Por fin cayó el tirano!
Soy venezolano, nací en Maracaibo, la tierra del sol amada, del relámpago del Catatumbo, de la gaita y del lago que tanto extraño, y llevo años exiliado en Castellón de la Plana, España. Como millones de mis compatriotas, huí de la miseria, el hambre y la represión que Nicolás Maduro impuso durante más de una década.
Hoy, 5 de enero de 2026, celebro con el alma la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores por las fuerzas estadounidenses en la Operación Resolución Absoluta. Fue una acción precisa, valiente y necesaria que puso fin a una dictadura narcoterrorista que destruyó mi país, mi Zulia querido incluido.
Durante años, Maduro robó elecciones, encarceló opositores, torturó disidentes y convirtió Venezuela en un narcoestado. Ocho millones de venezolanos tuvimos que abandonar nuestra tierra, el mayor éxodo de la historia moderna de América Latina. En Maracaibo, la ciudad que antes brillaba con su puente y su petróleo, hoy reina el apagón eterno, la gasolina escasea y la gente cruza a Colombia a pie para sobrevivir. Mientras tanto, el régimen chavista saqueó el petróleo a manos llenas, enriqueciéndose con corrupción mientras el pueblo pasaba hambre. ¿Y qué hizo la izquierda internacional? Guardar silencio o, peor aún, defenderlo.
Aquí en España, donde vivo, me indigna la hipocresía de la izquierda. Ayer y hoy, miles se manifestaron en Madrid, Barcelona, Bilbao y otras ciudades contra la intervención estadounidense, gritando consignas pro-Maduro frente a la embajada de EE.UU., con banderas palestinas, cubanas o republicanas. ¡Pro-Maduro! Pero ¿dónde están los venezolanos en esas protestas? Prácticamente ninguno. Esas concentraciones están llenas de activistas españoles de extrema izquierda, pero sin la presencia masiva de la diáspora venezolana.
Nosotros, los venezolanos en España –más de 300.000–, celebramos en las calles de Madrid, Valencia, Bilbao o aquí en Castellón. Lloramos de alegría al ver caer al dictador que nos robó el futuro, que apagó las luces de Maracaibo y que nos obligó a decir adiós a nuestra familia. ¿Por qué la izquierda española defiende a un tirano que causó tanta muerte y éxodo? ¿Dónde estaba su indignación cuando Maduro reprimía las protestas del 2017, cuando miles morían por falta de medicinas o cuando el régimen aliaba con carteles de droga?
Es pura ideología ciega. Condenan la "agresión imperialista" de EE.UU., pero callaron ante las agresiones de Cuba, Rusia o Irán que sostuvieron al régimen. El gobierno español critica la operación como "violación del derecho internacional", pero nunca exigió con la misma vehemencia elecciones libres en Venezuela o la liberación de presos políticos.
¡Basta de hipocresía! La operación estadounidense no fue una invasión por petróleo –aunque Venezuela lo tenga en abundancia–, sino justicia contra un criminal acusado de narcoterrorismo. Trump actuó donde la ONU y la OEA fallaron por años. Ahora, con Maduro en una cárcel de Nueva York enfrentando cargos federales –y su comparecencia hoy mismo–, Venezuela tiene una oportunidad real de transición democrática. Y Maracaibo, mi Maracaibo, podrá volver a encender sus luces y a sonar con gaitas en diciembre.
Desde Castellón, le digo a la izquierda española: dejen de protestar por un dictador ausente y escuchen a los venezolanos reales. Nosotros no queremos más chavismo disfrazado, ni a Delcy ni a nadie del régimen. Queremos libertad, elecciones limpias y volver a casa a comer patacones, a ver el lago y a sentir el calor zuliano. ¡Viva Venezuela libre! ¡Viva el Zulia!
