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Ноябрь
2025

Victoria Abril: «¿Tú estás tonto? Cualquier decorado es bueno en Toledo»

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Abc.es 
La primera vez que Victoria Abril estuvo en Toledo corría 1978, «me trajo el cine y fue para rodar la película 'El hombre que supo amar', de Miguel Picazo , con Timothy Dalton, que hacía de cura o algo así y estaba muy guapo». Y cuando ABC le pregunta si puede evocar los lugares en los que grabó, entonces saca a pasear el carisma, puro desparpajo: «¿Tú estás tonto? ¿Cómo me voy a acordar 50 años después? Cualquier decorado es bueno en Toledo ». Majaderías al margen, el caso es que Victoria Abril ha vuelto a la ciudad galardonada por el CiBRA; reconoce, ya más seria, que «nunca he ido a los festivales a recoger los premios porque siempre he creído que los premios son el principio del fin , pero ahora que no tengo nada que demostrar, que llevo algunos trabajos excelentes y eso, que quede en la memoria de la gente, es lo más importante», pues «a nadie le amarga un dulce». Cogió el AVE la famosa actriz y se plantó a orillas del Tajo junto con otros premiados como Claro Lago, Christina Rosenvinge o Alberto Ammann -«hemos venido todos como en una excursión del colegio», dijo Rosenvinge- para, además, participar en una charla matutina en el Círculo de Arte, antigua iglesia de San Vicente, que llevaba por título 'Palabras mayores'. «Perdón, ha sido Renfe», se excusó Clara Lago para justificar el retraso. Y el público devoto que llenaba la sala, que conoce cómo funcionan los trenes en España, lo entendió perfectamente. El que no lo entiende es el ministro. Aunque se divagó sobre lo divino y lo humano y se contaron mil anécdotas, el cine fue la temática principal de una conversación a cuatro bandas moderada por Luis Alegre. «Aparte de ser un entretenimiento, lo que más me gusta es el potencial que tiene de transformar, de educar sin que suene a adoctrinamiento. Es una puerta para hacer llegar los mensajes de otra forma . Y también brinda la oportunidad de ensayar tu propia vida y plantearte cosas a nivel más profundo», afirmó Lago, protagonista de 'Ocho apellidos vascos', la película española más taquillera de la historia. «El cine no es sólo un medio de reflexión, sino que también tiene un valor como archivo importantísimo. Cuando uno quiere recrear cómo se vivía en los años 50 acude a las películas ; es la foto, el retrato de cada época», expuso Rosenvinge. Por su parte, Ammann, Goya al mejor actor revelación con la magnífica 'Celda 211', añadió que «el cine que a mí me gusta es el que moviliza al espectador, que te hace de pensar o te remueve». El argentino, quien de niño vivió en España huyendo de la dictadura de Videla y luego volvió para establecerse de manera definitiva «en la época del boom de la construcción», confesó a su vez estar «fascinado» por la ingeniería toledana , esa mezcla de cristianos y visigodos, pareciéndole «una ciudad muy inspiradora». Mientras, Rosenvinge, de padres daneses y exresidente en Nueva York, presumió de un hijo «mitad toledano», que ha estudiado Arquitectura en la UCLM y «el día 27 se gradúa». El mundo es muy pequeño y el destino debe de estar escrito. Tanto que salvo Lago, que empezó a interpretar con ocho años , ninguno de los premiados ayer en el CiBRA se imaginaba un futuro en la gran pantalla: Abril quería ser Nadie Comaneci, Rosenvinge hacía danza y Ammann se formaba como pianista hasta que vio un cartel que ponía: «Casting». Y abrió la puerta y entró.