'Romeo + Julieta' cumple 30 años: moda pop, México y un soundtrack que marcó época
Las historias de amor nos acompañan desde hace siglos. El romance, el desamor, los encuentros fortuitos y la tragedia atraviesan libros, películas, series y prácticamente cualquier producto cultural que consumimos.Aun así, son pocos los relatos que han marcado con tanta fuerza el imaginario colectivo como Romeo y Julieta, la obra más famosa de William Shakespeare, ese texto que, sin importar la época, siempre encuentra la forma de volver a contarse.Porque, de una manera u otra, todos conocemos la historia de amor entre Romeo y Julieta y la enemistad irreconciliable entre sus familias.Es una narrativa que se ha analizado y parodiado miles de veces, pero hay una versión que permanece especialmente viva en la memoria colectiva: la película de 1996 protagonizada por Leonardo DiCaprio y Claire Danes. Este año, Romeo + Julieta cumple 30 años de su estreno en cines y reafirma su lugar como una cinta de culto dentro de la cosmovisión pop del séptimo arte.El reto no era menor: conservar el lenguaje rebuscado y poético de Shakespeare y, al mismo tiempo, acercar su historia a una audiencia joven de los años noventa. Para lograrlo, el director australiano Baz Luhrmann (Sídney, 1962) encontró en México el epicentro ideal de una historia donde la pasión y el desenfreno adolescente se narran entre pistolas, cruces, playas ardientes y neones.El vestuario de Dolce & Gabbana, un soundtrack que se convirtió en referente cultural y una paleta de colores saturados hicieron de esta película un experimento al que pocos le tenían fe, pero que terminó por cambiar la forma de adaptar los clásicos al cine contemporáneo.En 2026, cuando los ojos del mundo vuelvan a posarse en México con motivo del Mundial de futbol de junio, vale la pena recordar que esta no ha sido la única ocasión en la que el país ha funcionado como un escaparate global.Antes de los estadios y las transmisiones internacionales, sus calles y playas ya habían sido escenario de películas que ocupan un lugar privilegiado en el imaginario de cualquier cinéfilo y que, desde su estreno, conquistaron taquillas y audiencias alrededor del mundo.De Australia a México, ¿cómo Luhrmann convenció a Hollywood?Antes de que Romeo + Julieta se convirtiera en un fenómeno cultural, Baz Luhrmann ya había dejado claro que no era un director convencional. El cineasta australiano venía de firmar Strictly Ballroom (1992), una comedia romántica que, contra todo pronóstico, se transformó en un éxito local y le permitió demostrar que el exceso visual, la música y el drama podían convivir en una misma historia.Tras ese primer triunfo, Luhrmann amplió su terreno creativo: dirigió óperas para el Partido Laborista Australiano y trabajó en portadas para ediciones europeas de Vogue. Para mediados de los años noventa, su nombre comenzaba a perfilarse como el candidato ideal para reinterpretar un clásico como Shakespeare.Mucho antes de llegar a la Ciudad de México, Luhrmann había grabado tomas de prueba con su característico uso de luces neón y una estética cercana al videoclip, material que guardó “por si algún día había una película que filmar”.Pese a las negativas iniciales de Fox, el director consiguió —de manera poco convencional— financiamiento del estudio para realizar un teaser que funcionó como carta de presentación del proyecto.En entrevista con el medio belga SIGNIS, organización internacional especializada en cine y comunicación, Luhrmann explicó que este adelanto fue clave para que el estudio reconsiderara la viabilidad de la película:“No fue que Fox nos llamara y nos dijera: ‘haz un Shakespeare funky al estilo MTV’”, recordó en diciembre de 1996. “Hubo muchas negativas antes de que el estudio aceptara rodar la película. Gracias al éxito de Strictly Ballroom fui una de las primeras opciones para hacer una prueba”.El cineasta reconoció que trasladar a su equipo creativo tampoco fue sencillo:“En cierto momento estaba volando con 16 australianos: director de fotografía, productor, editor, diseñador de vestuario, diseñador de producción, músicos, coreógrafos y equipo de efectos especiales y sonido”, relató. Aunque muchos quedaron fascinados con el proyecto, la resistencia a salir de Australia fue una de las barreras que tuvo que romper para que Romeo + Julieta pudiera filmarse.Su propuesta fue clara: no pedir una aprobación inmediata, sino un presupuesto para demostrar su visión. Convocó a Leonardo DiCaprio, quien aceptó cubrir sus propios gastos en Sídney, y filmó con actores locales una escena clave del conflicto de la cinta. Cuando finalmente obtuvo la luz verde, Luhrmann descubrió que el verdadero desafío apenas comenzaba: tormentas, enfermedades, episodios de violencia y un desgaste emocional digno de una tragedia