teniendo en cuenta que las edificaciones se asientan «demasiado cerca» de la costa y que sería «imposible pensar en su retroceso». De este modo, se buscaba que «por lo menos que los efectos se amortigüen». «Proponíamos ampliar el paseo marítimo existente en aquel momento pero con una ampliación suave, hecha de madera y pensada para que su eventual reconstrucción fuese barata», detalla. Resalta que protegiendo el paseo marítimo colocan «una línea de dunas asentadas con vegetación que las estabilizara». Estas dunas «disipan las fuerzas de las olas antes de que lleguen al paseo marítimo, imitando el funcionamiento natural de la playa», refleja. «Lo que me parece una locura es lo que estoy oyendo por ahí y es que el problema supuestamente es derivado del espigón y proponen para solucionarlo poner otro espigón. No aprendemos », opina el arquitecto onubense. Por su parte el catedrático de Geología de la Universidad de Huelva Juan Antonio Morales incide en que, además de una regeneración del frente de playa, «la presencia de una duna supone un almacén más de arena ante los momentos de temporal y una protección del paseo». No obstante, opina también que «el problema es la cantidad de kilómetros que tiene la urbanización. El presupuesto se iría por las nubes». El proyecto tuvo como base el estudio previo de la dinámica del litoral y los ciclos de la costa. Sus responsables concluyeron que como importante la «necesidad» de crear un frente dunar que protegiera el paseo marítimo del mal tiempo y que, además, «favoreciera la biodiversidad propia de un municipio que linda con Doñana añadiendo vegetación autóctona para asentar la duna». Un proyecto científico guardado en un cajón hace diez años apostaba por dunas asentadas con vegetación para frenar la erosión de Matalascañas Consideraban entonces que este diseño evitaría daños y desperfectos estructurales, combatiría la pérdida de arena en la playa y por tanto no habría que realizar tantos dragados y traslado de arena con maquinaría pesada. La propuesta apostaba por instalar una estructura de madera, «fácilmente sustituible en caso de temporal», sobre las dunas para ser usado por los peatones, permitiendo así que la arena se desplazara. «El sistema dunar crea un frente natural a la fuerza del viento y vegetación endémica de playa que reforzará la estabilidad existente y a la vez genera un ecosistema natural donde prospera la biodiversidad», subrayan.