Ferraz colapsa en la gestión del acoso por los «ajustes de cuentas»
Las últimas semanas están siendo difíciles en Ferraz. La sede federal del PSOE ha recibido varias denuncias por supuesto acoso en su canal interno. El estallido del «caso Salazar» ha supuesto toda una revolución que se ha llevado buena parte de la credibilidad de la organización ante las mujeres.
El feminismo del partido ha gritado alto y claro que se acabó la impunidad. El problema, según fuentes socialistas, es que hay denuncias que se han convertido en una herramienta para «ajustar cuentas». Estas mismas fuentes defienden los cambios internos que la dirección quiere hacer en el protocolo para separar la «venganza de la realidad». «Que la denuncia no sea anónima no significa que no se mantenga el anonimato de la víctima», explica una socialista comprometida con todas las denuncias de acoso que han llegado al buzón de Ferraz. Lo cierto es que el PSOE quiere poder comunicarse con las denunciantes de forma más efectiva. Por eso, estudia reclamar datos de contacto. Hasta ahora, el partido solo puede comunicarse con las denunciantes a través de la propia plataforma en línea. Ese anonimato es el que ha abierto el agujero por el que se cuelan algunos cuchillos. Como ha venido contando este diario, el PSOE lleva semanas asistiendo a un incipiente conflicto interno.
Los cuadros intermedios del partido huelen el «final de ciclo» de la etapa de Pedro Sánchez. Y algunos están aprovechando para tomar posiciones de cara a la transición que se abriría en caso de que el secretario general deje la presidencia del Gobierno y el liderazgo del partido. Precisamente, el anonimato fue lo que llevó en un primer momento al equipo de Presidencia del Gobierno a recelar de las dos primeras denuncias contra Paco Salazar publicadas en exclusiva por «eldiario.es» el pasado verano. Esa misma incredulidad fue, de hecho, la que llevó a la ya exministra portavoz Pilar Alegría a dejarse ver con Salazar en un restaurante de Madrid.
Los socialistas consultados aseguran que en estos momentos «nadie se fía de nadie». También admiten que el acoso sexual es un tema muy sensible en el partido y que cualquier señalamiento, dado el contexto, provoca la inmediata cuarentena del supuesto acosador. De manera que supone un mecanismo efectivo para eliminar políticamente a los adversarios.
Sánchez, el mes pasado, aseguró que el partido dotaría de más recursos humanos y materiales al equipo que gestiona los casos de acoso sexual en la organización. Por otro lado, están los casos de acoso laboral. El responsable de la gestora en Extremadura, José Luis Quintana –persona de la máxima confianza de Pedro Sánchez–, ha sido el último señalado. Él niega los hechos. Pero el asunto no hace más que alimentar el ruido interno dentro de un partido que comienza a ver la paz interna amenazada. Precisamente la federación en Extremadura se ha asomado ya a la ventana del «postsanchismo». El batacazo electoral del pasado 21 de diciembre se considera responsabilidad de la situación del partido a nivel nacional. Distintas federaciones señalan a Sánchez como responsable por la gestión que está haciendo de la policrisis que le tiene contra las cuerdas.
La dirección se encuentra bajo la lupa: muchos militantes interpretan que intentó cerrar el expediente de Salazar con discreción, sin levantar polvo, lo que en la práctica se percibe como un intento de protegerle. Salazar perteneció desde el inicio al círculo más próximo de Sánchez. Conoce al presidente al detalle. Es, al igual que José Luis Ábalos, uno de esos «hombres del presidente» cuyo poder reside más en lo que guardan para sí que en lo que podrían contar.
Por eso, en sectores del PSOE también se vinculó esa aparente voluntad de encubrimiento con el temor a una posible reacción de Salazar. Las fuentes consultadas en el partido admiten que «todo puede ir a peor» si viejas rencillas del pasado se saldan justo ahora, cuando el presidente y el partido están en el momento de mayor debilidad desde 2018. Mientras, el PSOE intentó poner fin a la crisis con un informe del comité antiacoso que «mató» a Salazar y a su exnúmero dos en Moncloa, Antonio Hernández, pero que el feminismo del partido consideró «una vergüenza».
En el PSOE, en cualquier caso, no salen de su asombro por la virulencia de los casos de acoso sexual. El sector crítico del partido, mientras, pide más cabezas a Sánchez. Las feministas socialistas aseguran que hay más «casos Salazar». En verdad, Sánchez sabe que el acoso sexual es un asunto tan sensible que le puede provocar un serio problema político en un año crucial.