shakesperiana marcaron el rodaje.Con el proyecto aprobado y el equipo reunido, la tragedia estaba lista para salir del papel. Faltaba el escenario perfecto para llevar a Shakespeare al límite, y ese escenario no estaba en Australia ni en Hollywood: estaba en México.México: lugar donde todo se desbordó, tomó forma y se volvió caosSi bien hoy no existe un vuelo directo a Sídney, gran parte de la idea central de la película —incluida la selección de locaciones—, así como los procesos de pre y postproducción, se desarrollaron en Australia. En el camino, el proyecto también tocó territorio canadiense para afinar detalles técnicos como la colorimetría o el recorte de escenas.Fue en México donde la película dejó de ser una idea controlada y comenzó a respirar por sí misma. Lejos de los cálculos y la planeación, el rodaje se enfrentó al calor, al desorden, a la amenaza de un huracán y al secuestro de un miembro del staff, factores que terminaron por moldear a la mítica Verona Beach (…). Un territorio definido por su ritmo y su estética dandy, donde todo —literalmente— podía pasar.Con muy pocas escenas grabadas en Miami —limitadas a los interiores de la casa de la familia Capuleto—, la cinta adquirió un sello innegablemente nacional.Las locaciones principales fueron el entonces Distrito Federal y la playa de Boca del Río, en Veracruz, espacios que dieron vida a Verona Beach: una demarcación mitad playa, mitad polvorín, habitada por dos familias con dos hijos adolescentes que, vestidos de Prada y Dolce & Gabbana, desafiaron el odio heredado para terminar muriendo en… la Colonia del Valle.Retomando una entrevista con SIGNIS, Luhrmann explicó por qué México fue clave para construir ese universo ficticio:“Quería hacer una película de Shakespeare. Lo primero fue encontrar la forma de transmitir las nociones de la obra y liberar el lenguaje. Lo segundo fue ubicarla en un mundo particular. No podía ser únicamente Miami, Los Ángeles o Sídney; así que decidimos crear un mundo ideal para darle vida a Verona Beach, investigando a fondo el contexto en el que Shakespeare desarrolló su obra”."A partir de esa investigación, la traducción visual fue inevitable. Nos dimos cuenta de que todos portaban armas. Así que, si había escenas de duelo, se transformaron en tiroteos; si había escuelas de esgrima, se convirtieron en escuelas de tiro”, comentó entonces al medio belga.Luhrmann también subrayó la importancia simbólica de filmar en México durante los años noventa: “México es un país profundamente católico, con iconografía religiosa por todas partes. Todo gira en torno a la idea de que, cuando alguien se casa, lo hace ante los ojos de Dios (…) Hay un contexto religioso que permea el pensamiento, las creencias e incluso la política. Por eso era importante grabar aquí: Verona Beach debía ser un lugar donde nadie pudiera negar la existencia de Dios ni el poder de Jesucristo”.Ciudad de México y Veracruz, la dupla del éxitoEse contexto se filtra en cada plano. A lo largo de la película aparecen microbuses, vochos verdes y paisajes urbanos reconocibles. Al inicio de la cinta, el enfrentamiento entre Teobaldo Capuleto y Benvolio Montesco —primos de Julieta y Romeo, respectivamente— se filmó en Veracruz, donde muchas de las persecuciones se grabaron a lo largo de la costa para permitir al equipo maniobrar con autos pesados.Hay una toma aérea de Verona Beach que enfoca Paseo de la Reforma y el Hotel Sheraton, mientras que el Ángel de la Independencia se transforma, mediante efectos digitales, en un Cristo gigante que funciona como marca visual para dividir la ciudad entre los dos bandos.Después aparecen otros puntos clave: un cameo de la Torre Latinoamericana, una toma de Palacio Nacional y una vista más amplia del Centro Histórico de la Ciudad de México. A esto se suma la aparición estelar del Castillo de Chapultepec, que funge como la residencia de Julieta Capuleto y su familia, aunque la fastuosa fiesta fue grabada en realidad en la Fase 1 de los Estudios Churubusco.Sin embargo, el protagonismo final se lo lleva la Colonia del Valle. Ahí, junto a la Parroquia del Purísimo Corazón de María, ubicada en la calle Gabriel Mancera, mueren dos amantes adolescentes que pasaron toda su vida vestidos de alta costura en un contexto profundamente latino.Cuando el drama salió del guion de Romeo + JulietaAterrizar en México suele ser enfrentarse a una versión de la realidad donde la ficción se queda corta —para bien o para mal—. El rodaje de Romeo + Julieta no fue la excepción. Entre 1995 y 1996, la producción escribió su propio drama fuera de cámara: uno marcado por choques culturales, decisiones límite y una serie de acontecimientos que terminaron por tensar aún más una historia que ya era, de origen, una tragedia.El equipo australiano se enfrentó a un