Las oportunidades no se esperan, se crean
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Durante décadas hemos adoptado, repetido y creído que la falta de oportunidades es el problema que mantiene a muchas personas marginadas en la pobreza.
Sin embargo, ese relato, que quizá tuvo sentido en otro tiempo, hoy carece de validez en una era donde abundan las herramientas, la información y el acceso al conocimiento.
El verdadero problema no es la falta de oportunidades, sino la falta de iniciativa, disciplina y visión. En la actualidad, todos tenemos la posibilidad de capacitarnos en cualquier área, y a través de esa preparación, crear oportunidades reales de insertarnos en el mercado laboral, ya sea emprendiendo o consiguiendo un empleo formal.
Tenemos la costumbre de culpar al sistema, al gobierno o a las circunstancias, en lugar de asumir responsabilidad sobre nuestro propio destino. Se nos da mejor asignar culpables a nuestras malas decisiones que autoevaluarnos con honestidad sobre las causas de nuestro estancamiento. Vivimos en una era digital donde cualquiera puede aprender gratis, emprender, crear contenido o trabajar de forma remota.
Si bajamos la teoría a nuestra realidad, en República Dominicana existen múltiples vías de formación y capacitación que desmienten la excusa de la falta de oportunidades. El Gobierno ofrece una gran variedad de programas gratuitos y de calidad. Instituciones como el Infotep, que ha expandido sus ofertas por todo el país, se ha convertido en una puerta segura hacia el empleo formal.
También está el programa “Oportunidad 14-24”, las Escuelas Vocacionales, el ITSC y, más recientemente, el Indotel puso a disposición de la población 30 mil plazas para cursos digitales.
A todo esto, se suma la infinidad de conocimientos que cualquier persona puede adquirir por cuenta propia en Internet, un espacio que no sólo sirve para entretenerse o perder el tiempo, sino también para formarse, crear proyectos y mejorar habilidades.
A menos que una persona posea un talento excepcional en el deporte, la música o el entretenimiento digital, la única manera sostenible de salir del círculo vicioso de la pobreza heredada es estudiando, aprendiendo algo que le permita conseguir un trabajo digno y, a partir de ahí, construir una vida con mayor estabilidad y dignidad.
Claro está, no todos parten desde el mismo punto. Hay desigualdades reales y contextos difíciles que no se pueden negar. Pero aun así, cada individuo tiene la capacidad de avanzar si toma la decisión de hacerlo.
El esfuerzo, la disciplina y la disposición para aprender siguen siendo los verdaderos diferenciadores. La mentalidad de víctima limita el progreso. Las oportunidades no se esperan, se crean. Y el verdadero cambio empieza cuando dejamos de buscar culpables y empezamos a construir soluciones.
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