país que apenas conocía, a usos horarios ajenos y a dinámicas de producción que distaban mucho de las que estaban acostumbrados a manejar. A esto se sumó un huracán cerca del Gofo de México y la cereza del pastel… el secuestro del estilista Aldo Signoretti.No encontraban a JulietaAunque Leonardo DiCaprio fue la opción inicial para Romeo, el proceso para elegir a Julieta se prolongó casi un año. Fox consideró a actrices como Sarah Michelle Gellar, Jennifer Love Hewitt, Kate Winslet y Natalie Portman. Esta última rechazó el papel debido a la diferencia de edad con DiCaprio, pues tenía apenas 13 años en ese momento.Claire Danes apareció más tarde en el radar del estudio: tenía 16 años, un aspecto genuinamente adolescente y una química que terminó por definir al personaje frente a un DiCaprio de 21 años.El huracán en VeracruzCuando el rodaje parecía avanzar, el huracán Roxana golpeó la costa del Golfo de México y destruyó el set construido para representar el Bosque de Sicomoros. Aunque algunas escenas pudieron filmarse antes del impacto, la escenografía —que incluso planeaban donar— se perdió por completo.Paradójicamente, la tormenta terminó aportando una crudeza inesperada: en la secuencia de la muerte de Mercucio, el cambio real del clima y las nubes de tormenta intensificaron la carga dramática de la escena.El secuestro de Aldo SignorettiEl episodio más delicado ocurrió hacia el final del rodaje. Tras los contratiempos en Veracruz, el equipo regresó a la Ciudad de México para concluir las últimas escenas cuando Aldo Signoretti, estilista de la película, fue secuestrado y pidieron por su rescate 300 dólares. Aunque nunca se identificó a los responsables, el hecho marcó al equipo. Aunque lejos de que Romeo+Julieta: 1996 es una cinta rescatable de Luhrman,su actitud frente al secuestro ha sido señalada de poco profesional, ya que el rescate lo calificó como “una ganga” y nunca estuvo presente durante uno de los momentos más fuertes de la filmación. El rescate fue pagado y Signoretti fue liberado, aunque resultó lesionado durante el proceso. La decisión de no extender la estancia en México y trasladar de inmediato la producción a San Francisco y posteriormente a Canadá para concluir la edición ha sido, con el paso del tiempo, uno de los momentos más cuestionados del rodaje.Después de esta experiencia, Baz Luhrmann no volvió a filmar en México durante más de dos décadas. Su regreso ocurrió años después con Elvis (2023)y con una carrera consolidada en el cine.Entre huracanes, decisiones límite y un rodaje que parecía desmoronarse, la película terminó encontrando su identidad justo en ese clima de tensión, porque, si el mundo de Verona Beach era violento y profundamente teatral; sus personajes no podían vestirse de otra manera. La tragedia también necesitaba un uniforme.Looks que no sobrevivieron al amor: amar en Prada, morir en DolceEn una historia donde el odio es heredado, el estilo de los integrantes de las familias Montesco y Capuleto debía funcionar como algo más que vestuario: tenía que ser un sello identitario. Si bien la película se la debemos a Baz Luhrmann, el universo visual de Verona Beach —prendas, símbolos y códigos estéticos— es obra de la diseñadora de vestuario australiana Kym Barrett, en colaboración con Catherine Martin, esposa del director.La diferencia entre ambos bandos es evidente desde la primera escena y también marca una brecha generacional. Los Capuleto y Montesco adultos —los padres de Romeo y Julieta— visten con referencias claras a los años sesenta y setenta, evocando los primeros años de Yves Saint Laurent y guiños a la figura de Jackie Kennedy. Los jóvenes, en cambio, rompen con ese pasado y construyen su identidad visual desde otros códigos.En el caso de los Capuleto, el vestuario apuesta por siluetas entalladas, prendas oscuras y una carga ornamental evidente. Las fundas de las pistolas se transforman en accesorios de alta costura, las camisas se llevan fajadas y las hebillas de los cinturones se convierten en un punto focal. El lujo no es discreto: es una declaración de poder.En entrevista con Vogue España, Kym Barrett explicó que el equipo de vestuario trabajó con un presupuesto limitado, pero que gracias a sus contactos logró acceder a prendas que casas como Dolce & Gabbana ya no estaban utilizando.“Nos dejaron intervenirlas: cortar mangas, teñirlas para envejecerlas o ensuciarlas con tierra”, explicó, subrayando que la ropa debía verse vivida, casi maltratada.Los Montesco, por su parte, abandonan lo entallado y lo ceremonial para abrazar un estilo más utilitario. Camisas hawaianas abiertas, pantalones y shorts holgados inspirados en la ropa de trabajo, botas de combate o Converse Chuck Taylor construyen una imagen más relajada, caótica y juvenil. Según Barrett, las camisas hawaianas surgieron como un recurso visual para diferenciar claramente a ambas familias y dotar a los Montesco de una identidad más contemporánea y estadounidense, aunque igualmente atravesada por iconografía religiosa.En entrevista con Nylon, la diseñadora reveló que el look más icónico de Leonardo DiCaprio nació de una camisa hawaiana comprada en una tienda de segunda mano en Miami. Esa prenda se convirtió en el punto de partida para el resto: corazones sangrantes y lirios mortuorios pintados a mano funcionaron como presagio del destino trágico de Romeo.El momento más simbólico del vestuario llegó con el traje de boda, diseñado en su totalidad por Miuccia Prada.En ese entonces, la firma aún era considerada de nicho, y su participación fue celebrada por todo el equipo. Barrett también dejó su huella en el vestido blanco de Julieta, donde buscó imprimir la delicadeza del guion y la fragilidad del personaje.Al finalizar el rodaje, el equipo recibió réplicas del anillo de compromiso de la pareja, y Barrett incluso tuvo un cameo en la película, apareciendo —junto a Catherine Martin— como una de las sirvientas que visten a Lady Capuleto durante la fiesta. Un guiño interno que refuerza la idea de que, en Romeo + Julieta, nada en el vestuario fue accidental.Porque si la ropa definía bandos, edades y destinos, la música terminó de sellar el pulso emocional de una generación. Y en Verona Beach, cada balacera, cada beso y cada tragedia también tuvo su propia canción.Canciones para amar rápido y morir joven En Romeo + Julieta, la música es un personaje emocional que articula cada latido, cada pecado, cada beso y cada tiro. El soundtrack original —lanzado el 29 de octubre de 1996, editado por Capitol Records— es una mezcla audaz de alt‑rock, pop, soul y elementos clásicos que, lejos de ser un collage desordenado, funciona como espejo sonoro del caos juvenil que Baz Luhrmann quiso capturar.Según The Guardian, el álbum resume ese “toque adolescente” que pocas bandas sonoras modernas pueden igualar, señalando temas como el pop sombrío y melancólico de The Cardigans como punto de conexión entre Shakespeare y la juventud contemporánea.El corte que abre la compilación, #1 Crushde Garbage, tuvo tanta resonancia que encabezó la lista Hot Modern Rock Tracks por semanas y fue nominada como mejor canción para una película en los MTV Music Awards de 1997, consolidando ese grunge‑pop obsesivo como sello del tono romántico‑violento del film. En contraste, la balada Kissing You de Des’ree —con apenas piano y cuerdas— se instala como el momento emocional más desnudo del álbum, subrayando la primera vez que Romeo y Julieta se encuentran con una vulnerabilidad que aún hoy resuena en oyentes y críticos por igual.La banda sonora no se queda en lo introspectivo: temas como Talk Show Hostde Radiohead o “Young Hearts Run Free” de Kym Mazelle incorporan texturas más crudas y bailables, ensamblando una narrativa sonora que va del rock introspectivo al soul house festivo.Al cabo, la música de Romeo + Julieta no es solo un fondo: es un molde emocional que acompaña cada escena de una cinta que se ganó el éxito en taquilla y un lugar en el imaginario colectivo.De Verona Beach a la cima: éxito en taquilla y 30 años de legadoCuando Romeo + Julieta llegó a los cines en 1996, pocos apostaban a que un experimento tan audaz —mezclando Shakespeare, estética pop, alt‑rock y moda de alta gama— pudiera conquistar al público. Sin embargo, la película recaudó más de 147 millones de dólares en todo el mundo, superando expectativas y consolidando a Baz Luhrmann como un director capaz de fusionar narrativa clásica con estética contemporánea.Críticos de Variety y The Hollywood Reporter destacaron que, más allá de los números, la cinta capturó un espíritu generacional: adolescentes de todo el mundo se identificaban con la intensidad de Verona Beach, con la pasión desbordante de Romeo y Julieta y la mezcla de violencia, romance y rebeldía juvenil. La banda sonora se convirtió en referente noventero y el vestuario marcó tendencias que aún resuenan.Treinta años después, Romeo + Julieta sigue vigente. Festivales de cine, críticas retrospectivas y plataformas de streaming mantienen viva su audacia visual y sonora, consolidando la película como un clásico moderno. Su combinación de riesgo estético, música memorable y narrativa emocional demuestra que las historias de amor y tragedia, cuando se cuentan con originalidad, pueden perdurar para siempre.El legado de Verona Beach no solo es cinematográfico: ha inspirado a directores, músicos y diseñadores a reinterpretar clásicos. La música, el vestuario y los escenarios logran que la película no solo se vea, sino que se sienta: un recordatorio de que algunas historias no mueren; se reinventan y siguen inspirando a nuevas generaciones.
